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Mulata

 

El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!

Leo, ¿Hice mal?


Leo:

Ya ha pasado tiempo, los sucesos no van mal, me ha salido todo de maravilla, si supieras...que mal me sale impresionar. Como una persona común se me da el deseo y privilegio de impresionar, de llegar y alardear de las cosas hechas, logradas, felices, buenas noticias en general; pero un problema hay, no me sale impresionar.

Si hay una buena noticia entonces es común o siempre habrá algo negativo que encontrar. ¡Que va! según todos me felicitaran ¿Pero realmente lo harán? y si lo hacen no es suficiente porque para llegar ahí la buena noticia debió pasar por mala y ser escupida, masticada y tragada por un rato, que bueno eso es ejemplo de lo que llamo yo "una noticia suertuda".

Después pasan las horas y me pregunto: ¿Hice mal? ¿Hice bien? ¿Qué hice? Nunca hay respuesta. Pero tu Leo, mi amigo Leo, el que todo lo sabe Leo, tú debes tener respuesta a mis preguntas. Si no es así, Leo, supongo no hay solución al problema, hablar no funcionara, esperar no lo sé, ya he esperado mucho. Quizás es que mi esfuerzo y logro no merece alabanza ni tampoco recompensa o es posible que todavía no sea momento, pero entonces ¿Cuándo será?

Leo, ¿Hice mal?