Mostrando entradas con la etiqueta angel. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta angel. Mostrar todas las entradas

Los Tonos Grises De La Madrugada

     



     Es media noche y decido volver a tenderte una trampa secreta disfrazada en un inocente deseo de compañía para poder llevarte a la cama. A diferencia de las otras mil veces en que mis propuestas has ignorado, esta noche hay luna llena, y se te nota cansada. Sí, te ves agotada de cargar un enorme peso sobre tus hombros que, a sorpresa de los demás, no se debe a tu fanatismo por el trabajo. Me temo que la saturada carga que te importuna es sólo identificable por quienes también la han padecido…gente como yo. No necesité invitarte más de dos cervezas para encontrar esas grietas de soledad en tu dulce perfume o esos suspiros vacíos en medio de tu risa. Y a ti no te hizo falta más que la combinación de tu elegante vestido con tu sedosa voz para llenar mis fantasías toda la semana. Por eso este domingo, enloquecido  e insolente,  escondo en mis palabras una invitación que sé que no podrás negar. Te invito a ser mía. Con eso te propongo enterrar esos prejuicios que te persiguen y esa moral que te encadena para sólo relajarte y dejar salir tus perversiones más íntimas; pues ambos sabemos que ese velo de inocencia que vistes en tu sonrisa es sólo una máscara de los deseos carnales que escondes en tu mirada. Así que deja de poner excusas y hacerte del rogar que hasta tú sabes que el mundo te ha fallado y te ha empujado hasta este bosque en donde sólo te queda rendirte a la boca del lobo, mi coqueta caperuza.  


     Sin embargo ahora al prender una vela y fumarme un cigarro me  siento a esperar que los tonos grises de la madrugada se vuelvan cálidos con las notas de tu violín fugitivo; ese de amargo sabor que resuena en tu caminar. Y al verte desnuda durmiendo a mi lado me doy cuenta de que no estas hecha para esto. Es decir, aunque el trabajo no te siente mal y tu boca me diga que me aproveche, tus ojos te delatan con un suspiro que grita que me amarías incluso si mis manos estuvieran alrededor de tu cuello. Es cierto, la diferencia entre tú y yo no recae en las diferentes danzas nocturnas que practicamos; si no en que yo soy la sombra de un fauno que divertido espera por comerse a las ninfas y en cambio tú eres un ángel que daría sus alas por morir a lado de su querido demonio. 

Lo que no se perdona




¿Tienen miedo a la muerte? ¿Si hoy murieran, qué estarían dispuestos a dar por un instante más de vida, qué otorgarían por un corazón imperecedero? Bueno, si la fobia al eterno sueño los atormenta quizá coincidan con Bluma, hija del carpintero Ancel Achen. Los Achen eran una familia pequeña de artesanos que se enfocaban en la orfebrería alemana con madera. Su humilde cabaña parecía ser reina de la colina colocada justo antes de que el bosque comenzara en las afueras del pueblo y hasta el tope del alcor donde el más gélido viento acariciaba los pastizales anunciando un destino sombrío. La tragedia comenzó en cuanto la peste asoló la aldea y llevó fútil el alma de la madre de Bluma. Siendo ella una jovencita de 18 años y su padre un hombre maduro de 54, tuvo que adjudicarse el titulo de ama de casa y proteger a su padre. Sin embargo la enfermedad pronto consumió a la joven por igual y en una noche sin luceros la muerte toco su puerta. Una bestia esquelética que jorobada medía 3 metros como mínimo y su caminar hacia un sonido marchito con el golpetear de sus deformes articulaciones entró a la choza con el único propósito de cobrar la deuda con la que todos nacemos. Pero Bluma no podía sostener su fallecimiento tan fácilmente pues de ella dependía la salud y el bienestar de su padre, así que suplicó a aquel ángel mortuorio que la dejará vivir. Después de muchas apelaciones, la muerte se inclinó hacia la joven y le tomo el rostro diciéndole que le propondría un trato. Si no iba a morir tendría que vivir con un propósito único que le mantuviera el cuerpo funcionando, y ese seria ser la artesana de la muerte. Verán, se dice por ahí que este esqueleto andante a falta de ojos pues era ciego ya que realmente no necesitaba ver para juzgar el destino que todos los mortales tienen, sin embargo se le dificultaba saber quién era el desafortunado sin poder reconocer su rostro por lo tanto le pidió a Bluma una tarea que la atormentaría para siempre a cambio de mantenerla viva. Ella debía de observar a la persona destinada a morir y construir un muñeco de madera con sus facciones y dárselo a la muerte para que con el tacto pudiese saber con más precisión a quién debía de visitar. El amor por su padre y el miedo al deceso la obligó a aceptar el contrato sin reflexionar que el vivir puede ser un castigo con el tiempo. Así fue como Bluma vivió y se regocijo de poder respirar y seguir en este mundo día con día. Pero todos nacemos y morimos, es una ley de la cual Bluma no podía seguir reclamando y tuvo que aceptar al cabo de unos meses el fallecimiento de su padre, quien había sucumbido a la misma dolencia que una vez agobio a su hija. Sin nadie más a quien cuidar, la joven se acostumbró a la soledad en la cabaña y reconoció su lúgubre trabajo que prometió cumplir por toda la eternidad. Las estaciones dieron la vuelta por el bosque muchas veces y Bluma siguió igual, ni una arruga, ni una cana, ni un solo dolor en la espalda, seguía siendo la misma joven pálida de cabellos anaranjados. Pero ahora tenía algo diferente, su mirada cristalina se veía apagada, sus pasos silenciosos causaban ecos que murmuraban un temblor en el cuello de quien la viera y su dulce choza ahora parecía una casa fúnebre. Los muñecos de madera de dulces rostros, alegres sonrisas y bellos ajuares yacían en repisas que llenaban más de una pared en la morada. A veces por las tardes si uno prestaba atención podía observar a la joven que tranquila esculpía con una pequeña pala las preciosas figuras. Ella las envidiaba, envidiaba sus sonrisas, sus finos vestidos y trajes, el amor que sentían, las fiestas a las que acudían o en otras palabras… su libertad. Bluma dejó de salir, se volvío en la bruja de las leyendas de los niños del pueblo y en los rumores fantasmagóricos de los adultos para asustar y prevenir a aquel que se atreviera a romper las reglas. A ella no le importó, se hizo la sorda y se escondía en su choza meciéndose en una vieja silla todas las noches hasta que ese frío y rechinante sonido del movimiento de vertebras puntiagudas tambaleándose para mezclarse con el sonído de las tormentas resonaba en su puerta. Asi era la rutina eterna de Bluma Achen, hasta que una mañana, los chismes y los mitos llegarón a su fin con la reaparición de la joven en el pueblo. Todos la vimos pasar, fuimos testigos de su juventud y de su triste mirada al comprar pinturas de cálidos colores en el mercado. Su silueta se perdió en el camino hacia la colina y solo se volvió a trazar con el reflejo de la luz de una vela que retrataba a la muchacha en su mesa de trabajo elaborando otra de sus figuras. Toda la noche se la pasó escarbando la madera y pintando detalle por detalle la figura de una mujer. Por la madrugada cuando la enorme y grotesca bestia la visito, Bluma le entregó sonriente su figura, su obra maestra y apretó la escuálida mano del angel para que no la dejara caer…

La mañana siguiente me apresuré a hacer mi trabajo de dejarle las botellas de la leche fresca en su portal, me sentí confiado en tocar la puerta esperando que ella la abriera y pudiese verla con su mirada perdida y sus cabellos anaranjados, únicamente para confirmar que no fue una alucinación masiva la que había experimentado el día anterior. Sin embargo nadie respondió, me asomé por la ventana y entre las millones de figuritas yacía el cuerpo de la joven que sonriente sostenía una figura de una mujer pálida de labios rojos con un vestido azul que resaltaba su brillante mirada y lucía con distinción una larga cabellera anaranjada…era sin duda Bluma Achen.

En fin, curioso relato este ¿no?, el amor y el miedo de una joven en manos de un vendaval del destino sólo pudo ser solucionado con vivir en lo que se convirtió en la tortura eterna de un corazón que latía sin razón y solamente trajo paz hasta el cesar de su palpitación. Y que aun lechero humilde dejo de moraleja que si vivir es levantarse y andar por andar, prefiero la muerte; y si la muerte es el destino astral que nos aguarda a todos, más vale sonreír un poco cada mañana para no arrepentirse como la hija del carpintero que no dominó la muerte, ni percibió el vivir.

La Catrina y Los Trenes

 

gal__63_catrina

Todavía recuerdo con exactitud aquel 31 de diciembre en que impaciente me apresuré a la estación para tomar el primer tren por la mañana. Para mi sorpresa mi tren aun no llegaba y buscando lugar donde esperar me encontré a la Catrina sentada en un banco de pino verde justo al frente de los rieles de la puerta 7. Seguramente esperaba a alguien, buscaba algo o quizás su tren también venía tarde, de todas maneras inocentemente le serví de compañía sentándome a su lado. No le había dirigido la palabra y su huesudo rostro mostraba ya una sonrisa débil. Chasqueando los dedos adivinó sin pensar demasiado que mi tren no había llegado aun, pues seguramente nadie se ofrecía de acompañante para una dama como ella sin una excusa célebre.

- No te preocupes joven, aquí los trenes siempre llegan. Apenas tocan la estación y se van tan rápido como pueden, no muchos logran subir incluso con el boleto comprado. Corren y saltan, tiran ajuares pesados y pertenencias extravagantes con tal de poder alcanzar algún vagón del tren, como si una vez adentro ya tuvieran por seguro que este llegará a la siguiente estación.- mencionó imitando con sus largos dedos el correr y desesperación de la gente.

- ¿Pero cómo, acaso el tren no tiene obligaciones? Reglas de llegar al lugar prometido y esperar a quienes ya tienen su lugar ahí dentro- repliqué.

- No precisamente, se ve que no sabes mucho de estas maquinas. Yo que he quitado el dolor y ansiedad de mucha gente, puedo decirte que entre las penas más comunes de todas las almas el éxito se confunde mucho con la seguridad. Es decir, la gente ha olvidado que las posibilidades existen en todas las vías, que hay trenes que prometen todo y hay trenes que prometen nada, sin embargo ser dueño de un boleto no significa ser dueño del viaje y su destino. ¿Entiendes?

- ¿Quiere decir qué…yo no llegaré a la estación que deseo?

- No exactamente. Lo que quiero decir es que aquel papel que tienes no es recibo del destino. Hay suertudos que llegan a lugares grandes, lejos, justo los que querían mientras otros se llevan sorpresas y terminan en un lugar inesperado, eso es lo genial de este medio de transporte…uno nunca sabe. Pareciese que todos esos boletos son solo más que juguetes para tranquilizar a los viajeros de la aventura que es subirse ahí. Hubo una vez en que yo podía subir, veras no siempre fui un saco de huesos para cobrar deudas con las que nacemos, una vez yo pude subir a un tren de estos. Curiosamente en esta misma puerta, los vagones de primera clase con el mejor servicio y una tranquila comodidad. Casi todos los viajes son muy largos y la gente ahí crea su mundo, trabajan, hablan, comen, rezan, bailan, etc. En pocas palabras viven esperando a que el tren llegue y si pasa mucho tiempo el destino vale muy poco, solo quieren que exista uno al final del día. Quienes aprovechan el encierro en la maquinaria encuentran compañía que tal vez decida bajarse junto a ellos y otros se topan con quienes prefieren alejarse, pero no importa la situación el tren sigue andando y perdiéndose en los paisajes. Yo cuando subí pensé que por estar en primera clase tendría la mejor vista de todas, después me di cuenta que no importaba el vagón en el tren, todos teníamos el mismo panorama. En conclusión te voy a dar un consejo muchacho, no te la pases pensando en la dirección de las vías del tren todo el momento, todos los trenes llevan a algún lado y poco podemos controlar de su velocidad y sus carriles, porque el día que bajes a la estación y te topes conmigo más vale que no quepa arrepentimiento en las valijas que llevas en tu alma. Y ahora que el silbato suena a lo lejos, me despido de ti y suerte te deseo en tu viaje para que en el danzón que te garantiza tu boleto encuentres algo más que solo una estación para alcanzar.

Leo, ¿Hice mal?


Leo:

Ya ha pasado tiempo, los sucesos no van mal, me ha salido todo de maravilla, si supieras...que mal me sale impresionar. Como una persona común se me da el deseo y privilegio de impresionar, de llegar y alardear de las cosas hechas, logradas, felices, buenas noticias en general; pero un problema hay, no me sale impresionar.

Si hay una buena noticia entonces es común o siempre habrá algo negativo que encontrar. ¡Que va! según todos me felicitaran ¿Pero realmente lo harán? y si lo hacen no es suficiente porque para llegar ahí la buena noticia debió pasar por mala y ser escupida, masticada y tragada por un rato, que bueno eso es ejemplo de lo que llamo yo "una noticia suertuda".

Después pasan las horas y me pregunto: ¿Hice mal? ¿Hice bien? ¿Qué hice? Nunca hay respuesta. Pero tu Leo, mi amigo Leo, el que todo lo sabe Leo, tú debes tener respuesta a mis preguntas. Si no es así, Leo, supongo no hay solución al problema, hablar no funcionara, esperar no lo sé, ya he esperado mucho. Quizás es que mi esfuerzo y logro no merece alabanza ni tampoco recompensa o es posible que todavía no sea momento, pero entonces ¿Cuándo será?

Leo, ¿Hice mal?