Los Tonos Grises De La Madrugada
Lo que se siente serte infiel
Si otra vez me enamoro, no será de una mujer...
Luna De Plata
Dicen que es verdad, que andas regalando lágrimas a la noche y que los lobos ya no te aúllan porque haz decidido cambiar de luz, que dicen que has cambiado el color de tu pelo y que el negro del pergamino ahora se mezcla con el abismo. Es un rato de amargura el que ahora iluminas reflejándote en los ríos y tus pasos parecen sólo traer maldiciones. Luna de plata, mi luna de plata, ¿Por qué me pones en los hombros el peso del universo? ¿Es acaso que te has cansado de sostener con tu dulce fulgor los suspiros de los amantes? Y ahora te asomas en mi ventana con aquella mirada de idilio roto rogando que haga caso a mi corazón cuando tú no tienes uno. Yo pensaba en ti todo el tiempo, en cómo escondías en los luceros los secretos más profundos y los deseos más caprichosos, llegué a presumir tu habilidad para ocultar de los demás el placer que sentías al escuchar la sonata nocturna que el viento te regalaba, incluso insistí en llamarte la madre de los poetas al inspirar cientos de versos con tu amable compañía. Pero ahora tú me has traicionado justo cuando por fin le había guiñado el ojo a la cordura, cuando me había dedicado a vivir sin tus lágrimas vienes y me lloras. Pides que te escriba unas rimas, ruegas que baile con tus pasiones, que me deje llevar por las sonrisas, que me escurra en las manos del amor, que me acobije en fantasías que sólo viven en mi inocencia y que deje atrás el pasado para confiar en un presente. ¿Cómo te atreves luna? Me estas delatando con cada sonrisa, con cada sonrojo y con cada caricia. Pero luna de plata …¿Qué pretendes con seducirme a hundirme en cariño sin futuro? ¿Por qué me traicionas mi luna de plata? Yo que confiaba en ti y me relajaba en tu abrigo de sombras contándote cuentos con la condición de proteger mi alma y su corazón tan roto, pero no vuelvo a mirarte mi traviesa luna, no vuelvo a dejarme caer en los mimos, no vuelvo a confiar en las promesas sin porvenir, no vuelvo a mirar a los ojos a nadie porque no quiero volver a dedicarte aquellos versos de agonía que una vez por confiarme el destino me obligó a relatarte. No, mi luna de plata…nunca más.
La prima ballerina
El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.
Mulata
El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!
No vemos la misma luna
Me pregunto cómo serán las noches por allá, ¿Será cierto que la misma luna ilumina los sueños de todos?, tal vez tú también te sientas solo y tal vez la gente también baile con muy buena compañía. Le preguntaré a las estrellas si alguna de ellas ha recibido un deseo soñador tuyo, uno de esos que suspiro de vez en cuando con los ojos cerrados cuando te paseas en mis pensamientos. Acaso tú también piensas en mí cuando alguna luz invernal con su cálido color trae alguna ilusión que hace que baile en tu imaginación por un rato, me pregunto si en aquel mundo utópico bailaras conmigo o te limitaras a dejarme brincar por cada rincón de tu cerebro evitándote un raciocinio justo. Y la pregunta de oro se pierda en el amanecer ¿Cómo es que puedes extrañar algo que nunca ha estado? ¿Quién ha hecho la travesura de poner amor a lo que se siente sin tocar, a confiar sin saber, a saber sin ver y a ver sin los ojos? Ni idea. Pero ambos sabemos que el amor no tiene razón, ni tiene reglas y quizá ni nos tiene a nosotros o más bien…no tiene nada preparado para ambos. Esas cosas se arreglan con comprar tiempo, con paciencia pero más que nada con sueños. Mediocre es el que sueña y en el laurel de la ilusión se queda, feliz es el que pelea por aquellas caricias que se esfuman cuando las velas se apagan. ¿Pelearas por mi? ¿Lucharas para que el invierno nunca vuelva a ser frio y el verano nunca vuelva a pasar desapercibido? O te irás por debajo de la mesa junto con todo lo que soy yo. Te amo y no espero que me lo repitas, espero que quieras decirlo y tengas esa frustración de explotar sin comunicarle al manto estelar tus anhelos. No necesito escucharlo, el vacio se ha acostumbrado al molde de mi cuerpo pero escucharlo alguna vez sería un placer indescriptible, pero únicamente si sale del alma y si prometes con eso que no me dejaras otra primavera sola nunca y no dejaras que mis lagrimas se las lleve el viento otoñal jamás. Pero aquí lo que importa es que tan grande puede ser la importancia de la distancia y del egocentrismo para romper barreras tan delicadas y tan difíciles de encontrar. Si vamos a hablar de barreras, tendríamos que tomar en cuenta la fuerza sobre comunal que tienes sobre cualquiera en romper toda pared de hielo que cubría lo que era yo para llegar a lo que realmente escondo y plantar un poco de luz al sombrío corazón roto. Por eso y más no hay escalón tan grande como para alejarme tanto de las dulces sinfonías de la noche que me recuerdan cada segundo que siempre estás aquí.
Eros
Hoy me voy a levantar despacito, abriré de poco en poco los ojos para que la vista no me vaya a engañar con un espejismo en la cama. Voy a jugar a ser el mar y envolverte con mis brazos. Tendré la excusa de doctora preocupada por el estado de tu corazón para poder inclinarme a escuchar sus latidos, pues me pregunto si seguirán el ritmo de alguna canción mía. Tal vez por hoy, que el tiempo se detuvo, el sol jugará a ser Renoir y con sus tenues rayos pintarnos bien juntitos. Me voy a dar la tarea de examinarte con la mirada y recorrer con los ojos cada línea que forma tu rostro para poder seducir a mis manos para posarse en tus mejillas y reírme a solas de que no seas una viva ilusión que soñé anoche. Sin embargo, en medio de la ironía te mueves un poco y murmuras algo que solo tu y algún otro turista del país de los sueños podría entender. Ahora espero me perdones el crimen de asesinar tu sueño con un pequeño beso matutino que quizá te haga despertarte despacito y abrir los ojos de poco a poco solo para ver que el tiempo se ha detenido y aquí estoy yo a tu lado.
Pasión

El amanecer nos delata tras una noche de secretos, una noche, un secreto. Yo no hablo, tu calla, ambos sabemos lo que nos cuesta este secreto, peligroso y salvaje. No lo digas, no lo murmures, no lo recuerdes, ni en tus mas íntimos pensamientos, es de nosotros el ardor del alma. El sudor de la frente no cae, déjate llevar por la esencia de aquel secreto que no necesitas ocultarme, es mío, es tuyo, somos uno.
Baila, siente el ritmo del plenilunio a media noche, la luna que te invita a liberarte, baila conmigo al son de la nocturna. Hay fuego en tus ojos, cenizas me vuelves, incontrolable, irresistible. Si es de consuelo, te prometo, te juro, que de esta noche en adelante el secreto se queda en el baile, en la fusión de el ritmo con nuestros cuerpos. La canción no para, lo se por que siento su retumbar, pero no la escucho, en este momento no hay otro, no hay otra, eres tu solamente el que embona con la canción. No me delates, no te delatare, un amor peligroso, un baile provocador, un beso seductor, tu vida fundida a mi cuerpo, una promesa de dos amantes.
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