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Si otra vez me enamoro, no será de una mujer...


   Si otra vez me enamoro no será de una mujer. Una vez caí en la trampa de uno de esos demonios disfrazados de ángeles y tengo que confesar que fue la tortura más dulce.  Verán, yo me enamoré de noche, respirando aires de venganza en mis pulmones después de una tormentosa pugna de pasiones. Yo me enamoré de noche. Es importante aclararlo, porque las alimañas que salen a la luz del día no son las mismas venenosas criaturas que se ocultan en las sombras de la noche. Las bestias que atosigan la nocturna son más complejas, más bellas, más seductoras...más letales. Son puras y por lo tanto llamativas para los débiles cangrejos del atardecer como yo. Por eso no me sorprende que cayera en sus garras sin mucha dificultad. Era media noche y en uno de los cruces de calles frente a la iglesia de San Lorenzo las luces de los faroles parpadeaban, todas menos una: la que reflejaba su sombra. Una silueta que trazaba en el tibio adoquín curvas peligrosas en donde mi mirada, con asombro, se perdió hasta llegar a la punta de sus pies. Estaba descalza y jugaba con la falda de su holgado vestido mientras se acomodaba para sentarse en la esquina. Yo quise ignorarla, una mujer nunca me había llamado la atención de esa manera antes, no iba a permitir que mis melancólicos pensamientos ahogaran la poca cordura que me quedaba. Sin embargo cuando me disponía a dar media vuelta y pisotear mi humilde existencia hasta mi cama,  su voz me detuvo. ¡Dios qué voz! Parecía un suspiro cuidadosamente diseñado con  el sonido de un dramático violín y una mimosa guitarra. Me preguntó por qué me iba; yo, no pude responderle con palabras. Giré para acercarme a ella y me topé con su alma posada en una mirada azulada que brillaba bañada en una luz de plata. Sonrió y sus mejillas se esponjaron coquetamente; yo, no pude corresponderle con la mía. Se levantó delicadamente y casi flotando se acercó a mi cantando; yo, no pude moverme con la misma gracia. Pasó sus dedos por mi cabello y me susurró al oído mil poemas para después acariciarme el rostro con un millón de cuentos; yo, no pude besarla. Y de pronto me quedé con el corazón abierto haciendo eco con sus latidos en la calle, completamente sola. La bella dama había desaparecido en la obscuridad del firmamento y me había abandonado. Pero yo nunca la olvidé, la busco todas las noches entre las llamas de una vela o la esperanza de un deseo, entre versos y prosas, entre relatos y experiencias. La busco y cada vez que la encuentro brillando redonda entre el mar de estrellas le guiño el ojo para que no se olvide de nuestro secreto. Sí, yo me enamoré de noche. Caí apasionadamente en los pies de la mujer de todos los bohemios, la diosa de todas las musas y ahora me veo castigada en el limbo del arte en búsqueda de sus dulces caricias. Por eso si otra vez me enamoro no será de una mujer...no será de nuevo de mi luna hermosa.

Petición por un árbol

     


      ¿Dónde estás Dios? Que a veces no te encuentro por ninguna parte. En algún rincón has de estar de eso estoy segura. No te pude haber perdido en un bazar, no pudiste haber escapado de mí… ¿Cierto? Será que me siento sola por tu ausencia o por el hecho de que de tus preciosos regalos ya no se sacar provecho. Quizás soy sólo una malcriada más en el mundo, una que, al no conseguir lo que quiere, te pide con corazón abierto y te ruega un cambio en su vida. No dudo que no sea merecedora de tu atención en todo momento, pero el día de hoy enserio necesito encontrarte en este laberinto de callejones sin salida. Quiero pedirte algo en específico que sé que sólo tú me puedes dar: un árbol. Sí, así es, quiero un árbol que venga de tus manos. No importa si es roble o cedro, si da frutos deliciosos o flores coloridas, ni si quiera importa si es alto o enano, si sus ramas crecen parejas o con doblajes extraños. Yo sólo quiero un árbol que crezca con mi cuidado, uno que siendo inmóvil sea el mejor escuchando mis aburridas conversaciones, uno que con sus años me de sabiduría y que con su sombra me cubra en las tormentas más caprichosas. Quiero un árbol en donde pueda colocar un columpio, uno que le agrade a la primavera y que el viento empuje con gracia. Te ruego por un árbol que con sus raíces  bien pegadas al suelo sepa donde pertenece y nunca me abandone. Y si tienes piedad ante mí, Dios, te prometo que a diario subiré la colina más alta, cruzaré los peñascos más resbaladizos y peleare con las tempestades más pendencieras  para ir a regarlo con una sonrisa. Aunque las estaciones pasen y sus colores se reflejen en la melena de mi amigo, yo te doy mi palabra, que aun que es humilde es sincera, de que iré sin prejuicios a sentarme a su lado y consolarle de que el invierno no dura tanto con la compañía de una buena amiga. Todo esto te lo juro de la manera en que tú me lo pidas, sólo si en tu palabra me garantizas que crezca y crezca fuerte con los años y que dentro de su noble naturaleza se encuentre en él más que un árbol…un amigo.

Los Secretos De Mi Familia




La familia es un camino ya transcurrido que convive con alegorías de amor de generación en generación. Pero la mía no. La mía es un espagueti de colores que entre secretos y rencores cuenta su historia. Desde como un pirata llegó a México a enamorarse de una hipnotizante campechana, hasta de como una abuela Lola escondía chocolates perfumados con menta en una caja. Tampoco puede faltar el típico debate entre si somos franco-españoles o un mole entre Escocia, Italia España y Francia. Yo en cambio miro con desigualdad esta pugna clásica que se lleva acabo en lo campos elíseos del comedor. La observo sonriendo picaramente. Yo se algo que ellos no. Tengo un secreto guardado bajo la manga que escondo con discreción cada vez que las discusiones se vuelven más voraces. Y lo peor de todo es que es un secreto tan puro y transparente que para ojos enardecidos se vuelve invisible. Ya que la enigmática incógnita es ni más ni menos que las fábulas que pasan por sus mentes cual brisa otoñal sin dejar rastro del colorido verano.

Son aquellas metáforas de la vida las que a veces entre lo cotidiano pasamos desapercibidas. Metáforas de vida que solo se aprenden tras la muerte.  Y es que yo ya no tengo bisabuelos. Se me han escapado uno tras otro dejándome sola en estas batallas navales. Pero en su partida me han dejado lecciones que me acompañan a diario camuflándose con las huellas que voy dejando en el día a día. Así fue como me di cuenta que aprendí a sonreír con mi bisabuela "Yiyi". Una mujer que compartía conmigo los tímidos hoyuelos en las mejillas cada vez que la ironía de la vida nos sacaba una carcajada. Mientras en mi lado paterno mi bisabuela la "Guapita", apodada así por ser la más guapa de todas, me dijo que el carácter de una dama es lo que la define en este mundo de titanes sin modales.Y por ahí su marido el "Choby" me enseñó a explorar la vida con ojos de niño. Cuando por el lado materno "Chipo" me dio una lección sobre que la fuerza de seguir adelante no se desvanece con los años. Entonces en un conjunto armonioso escribieron un librito que cargo a todos lados en mi alma. Una lista de enseñanzas básicas que inconscientemente me han forjado como persona. Lecciones pasionales de que las bellas princesas se casan con el príncipe de sus sueños, pero sólo se quedan con él si cultivan la paciencia, la tolerancia, la compasión, el cariño y el perdón en su idilio. Consejos sobre ganarse la ida con un trabajo honesto que nos despierte todas las mañanas con una sonrisa agradecida por estar vivos. Advertencias sobre las adversidades de la vida y como al final lo que cuenta es la familia...Ya que son las únicas criaturas que forzosamente se sentarán a tu lado en las cenas de navidad. Y digo "forzosamente" porque no importa que tantos argumentos haya que discutir en la mesa, se tendrá que aguantar también tus berrinches. 

Por eso sonrío en medio de este caos con el que Dios me ha bendecido llamado: Familia. Ya que yo se que la lección más grande que nos han dejado nuestros fantasmas, la traen bie clavada entre sus corazones: Que lo que vale en la vida es el amor que damos y recibimos; y el valor de la vida recae en el hecho de que un día esta tiene que llegar a su fin.

A mi familia, 

J.E

Una Definición Importante

Cálidas luces con frívolos vientos son los que parecen decorar mi memoria con énfasis en la palabra “Familia”. Una palabra tan simple y sin embargo en ella vive un significado tan profundo que parece a veces un colosal laberinto en el corazón. Y entre tantos poemas, cuentos y libros la familia parece incluso un estorbo en los hombros. Pero es en estas fechas que puedo observar con más claridad desde mi balcón que esas sonrisas tan afables, esos bailes ridículos, aquellos halagos inagotables son equivalentes con los chismes rigurosos, las envidias crueles y las discusiones lacerantes en la balanza de la vida. He bailado un rato por el aire que ocioso me guió a la razón escondida en las entrañas de la naturaleza. Y fue ahí en mi viaje donde un lobo me susurró que la familia es legación irrefutable, que hay que cuidarla porque es la huella más profunda en nuestro camino y la única imborrable aun en las más desastrosas tormentas. Por otro lado un pájaro decidió cantarme su sabiduría diciendo que la familia es un maestro ineluctable, un gurú de habilidades que crecen día con día, acompañando desde los primeros pasos hasta las grandes bofetadas de la vida. Finalmente un árbol me ha dicho que para él su significado es como la fe en las estaciones que cambian caprichosas con el tiempo, a veces heladas y apáticas otras veces hermosas y comprensivas, pero siempre orgullosas y repletas una pomposa esperanza de que eventualmente cambiara el frío invierno con el caluroso sol de verano. Ahora, de vuelta a mi balcón, suelto un suspiro relajado y con notable alegría volteó para encontrarme con mi hogar, que no constituye en ninguna virtud material, si no en una bendición encarnada en personas que me aman y que han sido colocadas en mi destino armoniosamente como el fulgor en primavera, pero sobre todo personas que no son perfectas, como yo. Por eso en esta fecha estoy agradecida por todas esas discusiones y enojos como por todas esas risas y bailes juntos. Me he dado cuenta que esas imperfecciones que nos hacen enfrentarnos de vez en cuando son vitales para el aprendizaje de todos en nuestro camino por la vida, porque no importa que tan crueles sean los gritos o que tan adorables sean las sonrisas, estoy agradecida por igual…ya que en conjunto significa que los tengo a mi lado y que en estas fechas puedo decirles que sin ustedes ningún color sería tan brillante, ningún festín tan delicioso y ningún momento tan memorable. Feliz navidad.

Analogía De Una Burbuja

 

 

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Con el pasar de los años y las mil y un analogías sobre la vida y el amor que he llegado a comprender, ahora puedo decir que la desordenada efímera vida…se parece mucho a mi tina. Claro que es parecida, únicamente similar por supuesto, porque al fin y al cabo los problemas que se mezclan en el agua no son ni un torbellino de estrés en el mundo en el que me muevo. Pero a lo que me refiero es que he llegado a envidiar el mundo de mi baño; tan sólo con ver las burbujas el rostro se me torna verde de los celos que les tengo a esas gordas pompas de jabón. Y es que ellas siempre me provocan a reventarlas, pues me presumen con gracia lo libres que son, la delicadeza que las forma y la belleza que las rodea. Incluso en el escenario más dramático ellas sólo vuelan y si el destino las toca, sólo se revientan. Desaparecen en un parpadeo como si un fantasma fugaz se las robará en un acto egoísta. ¡Vaya como las envidio! Siempre tan calmadas en la tempestad y tan decididas a volar con sensatez. Quizá de mis celos existe una pizca de empatía pues entre sus sueños, al igual que yo, son víctimas de la ironía y las mentiras del destino. Su delicadeza se iguala con la de mi espíritu, que manejado por las emociones, con el simple roce de un amor falso, se rompe en una silenciosa pero letal explosión. El melodioso movimiento que hacen al volar se puede comparar con el subir y bajar de los caminos de la vida, de los cuales a falta de aire suelen ocasionar una fea caída. Así como ellas son susceptibles a los pinchazos que las desinflen, yo soy vulnerable a las agujas del desamor y el odio que mezclados con la agonía de los corazones rotos me matan de igual manera pero sin tanta prisa. Finalmente mi mayor envidia siempre será el resultado de la característica que más compartimos, pues me identifico con su resbalosa existencia ya que entre sus colores recónditos yace un alma igual de colorida que el mundo que las rodea. Aquellos fantasmas de colores que resbalan en lindos espirales en sus paredes enjabonadas son como el alma misma que me envuelve y guía, que a pesar de sólo verse a contra luz, sigue ahí formando las paredes de lo que soy…tan sólo un personaje de una autobiografía, tan sólo un punto final de un poema de amor, tan sólo un sinónimo de libertad...tan sólo un alma que quiere volar.

Quizá encuentres un tema para escribir…

    

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              Después de haberme servido una buena cantidad de champagne en mi copa y ver como el delicado tornado de burbujas giraba justo en medio de ella, me dirigí directo a mi habitación. “¿No vendrás a ver la película? quizá encuentres un tema para escribir…” escuché a mi padre decir cuando me vio marcharme. Yo sólo volteé y le sonreí, fue una sonrisa sincera, una llena de felicidad, repleta de dicha y sin remordimiento. Me reía en secreto de la ironía del suceso y ojalá mi padre hubiera entendido en ese momento que tan sólo unos instantes antes de que mi copa se llenará, yo ya había encontrado el mejor tema para un ensayo…hablaría de mí.

     Creo que la persona promedio camina por la vida en una burbuja rutinaria entre el trabajo y la cama, únicamente sobrevive, tan sólo existe como pigmento de una obra de arte preguntándose ¿Quién soy? ¿A dónde voy? y nadie escapa de esas incógnitas eternas. Pero incluso en esta vida llena de problemas, apatía y crueldad, existe un instante, tan fugaz como la brisa de otoño que recurre mi balcón ahora mismo, que responde y duerme toda preocupación que la mente pueda provocar. Uno de esos momentos me sucedió tras haber encontrado entre un montón de papeles un tesoro más valioso que el oro, más brilloso que cualquier joya, un tesoro inigualable…me encontré escondida. Así es, estaba yo dormida en un pequeño folder acobijada por una tarea de cuando iba yo en primaria. La tomé con mis manos y leí el trabajo “Traer información de 3 animales que después de nacer no necesitan ayuda de la madre” decía mal escrito y con letra regordeta. Sin embargo el reflejo de la luz me señaló que detrás de la hoja había algo más escrito “Creo en vivir en el sentido más profundo. Creo en amar y en en corregir mis errores ya que hay tiempo para los dos . Pero soy devota a la paz de provocar una sonrisa a alguien más” decía en la misma letra gorda y con la misma pésima ortografía. La frase no sólo explicaba el por qué reprobaba ciencias desde chica, si no que también explicaba todo con nada. Es decir, la frase que parecía pérdida en el tiempo por apuntes infames, buscó entre mi ser para estrellarse con un espejo roto que reparó con una verdad irrefutable de una fe olvidada. Pero yo sólo sonreí y deje el papel a un lado para buscar en aquel folder más de la medicina de la enfermedad de la rutina. Viaje entre mapas y envolturas de chocolate a Venecia, encontré Madrid con una moneda de 1378, jugué a las escondidas con las pulseras de las viejas amigas, canté con mi boleto al fantasma de la ópera, di piruetas por toda la habitación con mi pase al circo, me subí a las mejores atracciones con Mickey Mouse y finalmente en tinta borrosa y papel maltratado me tope con mi primera novela. La había escrito en el 2005 con una maquina de escribir que me habían regalado esa misma navidad, observé los tachones con pluma de cuando la muñeca se cansaba y presionaba la tecla equivocada, me enfadé con sus villanos y ame sus héroes como antes para volverme a enamorar de la vida. Después sentada entre las alas de mi avioneta fantástica empecé a guardar una por una las memorias de un pasado de aventuras, no las guardé porque quería esconderlas del mundo,  si no que las acobije en gavetas para armar de nuevo en cualquier noche fría aquel avión de sueños que me guiará al país que con mis pasos he creado. Y si en algún momento por jugarretas de la vida llegará yo a perder mis postales de Paris o mis llaveros de Padua, Dios sabe que no dejaré que el viento acaricie lágrimas de mis mejillas, pues las cartas de navidad y los borradores de mi trabajo no son clave de mi pasado, son mas bien pruebas de la obra de arte que han dejado en mi alma y el verdadero tesoro de mis memorias es su producto creciente en mi vida. Y es que aquellas joyas de plástico y esas fotos mal tomadas son detallitos que en la rutina se nos pasan, pero en el alma son los que llenan las grietas vacías que sangran de vez en cuando.

Dedicado a mi papá…

Besos En Gavetas

 

Rosas Rotas

 

       He llenado los cajones de los recuerdos con besos esperando que su cariño sustituyera el vacío en ellos. Metí en gavetas caricias que rompen el silencio con suspiros de romance. Atiborré mis bolsillos de melancolías de un pasado lóbrego y finalmente cubrí con mentiras a mi corazón desalmado. Y ahora sin espacio en donde meter las emociones más sencillas como las que suelen causar un regocijo inesperado, recaigo en el conformismo de una vida vacía. Pero entre tanto desastre y tanta tristeza, hubo aun un rincón lo suficientemente grande para acoger a la esperanza y la duda que reviven lentamente en mi una curiosidad salvaje que se alimenta de la aventura. Adrenalina de pasiones que recorre mis venas hambrientas por piezas para el rompecabezas incompleto en mi corazón. Y esa dosis por más pequeña que sea me ha levantado la cabeza, me ha hecho dejar los guiños guardados en frascos y romper los tabús en el tocador para poder mirar el alma de quienes valen la pena. Ahora las lágrimas que solían colgar en la habitación parecen romperse con dudas fisgonas y una actitud nueva de disfrutar del amor y sacar los besos de las gavetas.

Luna De Plata

 

Dicen que es verdad, que andas regalando lágrimas a la noche y que los lobos ya no te aúllan porque haz decidido cambiar de luz, que dicen que has cambiado el color de tu pelo y que el negro del pergamino ahora se mezcla con el abismo. Es un rato de amargura el que ahora iluminas reflejándote en los ríos y tus pasos parecen sólo traer maldiciones. Luna de plata, mi luna de plata, ¿Por qué me pones en los hombros el peso del universo? ¿Es acaso que te has cansado de sostener con tu dulce fulgor los suspiros de los amantes? Y ahora te asomas en mi ventana con aquella mirada de idilio roto rogando que haga caso a mi corazón cuando tú no tienes uno. Yo pensaba en ti todo el tiempo, en cómo escondías en los luceros los secretos más profundos y los deseos más caprichosos, llegué a presumir tu habilidad para ocultar de los demás el placer que sentías al escuchar la sonata nocturna que el viento te regalaba, incluso insistí en llamarte la madre de los poetas al inspirar cientos de versos con tu amable compañía. Pero ahora tú me has traicionado justo cuando por fin le había guiñado el ojo a la cordura, cuando me había dedicado a vivir sin tus lágrimas vienes y me lloras. Pides que te escriba unas rimas, ruegas que baile con tus pasiones, que me deje llevar por las sonrisas, que me escurra en las manos del amor, que me acobije en fantasías que sólo viven en mi inocencia y que deje atrás el pasado para confiar en un presente. ¿Cómo te atreves luna? Me estas delatando con cada sonrisa, con cada sonrojo y con cada caricia. Pero luna de plata …¿Qué pretendes con seducirme a hundirme en cariño sin futuro? ¿Por qué me traicionas mi luna de plata? Yo que confiaba en ti y me relajaba en tu abrigo de sombras contándote cuentos con la condición de proteger mi alma y su corazón tan roto, pero no vuelvo a mirarte mi traviesa luna, no vuelvo a dejarme caer en los mimos, no vuelvo a confiar en las promesas sin porvenir, no vuelvo a mirar a los ojos a nadie porque no quiero volver a dedicarte aquellos versos de agonía que una vez por confiarme el destino me obligó a relatarte. No, mi luna de plata…nunca más.

La prima ballerina

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El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.

Lo que no se perdona




¿Tienen miedo a la muerte? ¿Si hoy murieran, qué estarían dispuestos a dar por un instante más de vida, qué otorgarían por un corazón imperecedero? Bueno, si la fobia al eterno sueño los atormenta quizá coincidan con Bluma, hija del carpintero Ancel Achen. Los Achen eran una familia pequeña de artesanos que se enfocaban en la orfebrería alemana con madera. Su humilde cabaña parecía ser reina de la colina colocada justo antes de que el bosque comenzara en las afueras del pueblo y hasta el tope del alcor donde el más gélido viento acariciaba los pastizales anunciando un destino sombrío. La tragedia comenzó en cuanto la peste asoló la aldea y llevó fútil el alma de la madre de Bluma. Siendo ella una jovencita de 18 años y su padre un hombre maduro de 54, tuvo que adjudicarse el titulo de ama de casa y proteger a su padre. Sin embargo la enfermedad pronto consumió a la joven por igual y en una noche sin luceros la muerte toco su puerta. Una bestia esquelética que jorobada medía 3 metros como mínimo y su caminar hacia un sonido marchito con el golpetear de sus deformes articulaciones entró a la choza con el único propósito de cobrar la deuda con la que todos nacemos. Pero Bluma no podía sostener su fallecimiento tan fácilmente pues de ella dependía la salud y el bienestar de su padre, así que suplicó a aquel ángel mortuorio que la dejará vivir. Después de muchas apelaciones, la muerte se inclinó hacia la joven y le tomo el rostro diciéndole que le propondría un trato. Si no iba a morir tendría que vivir con un propósito único que le mantuviera el cuerpo funcionando, y ese seria ser la artesana de la muerte. Verán, se dice por ahí que este esqueleto andante a falta de ojos pues era ciego ya que realmente no necesitaba ver para juzgar el destino que todos los mortales tienen, sin embargo se le dificultaba saber quién era el desafortunado sin poder reconocer su rostro por lo tanto le pidió a Bluma una tarea que la atormentaría para siempre a cambio de mantenerla viva. Ella debía de observar a la persona destinada a morir y construir un muñeco de madera con sus facciones y dárselo a la muerte para que con el tacto pudiese saber con más precisión a quién debía de visitar. El amor por su padre y el miedo al deceso la obligó a aceptar el contrato sin reflexionar que el vivir puede ser un castigo con el tiempo. Así fue como Bluma vivió y se regocijo de poder respirar y seguir en este mundo día con día. Pero todos nacemos y morimos, es una ley de la cual Bluma no podía seguir reclamando y tuvo que aceptar al cabo de unos meses el fallecimiento de su padre, quien había sucumbido a la misma dolencia que una vez agobio a su hija. Sin nadie más a quien cuidar, la joven se acostumbró a la soledad en la cabaña y reconoció su lúgubre trabajo que prometió cumplir por toda la eternidad. Las estaciones dieron la vuelta por el bosque muchas veces y Bluma siguió igual, ni una arruga, ni una cana, ni un solo dolor en la espalda, seguía siendo la misma joven pálida de cabellos anaranjados. Pero ahora tenía algo diferente, su mirada cristalina se veía apagada, sus pasos silenciosos causaban ecos que murmuraban un temblor en el cuello de quien la viera y su dulce choza ahora parecía una casa fúnebre. Los muñecos de madera de dulces rostros, alegres sonrisas y bellos ajuares yacían en repisas que llenaban más de una pared en la morada. A veces por las tardes si uno prestaba atención podía observar a la joven que tranquila esculpía con una pequeña pala las preciosas figuras. Ella las envidiaba, envidiaba sus sonrisas, sus finos vestidos y trajes, el amor que sentían, las fiestas a las que acudían o en otras palabras… su libertad. Bluma dejó de salir, se volvío en la bruja de las leyendas de los niños del pueblo y en los rumores fantasmagóricos de los adultos para asustar y prevenir a aquel que se atreviera a romper las reglas. A ella no le importó, se hizo la sorda y se escondía en su choza meciéndose en una vieja silla todas las noches hasta que ese frío y rechinante sonido del movimiento de vertebras puntiagudas tambaleándose para mezclarse con el sonído de las tormentas resonaba en su puerta. Asi era la rutina eterna de Bluma Achen, hasta que una mañana, los chismes y los mitos llegarón a su fin con la reaparición de la joven en el pueblo. Todos la vimos pasar, fuimos testigos de su juventud y de su triste mirada al comprar pinturas de cálidos colores en el mercado. Su silueta se perdió en el camino hacia la colina y solo se volvió a trazar con el reflejo de la luz de una vela que retrataba a la muchacha en su mesa de trabajo elaborando otra de sus figuras. Toda la noche se la pasó escarbando la madera y pintando detalle por detalle la figura de una mujer. Por la madrugada cuando la enorme y grotesca bestia la visito, Bluma le entregó sonriente su figura, su obra maestra y apretó la escuálida mano del angel para que no la dejara caer…

La mañana siguiente me apresuré a hacer mi trabajo de dejarle las botellas de la leche fresca en su portal, me sentí confiado en tocar la puerta esperando que ella la abriera y pudiese verla con su mirada perdida y sus cabellos anaranjados, únicamente para confirmar que no fue una alucinación masiva la que había experimentado el día anterior. Sin embargo nadie respondió, me asomé por la ventana y entre las millones de figuritas yacía el cuerpo de la joven que sonriente sostenía una figura de una mujer pálida de labios rojos con un vestido azul que resaltaba su brillante mirada y lucía con distinción una larga cabellera anaranjada…era sin duda Bluma Achen.

En fin, curioso relato este ¿no?, el amor y el miedo de una joven en manos de un vendaval del destino sólo pudo ser solucionado con vivir en lo que se convirtió en la tortura eterna de un corazón que latía sin razón y solamente trajo paz hasta el cesar de su palpitación. Y que aun lechero humilde dejo de moraleja que si vivir es levantarse y andar por andar, prefiero la muerte; y si la muerte es el destino astral que nos aguarda a todos, más vale sonreír un poco cada mañana para no arrepentirse como la hija del carpintero que no dominó la muerte, ni percibió el vivir.

Mulata

 

El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!

La Catrina y Los Trenes

 

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Todavía recuerdo con exactitud aquel 31 de diciembre en que impaciente me apresuré a la estación para tomar el primer tren por la mañana. Para mi sorpresa mi tren aun no llegaba y buscando lugar donde esperar me encontré a la Catrina sentada en un banco de pino verde justo al frente de los rieles de la puerta 7. Seguramente esperaba a alguien, buscaba algo o quizás su tren también venía tarde, de todas maneras inocentemente le serví de compañía sentándome a su lado. No le había dirigido la palabra y su huesudo rostro mostraba ya una sonrisa débil. Chasqueando los dedos adivinó sin pensar demasiado que mi tren no había llegado aun, pues seguramente nadie se ofrecía de acompañante para una dama como ella sin una excusa célebre.

- No te preocupes joven, aquí los trenes siempre llegan. Apenas tocan la estación y se van tan rápido como pueden, no muchos logran subir incluso con el boleto comprado. Corren y saltan, tiran ajuares pesados y pertenencias extravagantes con tal de poder alcanzar algún vagón del tren, como si una vez adentro ya tuvieran por seguro que este llegará a la siguiente estación.- mencionó imitando con sus largos dedos el correr y desesperación de la gente.

- ¿Pero cómo, acaso el tren no tiene obligaciones? Reglas de llegar al lugar prometido y esperar a quienes ya tienen su lugar ahí dentro- repliqué.

- No precisamente, se ve que no sabes mucho de estas maquinas. Yo que he quitado el dolor y ansiedad de mucha gente, puedo decirte que entre las penas más comunes de todas las almas el éxito se confunde mucho con la seguridad. Es decir, la gente ha olvidado que las posibilidades existen en todas las vías, que hay trenes que prometen todo y hay trenes que prometen nada, sin embargo ser dueño de un boleto no significa ser dueño del viaje y su destino. ¿Entiendes?

- ¿Quiere decir qué…yo no llegaré a la estación que deseo?

- No exactamente. Lo que quiero decir es que aquel papel que tienes no es recibo del destino. Hay suertudos que llegan a lugares grandes, lejos, justo los que querían mientras otros se llevan sorpresas y terminan en un lugar inesperado, eso es lo genial de este medio de transporte…uno nunca sabe. Pareciese que todos esos boletos son solo más que juguetes para tranquilizar a los viajeros de la aventura que es subirse ahí. Hubo una vez en que yo podía subir, veras no siempre fui un saco de huesos para cobrar deudas con las que nacemos, una vez yo pude subir a un tren de estos. Curiosamente en esta misma puerta, los vagones de primera clase con el mejor servicio y una tranquila comodidad. Casi todos los viajes son muy largos y la gente ahí crea su mundo, trabajan, hablan, comen, rezan, bailan, etc. En pocas palabras viven esperando a que el tren llegue y si pasa mucho tiempo el destino vale muy poco, solo quieren que exista uno al final del día. Quienes aprovechan el encierro en la maquinaria encuentran compañía que tal vez decida bajarse junto a ellos y otros se topan con quienes prefieren alejarse, pero no importa la situación el tren sigue andando y perdiéndose en los paisajes. Yo cuando subí pensé que por estar en primera clase tendría la mejor vista de todas, después me di cuenta que no importaba el vagón en el tren, todos teníamos el mismo panorama. En conclusión te voy a dar un consejo muchacho, no te la pases pensando en la dirección de las vías del tren todo el momento, todos los trenes llevan a algún lado y poco podemos controlar de su velocidad y sus carriles, porque el día que bajes a la estación y te topes conmigo más vale que no quepa arrepentimiento en las valijas que llevas en tu alma. Y ahora que el silbato suena a lo lejos, me despido de ti y suerte te deseo en tu viaje para que en el danzón que te garantiza tu boleto encuentres algo más que solo una estación para alcanzar.

Las Hebras de mi Bufanda

 

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       Suaves y coloridas se abrazan las hebras de mi estambre para formar una bufanda. Parecen contar una historia cada vez que con mis dedos las empujo hacia abajo enfilándolas con las otras.  Sí, seguro están relatando algo, se percibe en el aire cada murmuro que sueltan. La amarilla entre sus hilos lleva la esperanza de una mirada sollozante. Le sigue la violeta que con su hilaza curiosea en lo más profundo del corazón en busca  de aprobación. La roja  se deja llevar por los sueños y parece romperse cada vez que un silencio amenaza la habitación. Luego va la marrón, que brinca de alegría para dar promesa a las otras. Sin embargo todas colaboran, se dejan dar vueltas, empujones, pellizcos y apretadas para un mismo propósito. El deseo de ser tuyas y que enlazadas puedan brindarte lo más cercano a una caricia mía, que con su calor simulen lo más parecido posible a la calidez que le regalas a mi alma, que con la historia de amor que llevan en sus fibras logren evitar cualquier estorbo en tu sonrisa. Ojalá y ellas sean las que calmen tu codicioso afán de dejarte llevar por los hilos más obscuros para hacerte ver que ser libre es un beneficio que muchas veces se confunde con egoísmo. Quizás y sean de magia china para encantar con un hechizo de buena suerte aquel camino tan rocoso en el te has metido. Tal vez por pura casualidad los besos ocultos en ellas te recuerden a mí cada invierno en que necesites compañía. Pero ambos sabemos que ni las hebras más finas podrán convencerte de dar con conciencia y sin solicitud a un corazón que da todo y nada recibe. Jamás podrán ser tan perfectas como para enmudecer las palabras que hieren y resuenan en mi alma. Nunca serán tan lindas para asegurarme que soy más y valgo la espera. Pues por más cariño, dedicación y tiempo que les ponga, no se podrán igualar al verdadero amor y apreció que te tengo. Pero yo espero que sean lo suficiente para que las cuides  y puedan decir sin palabras lo agradable que es tener tu voz y verte todas las noches en mis sueños.

¡Feliz Navidad!, mis mejores deseos a todos.

                                                                                     J.E

No vemos la misma luna

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Me pregunto cómo serán las noches por allá, ¿Será cierto que la misma luna ilumina los sueños de todos?, tal vez tú también te sientas solo y tal vez la gente también baile con muy buena compañía. Le preguntaré a las estrellas si alguna de ellas ha recibido un deseo soñador tuyo, uno de esos que suspiro de vez en cuando con los ojos cerrados cuando te paseas en mis pensamientos. Acaso tú también piensas en mí cuando alguna luz invernal con su cálido color trae alguna ilusión que hace que baile en tu imaginación por un rato, me pregunto si en aquel mundo utópico bailaras conmigo o te limitaras a dejarme brincar por cada rincón de tu cerebro evitándote un raciocinio justo. Y la pregunta de oro se pierda en el amanecer ¿Cómo es que puedes extrañar algo que nunca ha estado? ¿Quién ha hecho la travesura de poner amor a lo que se siente sin tocar, a confiar sin saber, a saber sin ver y a ver sin los ojos? Ni idea. Pero ambos sabemos que el amor no tiene razón, ni tiene reglas y quizá ni nos tiene a nosotros o más bien…no tiene nada preparado para ambos. Esas cosas se arreglan con comprar tiempo, con paciencia pero más que nada con sueños. Mediocre es el que sueña y en el laurel de la ilusión se queda, feliz es el que pelea por aquellas caricias que se esfuman cuando las velas se apagan. ¿Pelearas por mi? ¿Lucharas para que el invierno nunca vuelva a ser frio y el verano nunca vuelva a pasar desapercibido? O te irás por debajo de la mesa junto con todo lo que soy yo. Te amo y no espero que me lo repitas, espero que quieras decirlo y tengas esa frustración de explotar sin comunicarle al manto estelar tus anhelos. No necesito escucharlo, el vacio se ha acostumbrado al molde de mi cuerpo pero escucharlo alguna vez sería un placer indescriptible, pero únicamente si sale del alma y si prometes con eso que no me dejaras otra primavera sola nunca y no dejaras que mis lagrimas se las lleve el viento otoñal jamás. Pero aquí lo que importa es que tan grande puede ser la importancia de la distancia y del egocentrismo para romper barreras tan delicadas y tan difíciles de encontrar. Si vamos a hablar de barreras, tendríamos que tomar en cuenta la fuerza sobre comunal que tienes sobre cualquiera en romper toda pared de hielo que cubría lo que era yo para llegar a lo que realmente escondo y plantar un poco de luz al sombrío corazón roto. Por eso y más no hay escalón tan grande como para alejarme tanto de las dulces sinfonías de la noche que me recuerdan cada segundo que siempre estás aquí.

Atardecer

 

101_3429Si alguna vez estas triste, si alguna vez te sientes solo, si alguna vez quieres salir de aquella jaula que te aprisiona sin querer, observa el atardecer. Enserio, te lo juro, observalo un rato, analiza los colores del alba que son el aura de nuestro planeta. Juega con los tonos azulados, violetas y amarillos que el cielo te regala para asi poder entender que lo que la vida otorga lo da por que es de ella. Explora hasta encontrar una rama que será tu pincel de emociones, guíñale al tiempo y traza los edificios que señalan la tierra que te pertenece. La vergüenza no existe cuando el sol se despide, ponte a bailar con el cantar de las aves y los violines rechinantes de los saltamontes para que el viento te murmure lo delicada que es la vida y lo simple que es su felicidad. Pretende no tener edad y diviértete con la niñez inesperada que brinca entre las rocas y se refleja en tu mirada. Pues yo nunca me senté en un atardecer a memorizar los colores, hablar con los secretos y soñar despierta hasta el día de hoy en que por fin me di cuenta que si hay algo que rompe distancias son los astros, pues si vemos los mismos, vale la pena esperar para dar la carta al sol y recibir el recado con la luna.

Matando el silencio.

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Ella camina sin rumbo taconeando la vida. El silencio es tan claro que cuenta sus pasos y al llegar a los 20 se pierde su cuenta en el silencio. Aquel silencio que intenta matar a diario, aquel silencio que le hace soñar para ser feliz. Pero a la soñadora le han robado los sueños, le han dejado vacía el alma y ahora intenta bailar. Pero parece que en todo esta él, aquel culpable de su agonía, ¿Lo recuerdas? ese invierno que dejo de ser frio por la calidez de un amante. Un hombre que la sedujo sin querer tener nada, y ella que cayo sin tener quien la atrapara. El tiempo pasó, más rápido que ahora, y en ella creció lo que antes no estaba y en él empezó el fin de la dama. Se dice que para matar se necesita un arma que desgarre el musculo y penetre algún órgano hasta desangrar la esperanza, pero para matarla a ella solo era una palabra. Y escrito en la pared, el destino le advirtió al joven que la lengua es poderosa pues lo que se dice no se borra. Pero no sirvió de nada pues lo dicho, dicho esta, le dijo a ella que no era nada. Y la mujer que había dado lo que todos le habían quitado ahora observaba como gotas de rubí se escurrían en el suelo gritando que su corazón había muerto. Y las piezas de cristal del delicado cariño que tenía por él, se esfumaban con el viento ante la angustia de sus ojos. Ahora en su soledad le ruega al calor de las velas que estas quemen los segundos para que el día se vaya y la noche dure poco, implora al taconear de su calzado que con sus pasos puedan matar el silencio que la estrangula, suplica al viento que se lleve sus sueños y reza a la luna que le extirpe del pecho este constante dolor que crea charcos en sus ojos. Pero si pudiésemos conseguir lo que queremos con tan solo pedirlo, la vida seria rosa, y en cambio aquí se aceptan las torturas de que amar es como plantar una rosa y que cuando se pudre solo quedan sus espinas. Sin embargo uno intenta pegar los pétalos para que florezca, pero si uno lo hace, únicamente termina desgarrándose la piel una y otra vez y las heridas se hacen más profundas. Y se acepta la tortura de la decisión de esperar a plantar otra semilla para que se pudra o mandar al infierno todo jardín de edén que los cuentos prometen. Por eso la soñadora solo sueña, por que le mataron los sueños, sueña por que en los libros solo encuentra mentiras y en su eterno amor por su asesino encuentra paz. Así seguirá hablando con la soledad, matando el silencio con su caminar y soñando por aquel invierno que dejo de ser frió por el calor de su amante.

La cajita dorada

 

Alguna vez en este mundo hubo una noche de pena. Una noche que la gente guarda en sus suspiros y olvida en las canciones de cuna, una noche donde solamente se dieron lamentos y lagrimas, la noche en que todo mundo se odio y el amor se perdió. De pronto nace de un milagro, la caja dorada, un descubrimiento en lo más profundo de todos los bosques, una especie de caja pequeña únicamente para albergar a una persona por el tiempo que esta quisiera utilizarla como hogar. Si lo pensamos críticamente, podríamos decir que este cofre es una estupidez, pues quien entra ahí se pierde de los cantos de las aves todas las mañanas, se olvida de los colores del atardecer y pierde todo contacto con lo que alguna vez conoció. Sin embargo, la vida no es para verla con lógica si no para verla con los ojos de quien la tiene, solo así podremos observar que la caja es nada más que el utensilio más eficaz para resguardar un corazón del vendaval del destino. Pero que quede en claro que este ataúd de corazones no es un castigo, ni encierra a nadie. Es decir, quien decide usarla es bienvenido dentro y puede salir cuando este guste. Por supuesto no hay que olvidar que a la vida le encantan los trucos y las vueltas, por lo tanto a creado esta caja dorada con algún polvo invisible que se mete por los intestinos y se entierra muy dentro del cerebro volviendo el escondite una adicción para el ermitaño. ¡Se los aseguro! es toda una droga esta cajita con sus doradas paredes, uno se va acostumbrando a su olor, a la escasez de espacio, al poco brillo que se filtra por sus esquinas, uno se va acostumbrando a olvidar. Porque el olvido es la más dolorosa y segadora medicina para no matar al corazón con las memorias y los accidentes de un pasado lóbrego  y sin salida. Y déjenme decirles que hace calor una vez dentro, un calor de mil infiernos que te hace sudar amargura, hasta uno la saborea una vez que lleva tiempo ahí metido, la saborea por las miradas de quien se asoma por curiosidad. Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo. Pero no, ese no es el problema, una vez que llevas conociendo esta madriguera se va haciendo uno espacio, un hoyo profundo hacia abajo, si quiera para estirar las piernas, hasta llegar a un momento en donde el pánico se apodera de tu frívola existencia y de una vez por todas Dios te ilumina los sesos con la idea de “quiero salir”. ¡BAH! tontos, volteas de lado en lado y te das cuenta que cavaste tu propia entrada al inframundo y ya no ves la luz con facilidad. Ahí es donde nos encontramos, mi querido lector, o mas bien donde estoy yo. ¡Apresúrate, con más prisa, arrójame una soga! ayúdame a salir, pero no veas mi corazón en el alba pues de tanto frío el será el único que no podrá salir.

Sinónimos

 

 

Podría ser que un diccionario tenga la solución a mi carencia de lengua cuando me cuestionas “¿Qué sientes?”  Sera que entre sus letras habrá un sinónimo para “extrañar” cuando te esfumas del alba a la noche. Acaso habrá algo mejor para describir el “sufrir” que es pensar día a día si las palabras que te regalo son correspondidas. Podría ser que entre tantas definiciones exista algo más explícito que “feliz” para detallar lo que me infecta el alma cada vez que decides robarte mi sueño a media noche. Se encontrará en aquel libro tan gordo algún adjetivo que pueda calificarte mejor que “perfecto” para mí. Estoy segura que habrá una palabra más que “tímida” que logre excusarme de la tarea en decirte todo esto. Y aun que yo se que existe algo mayor que “bonito” para el corazón de las mujeres, no encontraras mejor palabra que “muerto” para explicar mi corazón el invierno pasado. Ni una más especifica que “vida” para profundizar lo que tu me has dado. Pero por más que busco menos encuentro en aquella enciclopedia algo para mi humilde vocabulario al amor más que un simple “te amo” que bien son 2 palabras y 5 letras que podrían no valer nada, sin embargo en ellas se esconde un cariño que te añora y sueña encontrar una palabra para que no me olvides.

Eros

 

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Hoy me voy a levantar despacito, abriré de poco en poco los ojos para que la vista no me vaya a engañar con un espejismo en la cama. Voy a jugar a ser el mar y envolverte con mis brazos. Tendré la excusa de doctora preocupada por el estado de tu corazón  para poder inclinarme a escuchar sus latidos,  pues me pregunto si seguirán el ritmo de alguna canción mía. Tal vez por hoy, que el  tiempo se detuvo, el sol jugará a ser Renoir y con sus tenues rayos pintarnos bien juntitos. Me voy a dar la tarea de examinarte con la mirada y recorrer con los ojos cada línea que forma tu rostro para poder seducir a mis manos para posarse en tus mejillas y reírme a solas de que no seas una viva ilusión que soñé anoche. Sin embargo, en medio de la ironía te mueves un poco y murmuras algo que solo tu y algún otro turista del país de los sueños podría entender. Ahora espero me perdones el crimen de asesinar tu sueño con un pequeño beso matutino que quizá te haga despertarte despacito y abrir los ojos de poco a poco solo para ver que el tiempo se ha detenido y aquí estoy yo a tu lado.

El silencio hace ruido

 

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El sol del domingo se las ha arreglado para agrietar mis parpados poco a poco hasta despertarme. Los silbidos de los pájaros parecen decir que si no me levanto rápido el día se me va a ir volando como ellos. La rutina de estirarse mirarse al espejo y convencerse que esto de parecer medio muerto únicamente es momentáneo es cosa que hago en automático, pues mover las piernas sólo por tenerlas no significa estar despierta. A mitad de mi té matutino repasó mi agenda imaginaria mientras recorro con mi mano derecha la curiosa taza. Cuando el calor abraza mi palma se me viene a la mente “Hoy tengo que ir a la librería” o más bien santuario de aventuras que no viviré y personas que nunca seré. Después, en la ducha, me doy cuenta que mi cabello a crecido mucho desde la navidad pasada, antes tocaba mis hombres y ahora llega a cubrir mi pecho, por lo tanto es muy travieso, queriendo aferrarse a mis orejas se forma de nudos que me gusta primero localizar con los dedos y luego asesinarlos con el cepillo. El vestirse es otro cuento, la ropa mal doblada pero muy bien organizada dormita en los cajones esperando nadie la encuentre, pero hoy es domingo y ninguna vestimenta en las gavetas es la que me pondré, hoy será un vestido. Los vestidos que son como sombras colgadas en mi armario, esperan el fin de semana para adueñarse de mi cuerpo y el suertudo será el azul marino. Muy cómodo, sin botones y con un moño en la cintura se convierte en lo último que me faltaba para salir. Me aventuro a llegar a la plaza y decido perderme entre los miles pasillos de libros. parecen ser emparedados de letras, muy ajustados, muy nuevos ¿Quién regalaría algo así? Después de pasear mis ojos por toda la tienda, me tropiezo con una mesita de escritorio que parece ser el contador y ahí una señorita uniformada solicita ayudarme y yo con la boca seca le respondo “La Mecánica del Corazón por Mathiaz Malzieu por favor”, sólo necesitó una coreografía por el teclado de su computador para encontrar la ubicación exacta del libro que buscaba. La mujer, sin mucha expresión en la cara tomo el primero que vio del estante y sin mirarme me lo dio. La ingrata no sabía de libros, pensé, los libros se escogen con cuidado, no por que haya muchas copias significa que todas son iguales. La detuve en su caminar y le dije “¿No tiene de pasta dura?” Estos libros de hoy en día que se conforman con ser cubiertos de plástico y no vestirse de gala para el lector, decepcionan al ojo, enserio. Finalmente entre una mueca molesta y muchos libros, la mujer encontró la única copia de pasta dura. Y cuando tomó mis 200 pesos recordé en mi cerebro la dulce historia que guardaba en sus páginas y me repetí mil y una veces lo mucho que te encantará leerla. Antes de volver a casa, me he tomada la molestia de comprar una linda caja para el libro para que se viera justo como un regalo, ya que al regalar libros no regalas páginas con garabatos, regalas llaves a otros mundos y por lo tanto se entregan con elegancia. Llegando a mi habitación me siento en los pies de la cama, manoseo la caja con el libro y la aviento a mi almohada . Me levanto y me dirijo hasta el baño, se escucha un silencio morboso, un silencio que hace ruido, y hace ruido por el taconeo de mi caminar, hace ruido por que el cuarto esta vació, hace ruido por que no estas. Al mirarme al espejo y deshacerme el peinado me es fácil dejar de respirar y dejar de soñar, pues tu no estas aquí y el libro no te lo voy a poder dar. No estas aquí, ni pronto lo estarás y por eso existe este silencio tan ruidoso en el alma. Es ruidoso por que me grita que no bailaras conmigo esta noche, que no podré preguntarte cómo llegaste aquí, que no leerás ni la primera palabra de mi libro favorito. Y todo es por que la soñadora sueña. Sueña y no para de soñar porque los sueños la mantienen viva, le dan razón y esperanza de vestirse linda y seguir soñando para ver si en alguno de sus sueños te apareces como una realidad…sin embargo hay silencio de vez en cuando, un silencio que hace ruido en el corazón.