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La prima ballerina

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El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.

Un secreto en una caja de galletas


Son los secretos que guardo lo que me abre el corazón, lo que me ilumina el alma y también la oscurece. Es mi anatomía relatada desde el punto de vista de mis recuerdos. Son los 7 pecados que no pienso confesar y los suspiros al aire que solo un alma flotante puede dar. Cada uno guardado en una caja de galletas, a lado de mis memorias, muy de cerca para que no se me olviden nunca, pues secreto olvidado no vale nada. Claro está que si le ponemos valor a los secretos no podrían comprarse con monedas ya que el único valor es para el que lo guarda, el goloso que se come las galletas, pero por supuesto sin compartirlas.
Qué libro negro es aquel que relata los sucesos más polémicos, más lindos, más picaros de mi ser. Un libro tan grande y gordo, tan...cambiante. De un momento a otro lo guardo en mi bolsillo pretendiendo tener solo un paquete de mentas mientras en la noche lo abrazo como mi tesoro más preciado. Se pega en mi piel, me soborna a leerlo, me corrompe, me seduce, me embauca en un mundo que es solo mío y que nadie más conoce. Un mundo tornadizo el cual puede estar siempre con una noche triste o romántica y después con un cielo despejado, un mundo escurridizo en el cual puedes perderte fácilmente. Un mundo de sigilo, ventura, apego, nostalgia, pasión y miradas sedantes, con millones de rincones, miles de pasillos, cientos de habitantes pero solo una reina. Un mundo de una noche, mi caja de galletas una tierra de secretos.

Los Monstruos



Ya dejen de gritar! Solo son tres sombras en el armario y nada más. Pero como fue que se metieron tres monstruos en mi armario, cuando fue el momento en que me despiste para que ellos entraran, de seguro fue cuando estuve jugando con mi hermano, tal vez cuando me puse a bailar o apreciar las buenas cosas de la vida. Fue mi culpa por dejar que me vieran como una niña jugando con sus muñecas cuando en realidad me la pasaba pensando en un futuro. Pero ya dejen de gritar! Simplemente no paran, no paran de hablar y de ponerme sogas como marioneta alguna, ya me harté de que me tenga que mover a un lado y luego al otro, tal y como ellos quieren. No soy muñeca y tampoco soy invencible, estos tres monstruos son muy listos y saben cómo hacerme enojar, llorar, gritar, es como si lo disfrutaran por que justamente cuando estoy más feliz qué nunca es cuando todo va mal, es como si lo hicieran adrede aun que empiezo a pensar que es parte de su naturaleza darme agonía. Ya no quiero verlos! Ya no quiero obedecerlos! He sido demasiado buena y aguantado tantas cosas como para seguir con sus malas acciones por que lo único que están haciendo es hacerme ermitaña ante ese mundo de imaginación que me hace bella por dentro y fuera. Gracias a ustedes, mis monstruos, me quedare sola.