El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.
La prima ballerina
Mulata
El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!
Atardecer
Si alguna vez estas triste, si alguna vez te sientes solo, si alguna vez quieres salir de aquella jaula que te aprisiona sin querer, observa el atardecer. Enserio, te lo juro, observalo un rato, analiza los colores del alba que son el aura de nuestro planeta. Juega con los tonos azulados, violetas y amarillos que el cielo te regala para asi poder entender que lo que la vida otorga lo da por que es de ella. Explora hasta encontrar una rama que será tu pincel de emociones, guíñale al tiempo y traza los edificios que señalan la tierra que te pertenece. La vergüenza no existe cuando el sol se despide, ponte a bailar con el cantar de las aves y los violines rechinantes de los saltamontes para que el viento te murmure lo delicada que es la vida y lo simple que es su felicidad. Pretende no tener edad y diviértete con la niñez inesperada que brinca entre las rocas y se refleja en tu mirada. Pues yo nunca me senté en un atardecer a memorizar los colores, hablar con los secretos y soñar despierta hasta el día de hoy en que por fin me di cuenta que si hay algo que rompe distancias son los astros, pues si vemos los mismos, vale la pena esperar para dar la carta al sol y recibir el recado con la luna.
El silencio hace ruido
El sol del domingo se las ha arreglado para agrietar mis parpados poco a poco hasta despertarme. Los silbidos de los pájaros parecen decir que si no me levanto rápido el día se me va a ir volando como ellos. La rutina de estirarse mirarse al espejo y convencerse que esto de parecer medio muerto únicamente es momentáneo es cosa que hago en automático, pues mover las piernas sólo por tenerlas no significa estar despierta. A mitad de mi té matutino repasó mi agenda imaginaria mientras recorro con mi mano derecha la curiosa taza. Cuando el calor abraza mi palma se me viene a la mente “Hoy tengo que ir a la librería” o más bien santuario de aventuras que no viviré y personas que nunca seré. Después, en la ducha, me doy cuenta que mi cabello a crecido mucho desde la navidad pasada, antes tocaba mis hombres y ahora llega a cubrir mi pecho, por lo tanto es muy travieso, queriendo aferrarse a mis orejas se forma de nudos que me gusta primero localizar con los dedos y luego asesinarlos con el cepillo. El vestirse es otro cuento, la ropa mal doblada pero muy bien organizada dormita en los cajones esperando nadie la encuentre, pero hoy es domingo y ninguna vestimenta en las gavetas es la que me pondré, hoy será un vestido. Los vestidos que son como sombras colgadas en mi armario, esperan el fin de semana para adueñarse de mi cuerpo y el suertudo será el azul marino. Muy cómodo, sin botones y con un moño en la cintura se convierte en lo último que me faltaba para salir. Me aventuro a llegar a la plaza y decido perderme entre los miles pasillos de libros. parecen ser emparedados de letras, muy ajustados, muy nuevos ¿Quién regalaría algo así? Después de pasear mis ojos por toda la tienda, me tropiezo con una mesita de escritorio que parece ser el contador y ahí una señorita uniformada solicita ayudarme y yo con la boca seca le respondo “La Mecánica del Corazón por Mathiaz Malzieu por favor”, sólo necesitó una coreografía por el teclado de su computador para encontrar la ubicación exacta del libro que buscaba. La mujer, sin mucha expresión en la cara tomo el primero que vio del estante y sin mirarme me lo dio. La ingrata no sabía de libros, pensé, los libros se escogen con cuidado, no por que haya muchas copias significa que todas son iguales. La detuve en su caminar y le dije “¿No tiene de pasta dura?” Estos libros de hoy en día que se conforman con ser cubiertos de plástico y no vestirse de gala para el lector, decepcionan al ojo, enserio. Finalmente entre una mueca molesta y muchos libros, la mujer encontró la única copia de pasta dura. Y cuando tomó mis 200 pesos recordé en mi cerebro la dulce historia que guardaba en sus páginas y me repetí mil y una veces lo mucho que te encantará leerla. Antes de volver a casa, me he tomada la molestia de comprar una linda caja para el libro para que se viera justo como un regalo, ya que al regalar libros no regalas páginas con garabatos, regalas llaves a otros mundos y por lo tanto se entregan con elegancia. Llegando a mi habitación me siento en los pies de la cama, manoseo la caja con el libro y la aviento a mi almohada . Me levanto y me dirijo hasta el baño, se escucha un silencio morboso, un silencio que hace ruido, y hace ruido por el taconeo de mi caminar, hace ruido por que el cuarto esta vació, hace ruido por que no estas. Al mirarme al espejo y deshacerme el peinado me es fácil dejar de respirar y dejar de soñar, pues tu no estas aquí y el libro no te lo voy a poder dar. No estas aquí, ni pronto lo estarás y por eso existe este silencio tan ruidoso en el alma. Es ruidoso por que me grita que no bailaras conmigo esta noche, que no podré preguntarte cómo llegaste aquí, que no leerás ni la primera palabra de mi libro favorito. Y todo es por que la soñadora sueña. Sueña y no para de soñar porque los sueños la mantienen viva, le dan razón y esperanza de vestirse linda y seguir soñando para ver si en alguno de sus sueños te apareces como una realidad…sin embargo hay silencio de vez en cuando, un silencio que hace ruido en el corazón.
La orquesta del alhajero.
Polvoso, roto y posado en un rincón del armario, yace el mejor teatro de todos los tiempos. Un alhajero azul que en algún tiempo fue brilloso pero ahora pareciese que la mugre acobijo la diminuta caja y decoloró los metales que se aseguraban de levantar su cubierta y mostrar a la bella bailarina. Una muñeca de porcelana, finamente elaborada con las manos de algún artesano europeo, sonreía cada vez que la dama dueña del cofre se aventuraba a explorar con los dedos entre las joyas ahí guardadas. Pero eso fue hace mucho ya, ahora en vez de ser la atracción principal, la joyería aplastaba su cuerpo día con día. Los ratones que tenían sus madrigueras dentro del ropero cuentan con notable lástima que la muñequita se había enamorado de una fotografía hace ya unos 15 años. En ese entonces la joven mantenía fotos de su amante por debajo de los perfumes. La orquesta del alhajero era joven, dicen, pues tocaba todos los fines de semana para la señorita que alegremente miraba a la bailarina dar vueltas al ritmo de la melodía que brotaba de la caja al girar una llavecita dorada en una de sus esquinas. Ahí es cuando la muñeca era dueña del escenario, y entre vueltas y vueltas la fotografía de un esbelto muchacho atrajo su mirada. En cuanto el alhajero se cerraba la delicada diva lloraba sus lamentos toda la noche rogando a Dios que abrieran el teatro al siguiente día. Así, fue como del amor platónico nació la agonía, la necesidad de poder ver de cerca el retrato, pero un resorte impedía su salida del alhajero y encadenaba su sueño de ver al hombre por el cual regalaba mil suspiros al tiempo. Decidida por el amor, utilizando la punta de un pendiente, desprendió sus zapatillas de la plataforma del cofre y arrastrándose y saltando intentó con todas sus fuerzas convencer a los cerrojos que la dejaran salir. Sin embargo sus esfuerzos únicamente lograron empujar la mitad de su cuerpecito dejando al merced del cierre brusco sus piernas. La bailarina que ahora no podía bailar fue condenada por falta de herramientas a ser guardada junto con los tesoros del alhajero que ya casi no se abría pues la dama que amaba tanto su caja musical ya no buscaba joyas por vergüenza a ver rota a su bailarina. Hoy finalmente la orquesta se levanta una vez más y llena con luz los brillosos tesoros limpiando así las lagrimas polvosas de soledad que cubrían el rostro de la bailarina. La diminuta no podía creer lo sucedido y mientras dos ásperas manos tomaban sus piernas y su torso escuchó el suplicar de la muchacha hacia un hombre, no cualquier hombre. Los ojos claros llenos de fulgor que la porcelana no podía brindar, volvieron a la vida cuando la muñequita notó que el hombre del retrato del cual siempre estuvo enamorada sería su héroe en raparla por su sacrificio amoroso que alguna vez hizo. Volviendo al escenario su sonrisa le mintió por un rato, le hizo creer que ella siempre estaría con él, que su danza le fascinaría, que finalmente sería feliz y que la orquesta del alhajero arrullaría sus sueños.
Dibujo el cielo con los dedos
Son las 6 de la tarde y el cuello me mata. Entró a mi habitación y me dedico a juntar 3 tiras de mi cabello y deshacer mis rizos con la palma de mi mano. Me sostengo el pelo en la trenza que me entretuve haciendo mientras me miraba con cansancio en el espejo. Lo parpados pesados se caían cada vez que el pelo se me resbalaba de la mano. Pareciera que no hubiera nadie en la casa, el cuarto totalmente silencioso, no cobró vida hasta el sonar de los violines. La música que brincaba fuera de la bocina para rebotar con los muebles y volar tras la habitación hizo vibrar los problemas a un lado. De repente mis manos comenzaron a temblar y sintiendo un cosquilleo en mi rostro se atravesó una sonrisa seguida de una que otra risa tímida mientras cerraba mis ojos. La frialdad de los acontecimientos del alba se palidecía de terror con el calor de la melodía que abrazaba mi cuerpo . Tan solo un paso fue bastó para transformar la estancia en un lienzo oscuro donde mis manos resaltaban alegremente. No necesité abrir los ojos para saber que en el rostro de la noche coloqué pecas centellantes y las llamé estrellas. Mientras dando una que otra pirueta moví con la yema de los dedos un color grisáceo cerca de la cama para esparcir los tonos y crear un agrio algodón de azúcar que al cubrir las estrellas se quiso llamar nube. Pero como el boceto se veía aun tan lóbrego me acomodé en el suelo para tocar ligeramente un cuenco de agua y así con las ondas que le provocaban mis dedos crear un cristal tan puro y manejable solamente por estas traviesas manos. Después, imitando entre risas y sonrojos solitarios, los movimientos delicados del viento otoñal inventé una pálida bola gigante a la cual como toque conclusivo agregué un resplandecer delicado parpadeando mientras la miraraba y finalmente la empuje para que flotara y se escondiera entré el misterioso fresco que pintaba sin razón. La esfera adoptó el espacio y le murmuro el mismo viento el nombre de Luna. Sin embargo del techo empezó a granizar y las gotas de agua borraron del mapa todas mis creaciones, dejándome recostada en la pieza adormecida. Ahora mientras abro mis ojos una vez más recuerdo…se me ha olvidado estudiar para arte.
Social
Search this blog
Popular Posts
-
Es media noche y decido volver a tenderte una trampa secreta disfrazada en un inocente deseo de compañía para poder ll...
-
Labios color carmín La noche se esconde en luz de gibosa menguante, es la sombra de un hombre y él camina. Seis calles adelante, ella lo esp...
-
El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cad...
-
Si otra vez me enamoro no será de una mujer. Una vez caí en la trampa de uno de esos demonios disfrazados de ángeles y tengo que con...
-
El sonido de las teclas y la tinta de la pluma son lo único en este lugar. Libretas en blanco y letras esc...
-
¿Dónde estás Dios? Que a veces no te encuentro por ninguna parte. En algún rincón has de estar de eso estoy segura. No t...
-
La familia es un camino ya transcurrido que convive con alegorías de amor de generación en generación. Pero la mía no. La mía es un...
-
¿A que le temo? Podría hacer una lista enorme de todas las miles de alimañas a las que no me atrevo ni a mirar. Pero realmente si hay algo a...
-
Dicen que es verdad, que andas regalando lágrimas a la noche y que los lobos ya no te aúllan porque haz decidido cambiar de luz, que dic...
Flickr
www.flickr.com
|
Blog Archive
About Me
- Juliet Earth
- Una escritora independiente que se dedica a publicar sus obras en blogs con el proposito de compartir un nuevo arte a la categoria literaria.