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Mulata

 

El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!

Labios color Carmín






Labios color carmín
La noche se esconde en luz de gibosa menguante, es la sombra de un hombre y él camina.
Seis calles adelante, ella lo espera, lo siente, lo llama. Se a convertido en aduladora del inigualable poder de su hombre, aquel poder que hace caer animales de felpa en el portal de su puerta , aquel poder que logra que ella llore sin sufrir herida alguna, aquel que causa éxtasis con su presencia, aquel que alcanza que ella pinte sus labios de color carmín.
Él llega, el timbre resuena en el departamento, ella sabe y sonríe mientras baja vestida de convite para su amante.
El la observa, la siente, la besa y en un tris él es cobista de la potestad de su mujer, aquella que puede deleitar sus ojos con una mirada, aquella que es vigorosa por su sensibilidad, aquella que sirve la gula en un plato, aquella que regodea su pasión pintando sus labios de color carmín.

Unas imagenes que me gustan mucho que creo que describe el mensaje de este ensayo en general: El romance, el verdadero amor y la costumbre de todo buena mujer en el maquillaje.