Petición por un árbol
Luna De Plata
Dicen que es verdad, que andas regalando lágrimas a la noche y que los lobos ya no te aúllan porque haz decidido cambiar de luz, que dicen que has cambiado el color de tu pelo y que el negro del pergamino ahora se mezcla con el abismo. Es un rato de amargura el que ahora iluminas reflejándote en los ríos y tus pasos parecen sólo traer maldiciones. Luna de plata, mi luna de plata, ¿Por qué me pones en los hombros el peso del universo? ¿Es acaso que te has cansado de sostener con tu dulce fulgor los suspiros de los amantes? Y ahora te asomas en mi ventana con aquella mirada de idilio roto rogando que haga caso a mi corazón cuando tú no tienes uno. Yo pensaba en ti todo el tiempo, en cómo escondías en los luceros los secretos más profundos y los deseos más caprichosos, llegué a presumir tu habilidad para ocultar de los demás el placer que sentías al escuchar la sonata nocturna que el viento te regalaba, incluso insistí en llamarte la madre de los poetas al inspirar cientos de versos con tu amable compañía. Pero ahora tú me has traicionado justo cuando por fin le había guiñado el ojo a la cordura, cuando me había dedicado a vivir sin tus lágrimas vienes y me lloras. Pides que te escriba unas rimas, ruegas que baile con tus pasiones, que me deje llevar por las sonrisas, que me escurra en las manos del amor, que me acobije en fantasías que sólo viven en mi inocencia y que deje atrás el pasado para confiar en un presente. ¿Cómo te atreves luna? Me estas delatando con cada sonrisa, con cada sonrojo y con cada caricia. Pero luna de plata …¿Qué pretendes con seducirme a hundirme en cariño sin futuro? ¿Por qué me traicionas mi luna de plata? Yo que confiaba en ti y me relajaba en tu abrigo de sombras contándote cuentos con la condición de proteger mi alma y su corazón tan roto, pero no vuelvo a mirarte mi traviesa luna, no vuelvo a dejarme caer en los mimos, no vuelvo a confiar en las promesas sin porvenir, no vuelvo a mirar a los ojos a nadie porque no quiero volver a dedicarte aquellos versos de agonía que una vez por confiarme el destino me obligó a relatarte. No, mi luna de plata…nunca más.
La prima ballerina
El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.
Lo que no se perdona
¿Tienen miedo a la muerte? ¿Si hoy murieran, qué estarían dispuestos a dar por un instante más de vida, qué otorgarían por un corazón imperecedero? Bueno, si la fobia al eterno sueño los atormenta quizá coincidan con Bluma, hija del carpintero Ancel Achen. Los Achen eran una familia pequeña de artesanos que se enfocaban en la orfebrería alemana con madera. Su humilde cabaña parecía ser reina de la colina colocada justo antes de que el bosque comenzara en las afueras del pueblo y hasta el tope del alcor donde el más gélido viento acariciaba los pastizales anunciando un destino sombrío. La tragedia comenzó en cuanto la peste asoló la aldea y llevó fútil el alma de la madre de Bluma. Siendo ella una jovencita de 18 años y su padre un hombre maduro de 54, tuvo que adjudicarse el titulo de ama de casa y proteger a su padre. Sin embargo la enfermedad pronto consumió a la joven por igual y en una noche sin luceros la muerte toco su puerta. Una bestia esquelética que jorobada medía 3 metros como mínimo y su caminar hacia un sonido marchito con el golpetear de sus deformes articulaciones entró a la choza con el único propósito de cobrar la deuda con la que todos nacemos. Pero Bluma no podía sostener su fallecimiento tan fácilmente pues de ella dependía la salud y el bienestar de su padre, así que suplicó a aquel ángel mortuorio que la dejará vivir. Después de muchas apelaciones, la muerte se inclinó hacia la joven y le tomo el rostro diciéndole que le propondría un trato. Si no iba a morir tendría que vivir con un propósito único que le mantuviera el cuerpo funcionando, y ese seria ser la artesana de la muerte. Verán, se dice por ahí que este esqueleto andante a falta de ojos pues era ciego ya que realmente no necesitaba ver para juzgar el destino que todos los mortales tienen, sin embargo se le dificultaba saber quién era el desafortunado sin poder reconocer su rostro por lo tanto le pidió a Bluma una tarea que la atormentaría para siempre a cambio de mantenerla viva. Ella debía de observar a la persona destinada a morir y construir un muñeco de madera con sus facciones y dárselo a la muerte para que con el tacto pudiese saber con más precisión a quién debía de visitar. El amor por su padre y el miedo al deceso la obligó a aceptar el contrato sin reflexionar que el vivir puede ser un castigo con el tiempo. Así fue como Bluma vivió y se regocijo de poder respirar y seguir en este mundo día con día. Pero todos nacemos y morimos, es una ley de la cual Bluma no podía seguir reclamando y tuvo que aceptar al cabo de unos meses el fallecimiento de su padre, quien había sucumbido a la misma dolencia que una vez agobio a su hija. Sin nadie más a quien cuidar, la joven se acostumbró a la soledad en la cabaña y reconoció su lúgubre trabajo que prometió cumplir por toda la eternidad. Las estaciones dieron la vuelta por el bosque muchas veces y Bluma siguió igual, ni una arruga, ni una cana, ni un solo dolor en la espalda, seguía siendo la misma joven pálida de cabellos anaranjados. Pero ahora tenía algo diferente, su mirada cristalina se veía apagada, sus pasos silenciosos causaban ecos que murmuraban un temblor en el cuello de quien la viera y su dulce choza ahora parecía una casa fúnebre. Los muñecos de madera de dulces rostros, alegres sonrisas y bellos ajuares yacían en repisas que llenaban más de una pared en la morada. A veces por las tardes si uno prestaba atención podía observar a la joven que tranquila esculpía con una pequeña pala las preciosas figuras. Ella las envidiaba, envidiaba sus sonrisas, sus finos vestidos y trajes, el amor que sentían, las fiestas a las que acudían o en otras palabras… su libertad. Bluma dejó de salir, se volvío en la bruja de las leyendas de los niños del pueblo y en los rumores fantasmagóricos de los adultos para asustar y prevenir a aquel que se atreviera a romper las reglas. A ella no le importó, se hizo la sorda y se escondía en su choza meciéndose en una vieja silla todas las noches hasta que ese frío y rechinante sonido del movimiento de vertebras puntiagudas tambaleándose para mezclarse con el sonído de las tormentas resonaba en su puerta. Asi era la rutina eterna de Bluma Achen, hasta que una mañana, los chismes y los mitos llegarón a su fin con la reaparición de la joven en el pueblo. Todos la vimos pasar, fuimos testigos de su juventud y de su triste mirada al comprar pinturas de cálidos colores en el mercado. Su silueta se perdió en el camino hacia la colina y solo se volvió a trazar con el reflejo de la luz de una vela que retrataba a la muchacha en su mesa de trabajo elaborando otra de sus figuras. Toda la noche se la pasó escarbando la madera y pintando detalle por detalle la figura de una mujer. Por la madrugada cuando la enorme y grotesca bestia la visito, Bluma le entregó sonriente su figura, su obra maestra y apretó la escuálida mano del angel para que no la dejara caer…
La mañana siguiente me apresuré a hacer mi trabajo de dejarle las botellas de la leche fresca en su portal, me sentí confiado en tocar la puerta esperando que ella la abriera y pudiese verla con su mirada perdida y sus cabellos anaranjados, únicamente para confirmar que no fue una alucinación masiva la que había experimentado el día anterior. Sin embargo nadie respondió, me asomé por la ventana y entre las millones de figuritas yacía el cuerpo de la joven que sonriente sostenía una figura de una mujer pálida de labios rojos con un vestido azul que resaltaba su brillante mirada y lucía con distinción una larga cabellera anaranjada…era sin duda Bluma Achen.
En fin, curioso relato este ¿no?, el amor y el miedo de una joven en manos de un vendaval del destino sólo pudo ser solucionado con vivir en lo que se convirtió en la tortura eterna de un corazón que latía sin razón y solamente trajo paz hasta el cesar de su palpitación. Y que aun lechero humilde dejo de moraleja que si vivir es levantarse y andar por andar, prefiero la muerte; y si la muerte es el destino astral que nos aguarda a todos, más vale sonreír un poco cada mañana para no arrepentirse como la hija del carpintero que no dominó la muerte, ni percibió el vivir.
Las Hebras de mi Bufanda
Suaves y coloridas se abrazan las hebras de mi estambre para formar una bufanda. Parecen contar una historia cada vez que con mis dedos las empujo hacia abajo enfilándolas con las otras. Sí, seguro están relatando algo, se percibe en el aire cada murmuro que sueltan. La amarilla entre sus hilos lleva la esperanza de una mirada sollozante. Le sigue la violeta que con su hilaza curiosea en lo más profundo del corazón en busca de aprobación. La roja se deja llevar por los sueños y parece romperse cada vez que un silencio amenaza la habitación. Luego va la marrón, que brinca de alegría para dar promesa a las otras. Sin embargo todas colaboran, se dejan dar vueltas, empujones, pellizcos y apretadas para un mismo propósito. El deseo de ser tuyas y que enlazadas puedan brindarte lo más cercano a una caricia mía, que con su calor simulen lo más parecido posible a la calidez que le regalas a mi alma, que con la historia de amor que llevan en sus fibras logren evitar cualquier estorbo en tu sonrisa. Ojalá y ellas sean las que calmen tu codicioso afán de dejarte llevar por los hilos más obscuros para hacerte ver que ser libre es un beneficio que muchas veces se confunde con egoísmo. Quizás y sean de magia china para encantar con un hechizo de buena suerte aquel camino tan rocoso en el te has metido. Tal vez por pura casualidad los besos ocultos en ellas te recuerden a mí cada invierno en que necesites compañía. Pero ambos sabemos que ni las hebras más finas podrán convencerte de dar con conciencia y sin solicitud a un corazón que da todo y nada recibe. Jamás podrán ser tan perfectas como para enmudecer las palabras que hieren y resuenan en mi alma. Nunca serán tan lindas para asegurarme que soy más y valgo la espera. Pues por más cariño, dedicación y tiempo que les ponga, no se podrán igualar al verdadero amor y apreció que te tengo. Pero yo espero que sean lo suficiente para que las cuides y puedan decir sin palabras lo agradable que es tener tu voz y verte todas las noches en mis sueños.
¡Feliz Navidad!, mis mejores deseos a todos.
J.E
No vemos la misma luna
Me pregunto cómo serán las noches por allá, ¿Será cierto que la misma luna ilumina los sueños de todos?, tal vez tú también te sientas solo y tal vez la gente también baile con muy buena compañía. Le preguntaré a las estrellas si alguna de ellas ha recibido un deseo soñador tuyo, uno de esos que suspiro de vez en cuando con los ojos cerrados cuando te paseas en mis pensamientos. Acaso tú también piensas en mí cuando alguna luz invernal con su cálido color trae alguna ilusión que hace que baile en tu imaginación por un rato, me pregunto si en aquel mundo utópico bailaras conmigo o te limitaras a dejarme brincar por cada rincón de tu cerebro evitándote un raciocinio justo. Y la pregunta de oro se pierda en el amanecer ¿Cómo es que puedes extrañar algo que nunca ha estado? ¿Quién ha hecho la travesura de poner amor a lo que se siente sin tocar, a confiar sin saber, a saber sin ver y a ver sin los ojos? Ni idea. Pero ambos sabemos que el amor no tiene razón, ni tiene reglas y quizá ni nos tiene a nosotros o más bien…no tiene nada preparado para ambos. Esas cosas se arreglan con comprar tiempo, con paciencia pero más que nada con sueños. Mediocre es el que sueña y en el laurel de la ilusión se queda, feliz es el que pelea por aquellas caricias que se esfuman cuando las velas se apagan. ¿Pelearas por mi? ¿Lucharas para que el invierno nunca vuelva a ser frio y el verano nunca vuelva a pasar desapercibido? O te irás por debajo de la mesa junto con todo lo que soy yo. Te amo y no espero que me lo repitas, espero que quieras decirlo y tengas esa frustración de explotar sin comunicarle al manto estelar tus anhelos. No necesito escucharlo, el vacio se ha acostumbrado al molde de mi cuerpo pero escucharlo alguna vez sería un placer indescriptible, pero únicamente si sale del alma y si prometes con eso que no me dejaras otra primavera sola nunca y no dejaras que mis lagrimas se las lleve el viento otoñal jamás. Pero aquí lo que importa es que tan grande puede ser la importancia de la distancia y del egocentrismo para romper barreras tan delicadas y tan difíciles de encontrar. Si vamos a hablar de barreras, tendríamos que tomar en cuenta la fuerza sobre comunal que tienes sobre cualquiera en romper toda pared de hielo que cubría lo que era yo para llegar a lo que realmente escondo y plantar un poco de luz al sombrío corazón roto. Por eso y más no hay escalón tan grande como para alejarme tanto de las dulces sinfonías de la noche que me recuerdan cada segundo que siempre estás aquí.
La cajita dorada
Alguna vez en este mundo hubo una noche de pena. Una noche que la gente guarda en sus suspiros y olvida en las canciones de cuna, una noche donde solamente se dieron lamentos y lagrimas, la noche en que todo mundo se odio y el amor se perdió. De pronto nace de un milagro, la caja dorada, un descubrimiento en lo más profundo de todos los bosques, una especie de caja pequeña únicamente para albergar a una persona por el tiempo que esta quisiera utilizarla como hogar. Si lo pensamos críticamente, podríamos decir que este cofre es una estupidez, pues quien entra ahí se pierde de los cantos de las aves todas las mañanas, se olvida de los colores del atardecer y pierde todo contacto con lo que alguna vez conoció. Sin embargo, la vida no es para verla con lógica si no para verla con los ojos de quien la tiene, solo así podremos observar que la caja es nada más que el utensilio más eficaz para resguardar un corazón del vendaval del destino. Pero que quede en claro que este ataúd de corazones no es un castigo, ni encierra a nadie. Es decir, quien decide usarla es bienvenido dentro y puede salir cuando este guste. Por supuesto no hay que olvidar que a la vida le encantan los trucos y las vueltas, por lo tanto a creado esta caja dorada con algún polvo invisible que se mete por los intestinos y se entierra muy dentro del cerebro volviendo el escondite una adicción para el ermitaño. ¡Se los aseguro! es toda una droga esta cajita con sus doradas paredes, uno se va acostumbrando a su olor, a la escasez de espacio, al poco brillo que se filtra por sus esquinas, uno se va acostumbrando a olvidar. Porque el olvido es la más dolorosa y segadora medicina para no matar al corazón con las memorias y los accidentes de un pasado lóbrego y sin salida. Y déjenme decirles que hace calor una vez dentro, un calor de mil infiernos que te hace sudar amargura, hasta uno la saborea una vez que lleva tiempo ahí metido, la saborea por las miradas de quien se asoma por curiosidad. Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo. Pero no, ese no es el problema, una vez que llevas conociendo esta madriguera se va haciendo uno espacio, un hoyo profundo hacia abajo, si quiera para estirar las piernas, hasta llegar a un momento en donde el pánico se apodera de tu frívola existencia y de una vez por todas Dios te ilumina los sesos con la idea de “quiero salir”. ¡BAH! tontos, volteas de lado en lado y te das cuenta que cavaste tu propia entrada al inframundo y ya no ves la luz con facilidad. Ahí es donde nos encontramos, mi querido lector, o mas bien donde estoy yo. ¡Apresúrate, con más prisa, arrójame una soga! ayúdame a salir, pero no veas mi corazón en el alba pues de tanto frío el será el único que no podrá salir.
El silencio hace ruido
El sol del domingo se las ha arreglado para agrietar mis parpados poco a poco hasta despertarme. Los silbidos de los pájaros parecen decir que si no me levanto rápido el día se me va a ir volando como ellos. La rutina de estirarse mirarse al espejo y convencerse que esto de parecer medio muerto únicamente es momentáneo es cosa que hago en automático, pues mover las piernas sólo por tenerlas no significa estar despierta. A mitad de mi té matutino repasó mi agenda imaginaria mientras recorro con mi mano derecha la curiosa taza. Cuando el calor abraza mi palma se me viene a la mente “Hoy tengo que ir a la librería” o más bien santuario de aventuras que no viviré y personas que nunca seré. Después, en la ducha, me doy cuenta que mi cabello a crecido mucho desde la navidad pasada, antes tocaba mis hombres y ahora llega a cubrir mi pecho, por lo tanto es muy travieso, queriendo aferrarse a mis orejas se forma de nudos que me gusta primero localizar con los dedos y luego asesinarlos con el cepillo. El vestirse es otro cuento, la ropa mal doblada pero muy bien organizada dormita en los cajones esperando nadie la encuentre, pero hoy es domingo y ninguna vestimenta en las gavetas es la que me pondré, hoy será un vestido. Los vestidos que son como sombras colgadas en mi armario, esperan el fin de semana para adueñarse de mi cuerpo y el suertudo será el azul marino. Muy cómodo, sin botones y con un moño en la cintura se convierte en lo último que me faltaba para salir. Me aventuro a llegar a la plaza y decido perderme entre los miles pasillos de libros. parecen ser emparedados de letras, muy ajustados, muy nuevos ¿Quién regalaría algo así? Después de pasear mis ojos por toda la tienda, me tropiezo con una mesita de escritorio que parece ser el contador y ahí una señorita uniformada solicita ayudarme y yo con la boca seca le respondo “La Mecánica del Corazón por Mathiaz Malzieu por favor”, sólo necesitó una coreografía por el teclado de su computador para encontrar la ubicación exacta del libro que buscaba. La mujer, sin mucha expresión en la cara tomo el primero que vio del estante y sin mirarme me lo dio. La ingrata no sabía de libros, pensé, los libros se escogen con cuidado, no por que haya muchas copias significa que todas son iguales. La detuve en su caminar y le dije “¿No tiene de pasta dura?” Estos libros de hoy en día que se conforman con ser cubiertos de plástico y no vestirse de gala para el lector, decepcionan al ojo, enserio. Finalmente entre una mueca molesta y muchos libros, la mujer encontró la única copia de pasta dura. Y cuando tomó mis 200 pesos recordé en mi cerebro la dulce historia que guardaba en sus páginas y me repetí mil y una veces lo mucho que te encantará leerla. Antes de volver a casa, me he tomada la molestia de comprar una linda caja para el libro para que se viera justo como un regalo, ya que al regalar libros no regalas páginas con garabatos, regalas llaves a otros mundos y por lo tanto se entregan con elegancia. Llegando a mi habitación me siento en los pies de la cama, manoseo la caja con el libro y la aviento a mi almohada . Me levanto y me dirijo hasta el baño, se escucha un silencio morboso, un silencio que hace ruido, y hace ruido por el taconeo de mi caminar, hace ruido por que el cuarto esta vació, hace ruido por que no estas. Al mirarme al espejo y deshacerme el peinado me es fácil dejar de respirar y dejar de soñar, pues tu no estas aquí y el libro no te lo voy a poder dar. No estas aquí, ni pronto lo estarás y por eso existe este silencio tan ruidoso en el alma. Es ruidoso por que me grita que no bailaras conmigo esta noche, que no podré preguntarte cómo llegaste aquí, que no leerás ni la primera palabra de mi libro favorito. Y todo es por que la soñadora sueña. Sueña y no para de soñar porque los sueños la mantienen viva, le dan razón y esperanza de vestirse linda y seguir soñando para ver si en alguno de sus sueños te apareces como una realidad…sin embargo hay silencio de vez en cuando, un silencio que hace ruido en el corazón.
Lagrimas de cristal
¿Alguna vez has probado las lagrimas a media noche? Su sabor cambia mucho, en vez de saladas las lagrimas en el principio de la madrugada saben a muerte. La luna las transforma con su tenue luz a gotas de cristal, y al caer por las mejillas raspan la piel hasta resbalarse del rostro y destrozarse en el suelo, dejando pequeños pedazos del mágico vidrio por todos lados buscando causar heridas sangrantes. Son lagrimas de soledad, lagrimas puras de dolor que infectan las extremidades debilitando las piernas y alentando los movimientos de los brazos por querer limpiarse de la tajante agua que brota de los ojos. Pareciera como si el hecho de ser media noche hiciera que el tiempo se fuera de paseo y por un segundo el mundo esté lo suficientemente ocupado para que creas estar abandonado en esta sosegada tortura. Los sentidos se apagan, lo único que se escucha es la fractura del corazón que rechina hasta lo más profundo del tímpano, lo único que se siente es la angustia que se columpia en las costillas y se exhala con cada respiro, lo único que se saborea es la amargura de la muerte, el fallecimiento de ese pedacito que sobraba del corazón, ese pequeño que guardabas para amar. Te das cuenta que la química de las lagrimas lo han derretido y después se ha evaporado para escaparse en cada suspiro. Finalmente, aquella pieza pulverizada actúa como tu ultima esperanza de no morir por la congoja y te deja viajar a un sueño profundo en busca de algo mejor, de otra realidad, una realidad donde tu sonrisa no se vea quebrantada y tus ojos muestren el fulgor de la felicidad que tanto añoras para que solamente las lagrimas de cristal sean un adorno de oficina.
Si yo fuera tan pequeña
El tiempo me ha dado enanismo y resulto caer en la mentira de ser pequeña en un mundo de gigantes. Quienes antes me miraban ahora me confunden con un hada por el tamaño de mi cuerpo comparado con el tuyo. Yo tengo una teoría más lógica de mi estado físico, mi corazón se ha encogido por la la falta de esperanza y el confundimiento, esto no es más que una reacción de mi cuerpo para acoplarse al hecho de que mi corazón es frágil y se esconde entre paredes para nunca ser encontrado. Pero de ti espera algo, te convertiste en la razón de sus jugarretas y espera de ti que me hagas caso ahora que soy pequeña. Guárdame debajo de tu almohada, prometo que no hare ruido, y si me das una sonrisa me encargare de ahuyentar todas tus pesadillas. Escóndeme en tu bolsillo para cuando necesites compañía, pues me ingeniare una moneda como asiento de primera para platicar un rato. Resguárdame en una taza y no andes de mirón ya que si me das un pañuelo viejo te sorprenderé con un vestido ingenioso y de gran distinción. Si tus penas vas a ahogar, ahógame con una gota de vino y olvidémonos de todo. Cuando estés ocupado déjame en aquel alhajero viejo para que baile con la dulce melodía que irradia al girar su llavecita. Planta un girasol para que cuando llueva con sus pétalos me disponga de un paraguas. Y regalo dos suspiros al aire, uno para mi corazón roto y otro para curarme de esta enfermedad, pues si yo fuera tan pequeña tu serías del tamaño que yo quisiera ser para que no me guardaras en polvosas gavetas si no en tu corazón.
La chica del autobús

Siempre esta ahí, parece una sombra entre los corredores, sonriente, pálida y pues…ahí. Es únicamente una mujer caminando, usualmente resalta por ser la cebra entre todo este establo, y por esto mismo ha dejado de resaltar pues toda la granja se ha acostumbrado a su presencia. Sin embargo hoy me encuentro algo sorprendida, hoy sus ojos negros no se ven apenas la orilla, pues sus parpados han decidido acobijarlos con un aire de intriga y preocupación en su rostro. Su caminata no parece tener sentido, va en línea recta pareciendo como siempre saber su destino, pero busca con la mirada apagada el camino al autobús. Cualquiera que no la conociera diría que esta enferma, que le molestan los intestinos irritados por alguna sustancia rancia que tal vez cenó. Pero no, no era un ardor en el estomago el que le quebrantaba la sonrisa que ahora en vez de curvarse en sus mejillas parecía mas bien un zig zag, era algo más, un secreto. Le habían confiado un secreto muy grande, algo personal y fuerte, algo que ella no podía comprender con la inocencia en que confiaba de alguna forma en que la juventud no tenia que igualarse al desorden y la inmadurez. El secreto escondía entre líneas a su amiga que era una niña jugando a estar lista, una niña confundida y sola que entre malas palabras y varios vicios pretendía ser adulta. Aquella amiga suya no se dió cuenta que a quien confió su secreto era su contrario en el espejo, esta chica sin nombre en el autobús siempre analiza a sus pasajeros y cómo siempre el camión los llevaba al mismo lugar. Los veía bajarse decepcionados, los veía subir con entusiasmo, los observaba dormir en el transcurso mientras otros trabajaban, no importa el caso, ella siempre los analizaba. Y ahora tenía el corazón envuelto en rasposas vendas, analizar a su compañera se lo ha roto y justamente le ha dado justificación a su mirada sin luz. Está decepcionada, más de todos que de su amiga, sus pequeños ojos se han abierto a ver a los pasajeros de otra manera y tiraron la confianza y la esperanza en ellos. Ahora no los mira pues cierra los ojos y espera que el mastodonte con ruedas llegue veloz a su hogar, su pecho se levanta ligeramente con los suspiros que regala al aire mientras las ruedas del transporte ruedan eternamente sin llevarla a ningún lugar. Y ahora que finalmente era momento de bajar la chica se levanta con la frente en alto, si tan solo supieran todos ellos la defensora que acababan de perder, pensó, lo habrían pensado dos veces. Sin embargo el orgullo y la tenacidad no fueron suficientes para detenerla a volver la mirada discretamente al bajar los escalones del gigantesco automóvil y así despedirse de su ayer.
Leo, ¿Hice mal?

Leo:
Ya ha pasado tiempo, los sucesos no van mal, me ha salido todo de maravilla, si supieras...que mal me sale impresionar. Como una persona común se me da el deseo y privilegio de impresionar, de llegar y alardear de las cosas hechas, logradas, felices, buenas noticias en general; pero un problema hay, no me sale impresionar.
Si hay una buena noticia entonces es común o siempre habrá algo negativo que encontrar. ¡Que va! según todos me felicitaran ¿Pero realmente lo harán? y si lo hacen no es suficiente porque para llegar ahí la buena noticia debió pasar por mala y ser escupida, masticada y tragada por un rato, que bueno eso es ejemplo de lo que llamo yo "una noticia suertuda".
Después pasan las horas y me pregunto: ¿Hice mal? ¿Hice bien? ¿Qué hice? Nunca hay respuesta. Pero tu Leo, mi amigo Leo, el que todo lo sabe Leo, tú debes tener respuesta a mis preguntas. Si no es así, Leo, supongo no hay solución al problema, hablar no funcionara, esperar no lo sé, ya he esperado mucho. Quizás es que mi esfuerzo y logro no merece alabanza ni tampoco recompensa o es posible que todavía no sea momento, pero entonces ¿Cuándo será?
Leo, ¿Hice mal?
Te extraño
Te extraño porque las mañanas se sienten vacías. Extraño tu sonrisa. Te extraño por ser el único que me escuchaba atentamente y siempre estaba ahí. Te extraño porque expresabas tu amor con tu grata mirada y mil apodos corrían por mi mente solamente para resumir lo mucho que sufriría con tu perdida. Extraño aquellos días en que solías pasearte por mi habitación con espíritu explorador y mente atenta. Como olvidar cuando te aparecías de sorpresa haciendo payasadas para pintarme una sonrisa, aquella firma que tú solo tenias. Te extraño por aquellos días lluviosos en los cuales me gustaba comprarte un pan dulce para pasar un rato juntos. Te extraño por amarme, por divertirme, por llevarme a un mundo lejano, por...ser mío. Pero sobre cualquier otra razón, te extraño porque sé que ya no vuelves
Dedicado a Timmy (haces falta)
Extraño
Tu sombra camina por el pasillo, juro que la he visto antes, pero por otra parte se que eres un completo extraño. Tu personalidad se guía por tus preferencias, tu bienestar y se alimenta de tu oficio, mientras las almas que te rodean sufren por tus mínimas decisiones. Hoy te intento recordar, apenas y te veo como un conocido del ayer. Te prometo no te vuelvo a hacer una "escena", extraño, pues ya veo que no has madurado, pero te lo recuerdo, para mi eres un completo extraño.
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