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Quizá encuentres un tema para escribir…

    

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              Después de haberme servido una buena cantidad de champagne en mi copa y ver como el delicado tornado de burbujas giraba justo en medio de ella, me dirigí directo a mi habitación. “¿No vendrás a ver la película? quizá encuentres un tema para escribir…” escuché a mi padre decir cuando me vio marcharme. Yo sólo volteé y le sonreí, fue una sonrisa sincera, una llena de felicidad, repleta de dicha y sin remordimiento. Me reía en secreto de la ironía del suceso y ojalá mi padre hubiera entendido en ese momento que tan sólo unos instantes antes de que mi copa se llenará, yo ya había encontrado el mejor tema para un ensayo…hablaría de mí.

     Creo que la persona promedio camina por la vida en una burbuja rutinaria entre el trabajo y la cama, únicamente sobrevive, tan sólo existe como pigmento de una obra de arte preguntándose ¿Quién soy? ¿A dónde voy? y nadie escapa de esas incógnitas eternas. Pero incluso en esta vida llena de problemas, apatía y crueldad, existe un instante, tan fugaz como la brisa de otoño que recurre mi balcón ahora mismo, que responde y duerme toda preocupación que la mente pueda provocar. Uno de esos momentos me sucedió tras haber encontrado entre un montón de papeles un tesoro más valioso que el oro, más brilloso que cualquier joya, un tesoro inigualable…me encontré escondida. Así es, estaba yo dormida en un pequeño folder acobijada por una tarea de cuando iba yo en primaria. La tomé con mis manos y leí el trabajo “Traer información de 3 animales que después de nacer no necesitan ayuda de la madre” decía mal escrito y con letra regordeta. Sin embargo el reflejo de la luz me señaló que detrás de la hoja había algo más escrito “Creo en vivir en el sentido más profundo. Creo en amar y en en corregir mis errores ya que hay tiempo para los dos . Pero soy devota a la paz de provocar una sonrisa a alguien más” decía en la misma letra gorda y con la misma pésima ortografía. La frase no sólo explicaba el por qué reprobaba ciencias desde chica, si no que también explicaba todo con nada. Es decir, la frase que parecía pérdida en el tiempo por apuntes infames, buscó entre mi ser para estrellarse con un espejo roto que reparó con una verdad irrefutable de una fe olvidada. Pero yo sólo sonreí y deje el papel a un lado para buscar en aquel folder más de la medicina de la enfermedad de la rutina. Viaje entre mapas y envolturas de chocolate a Venecia, encontré Madrid con una moneda de 1378, jugué a las escondidas con las pulseras de las viejas amigas, canté con mi boleto al fantasma de la ópera, di piruetas por toda la habitación con mi pase al circo, me subí a las mejores atracciones con Mickey Mouse y finalmente en tinta borrosa y papel maltratado me tope con mi primera novela. La había escrito en el 2005 con una maquina de escribir que me habían regalado esa misma navidad, observé los tachones con pluma de cuando la muñeca se cansaba y presionaba la tecla equivocada, me enfadé con sus villanos y ame sus héroes como antes para volverme a enamorar de la vida. Después sentada entre las alas de mi avioneta fantástica empecé a guardar una por una las memorias de un pasado de aventuras, no las guardé porque quería esconderlas del mundo,  si no que las acobije en gavetas para armar de nuevo en cualquier noche fría aquel avión de sueños que me guiará al país que con mis pasos he creado. Y si en algún momento por jugarretas de la vida llegará yo a perder mis postales de Paris o mis llaveros de Padua, Dios sabe que no dejaré que el viento acaricie lágrimas de mis mejillas, pues las cartas de navidad y los borradores de mi trabajo no son clave de mi pasado, son mas bien pruebas de la obra de arte que han dejado en mi alma y el verdadero tesoro de mis memorias es su producto creciente en mi vida. Y es que aquellas joyas de plástico y esas fotos mal tomadas son detallitos que en la rutina se nos pasan, pero en el alma son los que llenan las grietas vacías que sangran de vez en cuando.

Dedicado a mi papá…

El sonido de las teclas y la tinta de la pluma

 

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                  El sonido de las teclas y la tinta de la pluma son lo único en este lugar. Libretas en blanco y letras escondidas en los cajones  son sus habitantes. Me pregunto si se esconden de quien las busca o se escapan del tiempo para no volverse en proverbios, al fin y al cabo da lo mismo son solo letras garabateadas, un abecedario sin mensaje que solo se dedica a conspirar hacia el alma. Y uno que le va a hacer a esas chismosas que no paran de parlotear las ocurrencias de este colorido escritorio. Se murmura la B a la C que hace unos meses habían atrapado a la A para formar con otros aliados la palabra "Amor" y ahora hace unos segundos la tomaban para formar "Agonía". Yo realmente solo pongo los ojos en blanco, estas letras quejumbrosas sin vocabulario. Por otro lado la Z me estaba contando que por ser la última se ha dado que cuenta que la palabra "Confianza" que hace tiempo guarde en el tocador estaba gravemente enferma ya que ahora se veía al espejo y en vez de verse reflejada solo veía "Calumnia" en el cristal. Saque el borrador para tallar la palabra y jugar a ser graduada en medicina, pero desconsolada recordé haberla escrito con tinta hace mucho pues pensé que iba a ser tan importante que no merecía el lápiz. No habrá otra solución que mandarla al matadero, escena que asusta a las vocales, pues el papel se pudre, se arruga y se bota.  Ahora mientras trazo elegantes espirales a la F la I y la N, me voy enterando que "Corazón"  en tinta roja y subrayada se ha vuelto a encerrar en ese problemático baúl el cual siempre pierdo llave. Vaya enigmático pueblo de letras perdidas y cobardes que para andar llenando páginas tengo que hacerla de exploradora y luego aguantarme las consecuencias.