Los Secretos De Mi Familia
Mulata
El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!
No vemos la misma luna
Me pregunto cómo serán las noches por allá, ¿Será cierto que la misma luna ilumina los sueños de todos?, tal vez tú también te sientas solo y tal vez la gente también baile con muy buena compañía. Le preguntaré a las estrellas si alguna de ellas ha recibido un deseo soñador tuyo, uno de esos que suspiro de vez en cuando con los ojos cerrados cuando te paseas en mis pensamientos. Acaso tú también piensas en mí cuando alguna luz invernal con su cálido color trae alguna ilusión que hace que baile en tu imaginación por un rato, me pregunto si en aquel mundo utópico bailaras conmigo o te limitaras a dejarme brincar por cada rincón de tu cerebro evitándote un raciocinio justo. Y la pregunta de oro se pierda en el amanecer ¿Cómo es que puedes extrañar algo que nunca ha estado? ¿Quién ha hecho la travesura de poner amor a lo que se siente sin tocar, a confiar sin saber, a saber sin ver y a ver sin los ojos? Ni idea. Pero ambos sabemos que el amor no tiene razón, ni tiene reglas y quizá ni nos tiene a nosotros o más bien…no tiene nada preparado para ambos. Esas cosas se arreglan con comprar tiempo, con paciencia pero más que nada con sueños. Mediocre es el que sueña y en el laurel de la ilusión se queda, feliz es el que pelea por aquellas caricias que se esfuman cuando las velas se apagan. ¿Pelearas por mi? ¿Lucharas para que el invierno nunca vuelva a ser frio y el verano nunca vuelva a pasar desapercibido? O te irás por debajo de la mesa junto con todo lo que soy yo. Te amo y no espero que me lo repitas, espero que quieras decirlo y tengas esa frustración de explotar sin comunicarle al manto estelar tus anhelos. No necesito escucharlo, el vacio se ha acostumbrado al molde de mi cuerpo pero escucharlo alguna vez sería un placer indescriptible, pero únicamente si sale del alma y si prometes con eso que no me dejaras otra primavera sola nunca y no dejaras que mis lagrimas se las lleve el viento otoñal jamás. Pero aquí lo que importa es que tan grande puede ser la importancia de la distancia y del egocentrismo para romper barreras tan delicadas y tan difíciles de encontrar. Si vamos a hablar de barreras, tendríamos que tomar en cuenta la fuerza sobre comunal que tienes sobre cualquiera en romper toda pared de hielo que cubría lo que era yo para llegar a lo que realmente escondo y plantar un poco de luz al sombrío corazón roto. Por eso y más no hay escalón tan grande como para alejarme tanto de las dulces sinfonías de la noche que me recuerdan cada segundo que siempre estás aquí.
Atardecer
Si alguna vez estas triste, si alguna vez te sientes solo, si alguna vez quieres salir de aquella jaula que te aprisiona sin querer, observa el atardecer. Enserio, te lo juro, observalo un rato, analiza los colores del alba que son el aura de nuestro planeta. Juega con los tonos azulados, violetas y amarillos que el cielo te regala para asi poder entender que lo que la vida otorga lo da por que es de ella. Explora hasta encontrar una rama que será tu pincel de emociones, guíñale al tiempo y traza los edificios que señalan la tierra que te pertenece. La vergüenza no existe cuando el sol se despide, ponte a bailar con el cantar de las aves y los violines rechinantes de los saltamontes para que el viento te murmure lo delicada que es la vida y lo simple que es su felicidad. Pretende no tener edad y diviértete con la niñez inesperada que brinca entre las rocas y se refleja en tu mirada. Pues yo nunca me senté en un atardecer a memorizar los colores, hablar con los secretos y soñar despierta hasta el día de hoy en que por fin me di cuenta que si hay algo que rompe distancias son los astros, pues si vemos los mismos, vale la pena esperar para dar la carta al sol y recibir el recado con la luna.
Matando el silencio.
Ella camina sin rumbo taconeando la vida. El silencio es tan claro que cuenta sus pasos y al llegar a los 20 se pierde su cuenta en el silencio. Aquel silencio que intenta matar a diario, aquel silencio que le hace soñar para ser feliz. Pero a la soñadora le han robado los sueños, le han dejado vacía el alma y ahora intenta bailar. Pero parece que en todo esta él, aquel culpable de su agonía, ¿Lo recuerdas? ese invierno que dejo de ser frio por la calidez de un amante. Un hombre que la sedujo sin querer tener nada, y ella que cayo sin tener quien la atrapara. El tiempo pasó, más rápido que ahora, y en ella creció lo que antes no estaba y en él empezó el fin de la dama. Se dice que para matar se necesita un arma que desgarre el musculo y penetre algún órgano hasta desangrar la esperanza, pero para matarla a ella solo era una palabra. Y escrito en la pared, el destino le advirtió al joven que la lengua es poderosa pues lo que se dice no se borra. Pero no sirvió de nada pues lo dicho, dicho esta, le dijo a ella que no era nada. Y la mujer que había dado lo que todos le habían quitado ahora observaba como gotas de rubí se escurrían en el suelo gritando que su corazón había muerto. Y las piezas de cristal del delicado cariño que tenía por él, se esfumaban con el viento ante la angustia de sus ojos. Ahora en su soledad le ruega al calor de las velas que estas quemen los segundos para que el día se vaya y la noche dure poco, implora al taconear de su calzado que con sus pasos puedan matar el silencio que la estrangula, suplica al viento que se lleve sus sueños y reza a la luna que le extirpe del pecho este constante dolor que crea charcos en sus ojos. Pero si pudiésemos conseguir lo que queremos con tan solo pedirlo, la vida seria rosa, y en cambio aquí se aceptan las torturas de que amar es como plantar una rosa y que cuando se pudre solo quedan sus espinas. Sin embargo uno intenta pegar los pétalos para que florezca, pero si uno lo hace, únicamente termina desgarrándose la piel una y otra vez y las heridas se hacen más profundas. Y se acepta la tortura de la decisión de esperar a plantar otra semilla para que se pudra o mandar al infierno todo jardín de edén que los cuentos prometen. Por eso la soñadora solo sueña, por que le mataron los sueños, sueña por que en los libros solo encuentra mentiras y en su eterno amor por su asesino encuentra paz. Así seguirá hablando con la soledad, matando el silencio con su caminar y soñando por aquel invierno que dejo de ser frió por el calor de su amante.
La cajita dorada
Alguna vez en este mundo hubo una noche de pena. Una noche que la gente guarda en sus suspiros y olvida en las canciones de cuna, una noche donde solamente se dieron lamentos y lagrimas, la noche en que todo mundo se odio y el amor se perdió. De pronto nace de un milagro, la caja dorada, un descubrimiento en lo más profundo de todos los bosques, una especie de caja pequeña únicamente para albergar a una persona por el tiempo que esta quisiera utilizarla como hogar. Si lo pensamos críticamente, podríamos decir que este cofre es una estupidez, pues quien entra ahí se pierde de los cantos de las aves todas las mañanas, se olvida de los colores del atardecer y pierde todo contacto con lo que alguna vez conoció. Sin embargo, la vida no es para verla con lógica si no para verla con los ojos de quien la tiene, solo así podremos observar que la caja es nada más que el utensilio más eficaz para resguardar un corazón del vendaval del destino. Pero que quede en claro que este ataúd de corazones no es un castigo, ni encierra a nadie. Es decir, quien decide usarla es bienvenido dentro y puede salir cuando este guste. Por supuesto no hay que olvidar que a la vida le encantan los trucos y las vueltas, por lo tanto a creado esta caja dorada con algún polvo invisible que se mete por los intestinos y se entierra muy dentro del cerebro volviendo el escondite una adicción para el ermitaño. ¡Se los aseguro! es toda una droga esta cajita con sus doradas paredes, uno se va acostumbrando a su olor, a la escasez de espacio, al poco brillo que se filtra por sus esquinas, uno se va acostumbrando a olvidar. Porque el olvido es la más dolorosa y segadora medicina para no matar al corazón con las memorias y los accidentes de un pasado lóbrego y sin salida. Y déjenme decirles que hace calor una vez dentro, un calor de mil infiernos que te hace sudar amargura, hasta uno la saborea una vez que lleva tiempo ahí metido, la saborea por las miradas de quien se asoma por curiosidad. Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo. Pero no, ese no es el problema, una vez que llevas conociendo esta madriguera se va haciendo uno espacio, un hoyo profundo hacia abajo, si quiera para estirar las piernas, hasta llegar a un momento en donde el pánico se apodera de tu frívola existencia y de una vez por todas Dios te ilumina los sesos con la idea de “quiero salir”. ¡BAH! tontos, volteas de lado en lado y te das cuenta que cavaste tu propia entrada al inframundo y ya no ves la luz con facilidad. Ahí es donde nos encontramos, mi querido lector, o mas bien donde estoy yo. ¡Apresúrate, con más prisa, arrójame una soga! ayúdame a salir, pero no veas mi corazón en el alba pues de tanto frío el será el único que no podrá salir.
Eros
Hoy me voy a levantar despacito, abriré de poco en poco los ojos para que la vista no me vaya a engañar con un espejismo en la cama. Voy a jugar a ser el mar y envolverte con mis brazos. Tendré la excusa de doctora preocupada por el estado de tu corazón para poder inclinarme a escuchar sus latidos, pues me pregunto si seguirán el ritmo de alguna canción mía. Tal vez por hoy, que el tiempo se detuvo, el sol jugará a ser Renoir y con sus tenues rayos pintarnos bien juntitos. Me voy a dar la tarea de examinarte con la mirada y recorrer con los ojos cada línea que forma tu rostro para poder seducir a mis manos para posarse en tus mejillas y reírme a solas de que no seas una viva ilusión que soñé anoche. Sin embargo, en medio de la ironía te mueves un poco y murmuras algo que solo tu y algún otro turista del país de los sueños podría entender. Ahora espero me perdones el crimen de asesinar tu sueño con un pequeño beso matutino que quizá te haga despertarte despacito y abrir los ojos de poco a poco solo para ver que el tiempo se ha detenido y aquí estoy yo a tu lado.
El silencio hace ruido
El sol del domingo se las ha arreglado para agrietar mis parpados poco a poco hasta despertarme. Los silbidos de los pájaros parecen decir que si no me levanto rápido el día se me va a ir volando como ellos. La rutina de estirarse mirarse al espejo y convencerse que esto de parecer medio muerto únicamente es momentáneo es cosa que hago en automático, pues mover las piernas sólo por tenerlas no significa estar despierta. A mitad de mi té matutino repasó mi agenda imaginaria mientras recorro con mi mano derecha la curiosa taza. Cuando el calor abraza mi palma se me viene a la mente “Hoy tengo que ir a la librería” o más bien santuario de aventuras que no viviré y personas que nunca seré. Después, en la ducha, me doy cuenta que mi cabello a crecido mucho desde la navidad pasada, antes tocaba mis hombres y ahora llega a cubrir mi pecho, por lo tanto es muy travieso, queriendo aferrarse a mis orejas se forma de nudos que me gusta primero localizar con los dedos y luego asesinarlos con el cepillo. El vestirse es otro cuento, la ropa mal doblada pero muy bien organizada dormita en los cajones esperando nadie la encuentre, pero hoy es domingo y ninguna vestimenta en las gavetas es la que me pondré, hoy será un vestido. Los vestidos que son como sombras colgadas en mi armario, esperan el fin de semana para adueñarse de mi cuerpo y el suertudo será el azul marino. Muy cómodo, sin botones y con un moño en la cintura se convierte en lo último que me faltaba para salir. Me aventuro a llegar a la plaza y decido perderme entre los miles pasillos de libros. parecen ser emparedados de letras, muy ajustados, muy nuevos ¿Quién regalaría algo así? Después de pasear mis ojos por toda la tienda, me tropiezo con una mesita de escritorio que parece ser el contador y ahí una señorita uniformada solicita ayudarme y yo con la boca seca le respondo “La Mecánica del Corazón por Mathiaz Malzieu por favor”, sólo necesitó una coreografía por el teclado de su computador para encontrar la ubicación exacta del libro que buscaba. La mujer, sin mucha expresión en la cara tomo el primero que vio del estante y sin mirarme me lo dio. La ingrata no sabía de libros, pensé, los libros se escogen con cuidado, no por que haya muchas copias significa que todas son iguales. La detuve en su caminar y le dije “¿No tiene de pasta dura?” Estos libros de hoy en día que se conforman con ser cubiertos de plástico y no vestirse de gala para el lector, decepcionan al ojo, enserio. Finalmente entre una mueca molesta y muchos libros, la mujer encontró la única copia de pasta dura. Y cuando tomó mis 200 pesos recordé en mi cerebro la dulce historia que guardaba en sus páginas y me repetí mil y una veces lo mucho que te encantará leerla. Antes de volver a casa, me he tomada la molestia de comprar una linda caja para el libro para que se viera justo como un regalo, ya que al regalar libros no regalas páginas con garabatos, regalas llaves a otros mundos y por lo tanto se entregan con elegancia. Llegando a mi habitación me siento en los pies de la cama, manoseo la caja con el libro y la aviento a mi almohada . Me levanto y me dirijo hasta el baño, se escucha un silencio morboso, un silencio que hace ruido, y hace ruido por el taconeo de mi caminar, hace ruido por que el cuarto esta vació, hace ruido por que no estas. Al mirarme al espejo y deshacerme el peinado me es fácil dejar de respirar y dejar de soñar, pues tu no estas aquí y el libro no te lo voy a poder dar. No estas aquí, ni pronto lo estarás y por eso existe este silencio tan ruidoso en el alma. Es ruidoso por que me grita que no bailaras conmigo esta noche, que no podré preguntarte cómo llegaste aquí, que no leerás ni la primera palabra de mi libro favorito. Y todo es por que la soñadora sueña. Sueña y no para de soñar porque los sueños la mantienen viva, le dan razón y esperanza de vestirse linda y seguir soñando para ver si en alguno de sus sueños te apareces como una realidad…sin embargo hay silencio de vez en cuando, un silencio que hace ruido en el corazón.
Lagrimas de cristal
¿Alguna vez has probado las lagrimas a media noche? Su sabor cambia mucho, en vez de saladas las lagrimas en el principio de la madrugada saben a muerte. La luna las transforma con su tenue luz a gotas de cristal, y al caer por las mejillas raspan la piel hasta resbalarse del rostro y destrozarse en el suelo, dejando pequeños pedazos del mágico vidrio por todos lados buscando causar heridas sangrantes. Son lagrimas de soledad, lagrimas puras de dolor que infectan las extremidades debilitando las piernas y alentando los movimientos de los brazos por querer limpiarse de la tajante agua que brota de los ojos. Pareciera como si el hecho de ser media noche hiciera que el tiempo se fuera de paseo y por un segundo el mundo esté lo suficientemente ocupado para que creas estar abandonado en esta sosegada tortura. Los sentidos se apagan, lo único que se escucha es la fractura del corazón que rechina hasta lo más profundo del tímpano, lo único que se siente es la angustia que se columpia en las costillas y se exhala con cada respiro, lo único que se saborea es la amargura de la muerte, el fallecimiento de ese pedacito que sobraba del corazón, ese pequeño que guardabas para amar. Te das cuenta que la química de las lagrimas lo han derretido y después se ha evaporado para escaparse en cada suspiro. Finalmente, aquella pieza pulverizada actúa como tu ultima esperanza de no morir por la congoja y te deja viajar a un sueño profundo en busca de algo mejor, de otra realidad, una realidad donde tu sonrisa no se vea quebrantada y tus ojos muestren el fulgor de la felicidad que tanto añoras para que solamente las lagrimas de cristal sean un adorno de oficina.
La chica del autobús

Siempre esta ahí, parece una sombra entre los corredores, sonriente, pálida y pues…ahí. Es únicamente una mujer caminando, usualmente resalta por ser la cebra entre todo este establo, y por esto mismo ha dejado de resaltar pues toda la granja se ha acostumbrado a su presencia. Sin embargo hoy me encuentro algo sorprendida, hoy sus ojos negros no se ven apenas la orilla, pues sus parpados han decidido acobijarlos con un aire de intriga y preocupación en su rostro. Su caminata no parece tener sentido, va en línea recta pareciendo como siempre saber su destino, pero busca con la mirada apagada el camino al autobús. Cualquiera que no la conociera diría que esta enferma, que le molestan los intestinos irritados por alguna sustancia rancia que tal vez cenó. Pero no, no era un ardor en el estomago el que le quebrantaba la sonrisa que ahora en vez de curvarse en sus mejillas parecía mas bien un zig zag, era algo más, un secreto. Le habían confiado un secreto muy grande, algo personal y fuerte, algo que ella no podía comprender con la inocencia en que confiaba de alguna forma en que la juventud no tenia que igualarse al desorden y la inmadurez. El secreto escondía entre líneas a su amiga que era una niña jugando a estar lista, una niña confundida y sola que entre malas palabras y varios vicios pretendía ser adulta. Aquella amiga suya no se dió cuenta que a quien confió su secreto era su contrario en el espejo, esta chica sin nombre en el autobús siempre analiza a sus pasajeros y cómo siempre el camión los llevaba al mismo lugar. Los veía bajarse decepcionados, los veía subir con entusiasmo, los observaba dormir en el transcurso mientras otros trabajaban, no importa el caso, ella siempre los analizaba. Y ahora tenía el corazón envuelto en rasposas vendas, analizar a su compañera se lo ha roto y justamente le ha dado justificación a su mirada sin luz. Está decepcionada, más de todos que de su amiga, sus pequeños ojos se han abierto a ver a los pasajeros de otra manera y tiraron la confianza y la esperanza en ellos. Ahora no los mira pues cierra los ojos y espera que el mastodonte con ruedas llegue veloz a su hogar, su pecho se levanta ligeramente con los suspiros que regala al aire mientras las ruedas del transporte ruedan eternamente sin llevarla a ningún lugar. Y ahora que finalmente era momento de bajar la chica se levanta con la frente en alto, si tan solo supieran todos ellos la defensora que acababan de perder, pensó, lo habrían pensado dos veces. Sin embargo el orgullo y la tenacidad no fueron suficientes para detenerla a volver la mirada discretamente al bajar los escalones del gigantesco automóvil y así despedirse de su ayer.
Korakunda
Hoy escuche un ¡Crack! no se que fue, no se como fue, solo recuerdo que me hice para atrás. Acto de huir, ¿Huir de qué? de una situación inevitable e inocente, de la explosión del núcleo de mi cuerpo, de mi corazón. Se había partido en diminutos fragmentos que reflejaban como espejo todas mis memorias guardadas. La ruptura hizo que la jaula de la esperanza se abriera y saliera corriendo por toda la habitación, hubiera querido tener energía para atraparla pero el dolor me dominaba. El impacto no fue lo suficientemente duro como para transformar al órgano a un papel inservible y para mí eso hubiera estado mejor…por que lo dejo vivo, pero roto, con sus partes perdidas en los rincones. Tuve miedo, tal vez los recuerdos se habían escapado como la esperanza. Intento recordar que fue lo que lo despedazo sin piedad y la memoria no llega, mi mayor temor se vuelve realidad, el choque fue tan fuerte que me he bloqueado. Tarde o temprano llega a mi una pizca del recuerdo…fueron las palabras, el contexto, el tiempo, la manera, todo. No solo fue eso, creo que lo que desbarato al corazón fue la verdad…la esencia honesta en todos los factores, lo real. Fue la misma mano que sacudió al corazón la que también me bajo de la luna en un empellón y creo que caí muy mal de vuelta a la tierra, pues lo que quedaba de mi yacía en el suelo. Solo necesito un buen pegamento y tiempo para recolectar todos los pedacitos de corazón que se me cayeron hoy. Aun que me da pavor que un día de estos se peguen con hielo en vez de pegamento…y entonces mi cuerpo se vuelva lo suficientemente frio para congelarme y me quede tan ciega que no pueda ver la primavera y solo el invierno.
A los dos amantes que por razones desconocidas en este momento...no se dieron.
Un secreto en una caja de galletas

Son los secretos que guardo lo que me abre el corazón, lo que me ilumina el alma y también la oscurece. Es mi anatomía relatada desde el punto de vista de mis recuerdos. Son los 7 pecados que no pienso confesar y los suspiros al aire que solo un alma flotante puede dar. Cada uno guardado en una caja de galletas, a lado de mis memorias, muy de cerca para que no se me olviden nunca, pues secreto olvidado no vale nada. Claro está que si le ponemos valor a los secretos no podrían comprarse con monedas ya que el único valor es para el que lo guarda, el goloso que se come las galletas, pero por supuesto sin compartirlas.
Qué libro negro es aquel que relata los sucesos más polémicos, más lindos, más picaros de mi ser. Un libro tan grande y gordo, tan...cambiante. De un momento a otro lo guardo en mi bolsillo pretendiendo tener solo un paquete de mentas mientras en la noche lo abrazo como mi tesoro más preciado. Se pega en mi piel, me soborna a leerlo, me corrompe, me seduce, me embauca en un mundo que es solo mío y que nadie más conoce. Un mundo tornadizo el cual puede estar siempre con una noche triste o romántica y después con un cielo despejado, un mundo escurridizo en el cual puedes perderte fácilmente. Un mundo de sigilo, ventura, apego, nostalgia, pasión y miradas sedantes, con millones de rincones, miles de pasillos, cientos de habitantes pero solo una reina. Un mundo de una noche, mi caja de galletas una tierra de secretos.
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