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Analogía De Una Burbuja

 

 

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Con el pasar de los años y las mil y un analogías sobre la vida y el amor que he llegado a comprender, ahora puedo decir que la desordenada efímera vida…se parece mucho a mi tina. Claro que es parecida, únicamente similar por supuesto, porque al fin y al cabo los problemas que se mezclan en el agua no son ni un torbellino de estrés en el mundo en el que me muevo. Pero a lo que me refiero es que he llegado a envidiar el mundo de mi baño; tan sólo con ver las burbujas el rostro se me torna verde de los celos que les tengo a esas gordas pompas de jabón. Y es que ellas siempre me provocan a reventarlas, pues me presumen con gracia lo libres que son, la delicadeza que las forma y la belleza que las rodea. Incluso en el escenario más dramático ellas sólo vuelan y si el destino las toca, sólo se revientan. Desaparecen en un parpadeo como si un fantasma fugaz se las robará en un acto egoísta. ¡Vaya como las envidio! Siempre tan calmadas en la tempestad y tan decididas a volar con sensatez. Quizá de mis celos existe una pizca de empatía pues entre sus sueños, al igual que yo, son víctimas de la ironía y las mentiras del destino. Su delicadeza se iguala con la de mi espíritu, que manejado por las emociones, con el simple roce de un amor falso, se rompe en una silenciosa pero letal explosión. El melodioso movimiento que hacen al volar se puede comparar con el subir y bajar de los caminos de la vida, de los cuales a falta de aire suelen ocasionar una fea caída. Así como ellas son susceptibles a los pinchazos que las desinflen, yo soy vulnerable a las agujas del desamor y el odio que mezclados con la agonía de los corazones rotos me matan de igual manera pero sin tanta prisa. Finalmente mi mayor envidia siempre será el resultado de la característica que más compartimos, pues me identifico con su resbalosa existencia ya que entre sus colores recónditos yace un alma igual de colorida que el mundo que las rodea. Aquellos fantasmas de colores que resbalan en lindos espirales en sus paredes enjabonadas son como el alma misma que me envuelve y guía, que a pesar de sólo verse a contra luz, sigue ahí formando las paredes de lo que soy…tan sólo un personaje de una autobiografía, tan sólo un punto final de un poema de amor, tan sólo un sinónimo de libertad...tan sólo un alma que quiere volar.

Las Fotografías En El Álbum

 

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       Estás fotos parecen pintar el alba de recuerdos, tanto buenos como malos. Ya retrataron en mi memoria aquella vez que por coraje te he golpeado, pero igualmente me han enseñado aquella vez en que jugábamos a las escondidas. Y ahora que ya no estas buscándome en alguna habitación de la casa de la abuela me pregunto si estaremos creciendo sin jugar un rato. En fin, mira que colección de sonrisas, todos sonriendo en este cuadro o mira esta otra donde frunzo el ceño que a pesar de ser honesta la foto ha arruinado el resto del panorama. Quizá estos bellos cuadros estén diseñados para enseñarnos algo, que probablemente los corajes subordinados e impulsivos sólo terminan arruinando el paisaje. Y mira que ando cabizbaja porque hace un rato encontré un hermoso retrato que me recordó al calor de la arena en mis pies y las travesuras que hacíamos mientras papá dormía, pero en un tropiezo la he roto por la mitad y por más que intenté pegarla y perdonarme por el garrafal error…no pude hacer nada. Me he asustado por un rato porque tuve miedo de perder el único botón que se encargaría de activar aquella dulce memoria en mi mente, pero ahora me limito a guardar el accidente como un recuerdo para engrapar las memorias a su lado. Pero ahora vuelvo a girar la página y encontrarme una vez más con los documentos en imagen de nuestras vidas, de nuestros pasos que cambiaron con los años de ser pequeños a unos de patas más grandes, de ser unos demonios sin control a unos ángeles con cuernos. Sin embargo de pronto se me topa una página en negro, vacía, y a pesar de que buscó más imágenes, ahí se acaba el libro. Ahora me doy cuenta que las historias del pasado son las que van a complementar al presente que en un futuro será conservado en un álbum como este. Y aun que suene melancólico y caiga en el cliché, ahora se que el valor de este álbum fotográfico se balancea con el apreció a los recuerdos que hemos vivido y al amor que hemos forjado como hermanos. Que aunque sean imágenes los documentos que me hacen viajar por el tiempo para regresar a aquellas aventuras en Cuernavaca, son las fotos que estamos creando con las nuevas sonrisas, los nuevos rivales, los nuevos momentos y las nuevas compañías las que cuentan ahora porque sigue siendo nuestro álbum, el cuaderno de los recuerdos…nuestro libro de vida.

Para mi hermano…

Las Hebras de mi Bufanda

 

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       Suaves y coloridas se abrazan las hebras de mi estambre para formar una bufanda. Parecen contar una historia cada vez que con mis dedos las empujo hacia abajo enfilándolas con las otras.  Sí, seguro están relatando algo, se percibe en el aire cada murmuro que sueltan. La amarilla entre sus hilos lleva la esperanza de una mirada sollozante. Le sigue la violeta que con su hilaza curiosea en lo más profundo del corazón en busca  de aprobación. La roja  se deja llevar por los sueños y parece romperse cada vez que un silencio amenaza la habitación. Luego va la marrón, que brinca de alegría para dar promesa a las otras. Sin embargo todas colaboran, se dejan dar vueltas, empujones, pellizcos y apretadas para un mismo propósito. El deseo de ser tuyas y que enlazadas puedan brindarte lo más cercano a una caricia mía, que con su calor simulen lo más parecido posible a la calidez que le regalas a mi alma, que con la historia de amor que llevan en sus fibras logren evitar cualquier estorbo en tu sonrisa. Ojalá y ellas sean las que calmen tu codicioso afán de dejarte llevar por los hilos más obscuros para hacerte ver que ser libre es un beneficio que muchas veces se confunde con egoísmo. Quizás y sean de magia china para encantar con un hechizo de buena suerte aquel camino tan rocoso en el te has metido. Tal vez por pura casualidad los besos ocultos en ellas te recuerden a mí cada invierno en que necesites compañía. Pero ambos sabemos que ni las hebras más finas podrán convencerte de dar con conciencia y sin solicitud a un corazón que da todo y nada recibe. Jamás podrán ser tan perfectas como para enmudecer las palabras que hieren y resuenan en mi alma. Nunca serán tan lindas para asegurarme que soy más y valgo la espera. Pues por más cariño, dedicación y tiempo que les ponga, no se podrán igualar al verdadero amor y apreció que te tengo. Pero yo espero que sean lo suficiente para que las cuides  y puedan decir sin palabras lo agradable que es tener tu voz y verte todas las noches en mis sueños.

¡Feliz Navidad!, mis mejores deseos a todos.

                                                                                     J.E

Atardecer

 

101_3429Si alguna vez estas triste, si alguna vez te sientes solo, si alguna vez quieres salir de aquella jaula que te aprisiona sin querer, observa el atardecer. Enserio, te lo juro, observalo un rato, analiza los colores del alba que son el aura de nuestro planeta. Juega con los tonos azulados, violetas y amarillos que el cielo te regala para asi poder entender que lo que la vida otorga lo da por que es de ella. Explora hasta encontrar una rama que será tu pincel de emociones, guíñale al tiempo y traza los edificios que señalan la tierra que te pertenece. La vergüenza no existe cuando el sol se despide, ponte a bailar con el cantar de las aves y los violines rechinantes de los saltamontes para que el viento te murmure lo delicada que es la vida y lo simple que es su felicidad. Pretende no tener edad y diviértete con la niñez inesperada que brinca entre las rocas y se refleja en tu mirada. Pues yo nunca me senté en un atardecer a memorizar los colores, hablar con los secretos y soñar despierta hasta el día de hoy en que por fin me di cuenta que si hay algo que rompe distancias son los astros, pues si vemos los mismos, vale la pena esperar para dar la carta al sol y recibir el recado con la luna.

La cajita dorada

 

Alguna vez en este mundo hubo una noche de pena. Una noche que la gente guarda en sus suspiros y olvida en las canciones de cuna, una noche donde solamente se dieron lamentos y lagrimas, la noche en que todo mundo se odio y el amor se perdió. De pronto nace de un milagro, la caja dorada, un descubrimiento en lo más profundo de todos los bosques, una especie de caja pequeña únicamente para albergar a una persona por el tiempo que esta quisiera utilizarla como hogar. Si lo pensamos críticamente, podríamos decir que este cofre es una estupidez, pues quien entra ahí se pierde de los cantos de las aves todas las mañanas, se olvida de los colores del atardecer y pierde todo contacto con lo que alguna vez conoció. Sin embargo, la vida no es para verla con lógica si no para verla con los ojos de quien la tiene, solo así podremos observar que la caja es nada más que el utensilio más eficaz para resguardar un corazón del vendaval del destino. Pero que quede en claro que este ataúd de corazones no es un castigo, ni encierra a nadie. Es decir, quien decide usarla es bienvenido dentro y puede salir cuando este guste. Por supuesto no hay que olvidar que a la vida le encantan los trucos y las vueltas, por lo tanto a creado esta caja dorada con algún polvo invisible que se mete por los intestinos y se entierra muy dentro del cerebro volviendo el escondite una adicción para el ermitaño. ¡Se los aseguro! es toda una droga esta cajita con sus doradas paredes, uno se va acostumbrando a su olor, a la escasez de espacio, al poco brillo que se filtra por sus esquinas, uno se va acostumbrando a olvidar. Porque el olvido es la más dolorosa y segadora medicina para no matar al corazón con las memorias y los accidentes de un pasado lóbrego  y sin salida. Y déjenme decirles que hace calor una vez dentro, un calor de mil infiernos que te hace sudar amargura, hasta uno la saborea una vez que lleva tiempo ahí metido, la saborea por las miradas de quien se asoma por curiosidad. Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo. Pero no, ese no es el problema, una vez que llevas conociendo esta madriguera se va haciendo uno espacio, un hoyo profundo hacia abajo, si quiera para estirar las piernas, hasta llegar a un momento en donde el pánico se apodera de tu frívola existencia y de una vez por todas Dios te ilumina los sesos con la idea de “quiero salir”. ¡BAH! tontos, volteas de lado en lado y te das cuenta que cavaste tu propia entrada al inframundo y ya no ves la luz con facilidad. Ahí es donde nos encontramos, mi querido lector, o mas bien donde estoy yo. ¡Apresúrate, con más prisa, arrójame una soga! ayúdame a salir, pero no veas mi corazón en el alba pues de tanto frío el será el único que no podrá salir.

Sinónimos

 

 

Podría ser que un diccionario tenga la solución a mi carencia de lengua cuando me cuestionas “¿Qué sientes?”  Sera que entre sus letras habrá un sinónimo para “extrañar” cuando te esfumas del alba a la noche. Acaso habrá algo mejor para describir el “sufrir” que es pensar día a día si las palabras que te regalo son correspondidas. Podría ser que entre tantas definiciones exista algo más explícito que “feliz” para detallar lo que me infecta el alma cada vez que decides robarte mi sueño a media noche. Se encontrará en aquel libro tan gordo algún adjetivo que pueda calificarte mejor que “perfecto” para mí. Estoy segura que habrá una palabra más que “tímida” que logre excusarme de la tarea en decirte todo esto. Y aun que yo se que existe algo mayor que “bonito” para el corazón de las mujeres, no encontraras mejor palabra que “muerto” para explicar mi corazón el invierno pasado. Ni una más especifica que “vida” para profundizar lo que tu me has dado. Pero por más que busco menos encuentro en aquella enciclopedia algo para mi humilde vocabulario al amor más que un simple “te amo” que bien son 2 palabras y 5 letras que podrían no valer nada, sin embargo en ellas se esconde un cariño que te añora y sueña encontrar una palabra para que no me olvides.

El silencio hace ruido

 

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El sol del domingo se las ha arreglado para agrietar mis parpados poco a poco hasta despertarme. Los silbidos de los pájaros parecen decir que si no me levanto rápido el día se me va a ir volando como ellos. La rutina de estirarse mirarse al espejo y convencerse que esto de parecer medio muerto únicamente es momentáneo es cosa que hago en automático, pues mover las piernas sólo por tenerlas no significa estar despierta. A mitad de mi té matutino repasó mi agenda imaginaria mientras recorro con mi mano derecha la curiosa taza. Cuando el calor abraza mi palma se me viene a la mente “Hoy tengo que ir a la librería” o más bien santuario de aventuras que no viviré y personas que nunca seré. Después, en la ducha, me doy cuenta que mi cabello a crecido mucho desde la navidad pasada, antes tocaba mis hombres y ahora llega a cubrir mi pecho, por lo tanto es muy travieso, queriendo aferrarse a mis orejas se forma de nudos que me gusta primero localizar con los dedos y luego asesinarlos con el cepillo. El vestirse es otro cuento, la ropa mal doblada pero muy bien organizada dormita en los cajones esperando nadie la encuentre, pero hoy es domingo y ninguna vestimenta en las gavetas es la que me pondré, hoy será un vestido. Los vestidos que son como sombras colgadas en mi armario, esperan el fin de semana para adueñarse de mi cuerpo y el suertudo será el azul marino. Muy cómodo, sin botones y con un moño en la cintura se convierte en lo último que me faltaba para salir. Me aventuro a llegar a la plaza y decido perderme entre los miles pasillos de libros. parecen ser emparedados de letras, muy ajustados, muy nuevos ¿Quién regalaría algo así? Después de pasear mis ojos por toda la tienda, me tropiezo con una mesita de escritorio que parece ser el contador y ahí una señorita uniformada solicita ayudarme y yo con la boca seca le respondo “La Mecánica del Corazón por Mathiaz Malzieu por favor”, sólo necesitó una coreografía por el teclado de su computador para encontrar la ubicación exacta del libro que buscaba. La mujer, sin mucha expresión en la cara tomo el primero que vio del estante y sin mirarme me lo dio. La ingrata no sabía de libros, pensé, los libros se escogen con cuidado, no por que haya muchas copias significa que todas son iguales. La detuve en su caminar y le dije “¿No tiene de pasta dura?” Estos libros de hoy en día que se conforman con ser cubiertos de plástico y no vestirse de gala para el lector, decepcionan al ojo, enserio. Finalmente entre una mueca molesta y muchos libros, la mujer encontró la única copia de pasta dura. Y cuando tomó mis 200 pesos recordé en mi cerebro la dulce historia que guardaba en sus páginas y me repetí mil y una veces lo mucho que te encantará leerla. Antes de volver a casa, me he tomada la molestia de comprar una linda caja para el libro para que se viera justo como un regalo, ya que al regalar libros no regalas páginas con garabatos, regalas llaves a otros mundos y por lo tanto se entregan con elegancia. Llegando a mi habitación me siento en los pies de la cama, manoseo la caja con el libro y la aviento a mi almohada . Me levanto y me dirijo hasta el baño, se escucha un silencio morboso, un silencio que hace ruido, y hace ruido por el taconeo de mi caminar, hace ruido por que el cuarto esta vació, hace ruido por que no estas. Al mirarme al espejo y deshacerme el peinado me es fácil dejar de respirar y dejar de soñar, pues tu no estas aquí y el libro no te lo voy a poder dar. No estas aquí, ni pronto lo estarás y por eso existe este silencio tan ruidoso en el alma. Es ruidoso por que me grita que no bailaras conmigo esta noche, que no podré preguntarte cómo llegaste aquí, que no leerás ni la primera palabra de mi libro favorito. Y todo es por que la soñadora sueña. Sueña y no para de soñar porque los sueños la mantienen viva, le dan razón y esperanza de vestirse linda y seguir soñando para ver si en alguno de sus sueños te apareces como una realidad…sin embargo hay silencio de vez en cuando, un silencio que hace ruido en el corazón.

Si yo fuera tan pequeña

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El tiempo me ha dado enanismo y resulto caer en la mentira de ser pequeña en un mundo de gigantes. Quienes antes me miraban ahora me confunden con un hada por el tamaño de mi cuerpo comparado con el tuyo. Yo tengo una teoría más lógica de mi estado físico, mi corazón se ha encogido  por la la falta de esperanza y el confundimiento, esto no es más que una reacción de mi cuerpo para acoplarse al hecho de que mi corazón es frágil y se esconde entre paredes para nunca ser encontrado. Pero de ti espera algo, te convertiste en la razón de sus jugarretas y espera de ti que me hagas caso ahora que soy pequeña. Guárdame debajo de tu almohada, prometo que no hare ruido, y si me das una sonrisa me encargare de ahuyentar todas tus pesadillas. Escóndeme en tu bolsillo para cuando necesites compañía, pues me ingeniare una moneda como asiento de primera para platicar un rato. Resguárdame en una taza y no andes de mirón ya que si me das un pañuelo viejo te sorprenderé con un vestido ingenioso y de gran distinción. Si tus penas vas a ahogar, ahógame con una gota de vino y olvidémonos de todo.   Cuando estés ocupado déjame en aquel alhajero viejo para que baile con la dulce melodía que irradia al girar su llavecita. Planta un girasol para que cuando llueva con sus pétalos me disponga de un paraguas. Y regalo dos suspiros al aire, uno para mi corazón roto y otro para curarme de esta enfermedad, pues si yo fuera tan pequeña tu serías del tamaño que yo quisiera ser para que no me guardaras en polvosas gavetas si no en tu corazón.

La maquina del tiempo



¿A que le temo? Podría hacer una lista enorme de todas las miles de alimañas a las que no me atrevo ni a mirar. Pero realmente si hay algo a lo que yo le deba temer en esta vida, yo no le temería a la muerte inevitable a asecha a todos, ni a las millones de formas de llegar a ella, no le temería a ningún hombre, bestia o amenaza, le temería a la perdida de mi memoria. Esa máquina del tiempo que me lleva al pasado con un poco de esfuerzo y al futuro con un poco de imaginación. Aquel remedio de juventud eterna, por tan solo un instante por que el viaje no dura mucho, la máquina del tiempo no es tan poderosa. Es como tener un pasaje ara ver tierras lejanas o visitar otras nunca antes exploradas. Yo no sé que haría si perdiera aquellos momentos de mi infancia, si perdiera ese boleto a la Toscana o a la bella Venecia que alguna vez visite, si perdiera aquellos malos momentos que me sirven de moraleja a diario o esa capacidad de guardar secretos vitales. Creo que ya no habría por que seguir sin tener esa gota en mi mente que me hace viajar, la imaginación, sin que funcione la máquina del tiempo que mi alma armo, mi memoria. Porque lo que más adoro es poder volver al pasado y aun que no pueda tocar nada ahí, es prueba de un momento inolvidable que ahí se guarda y puedo sacar cuantas veces quiera y cuando quiera, esos momentos que la pase con las personas que más amo, con mis amigos, mi familia y las personas que mas detesto, con mis enemigos. Ojala mi máquina del tiempo sea de acero inoxidable, blindado y con una seguridad máxima, por que no estoy dispuesta a perderla nunca.

Dedicada a: Todos los que crearon una memoria en mi mente...