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Analogía De Una Burbuja

 

 

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Con el pasar de los años y las mil y un analogías sobre la vida y el amor que he llegado a comprender, ahora puedo decir que la desordenada efímera vida…se parece mucho a mi tina. Claro que es parecida, únicamente similar por supuesto, porque al fin y al cabo los problemas que se mezclan en el agua no son ni un torbellino de estrés en el mundo en el que me muevo. Pero a lo que me refiero es que he llegado a envidiar el mundo de mi baño; tan sólo con ver las burbujas el rostro se me torna verde de los celos que les tengo a esas gordas pompas de jabón. Y es que ellas siempre me provocan a reventarlas, pues me presumen con gracia lo libres que son, la delicadeza que las forma y la belleza que las rodea. Incluso en el escenario más dramático ellas sólo vuelan y si el destino las toca, sólo se revientan. Desaparecen en un parpadeo como si un fantasma fugaz se las robará en un acto egoísta. ¡Vaya como las envidio! Siempre tan calmadas en la tempestad y tan decididas a volar con sensatez. Quizá de mis celos existe una pizca de empatía pues entre sus sueños, al igual que yo, son víctimas de la ironía y las mentiras del destino. Su delicadeza se iguala con la de mi espíritu, que manejado por las emociones, con el simple roce de un amor falso, se rompe en una silenciosa pero letal explosión. El melodioso movimiento que hacen al volar se puede comparar con el subir y bajar de los caminos de la vida, de los cuales a falta de aire suelen ocasionar una fea caída. Así como ellas son susceptibles a los pinchazos que las desinflen, yo soy vulnerable a las agujas del desamor y el odio que mezclados con la agonía de los corazones rotos me matan de igual manera pero sin tanta prisa. Finalmente mi mayor envidia siempre será el resultado de la característica que más compartimos, pues me identifico con su resbalosa existencia ya que entre sus colores recónditos yace un alma igual de colorida que el mundo que las rodea. Aquellos fantasmas de colores que resbalan en lindos espirales en sus paredes enjabonadas son como el alma misma que me envuelve y guía, que a pesar de sólo verse a contra luz, sigue ahí formando las paredes de lo que soy…tan sólo un personaje de una autobiografía, tan sólo un punto final de un poema de amor, tan sólo un sinónimo de libertad...tan sólo un alma que quiere volar.

El Veneno

 

 

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          Esa tarde en el mercado te había visto, pues te habías desecho de tus alas de ángel y tu cola de diablo para llenar un vestido ajustado y rojizo que te disfrazaba de mujer distraída oliendo las flores. Y cómo olvidar ese perfume que fue el veneno que marcó los ríos de delirio en mi cordura que mojaron las ganas de seguirte la sombra. Esa silueta iluminada únicamente por el más cálido fuego de las pasiones más efervescentes que resguardabas en tus guiños. Y te seguí hasta la plaza mayor para perderte por un ratito y después seguirte el rastro por el raspar de tus tacones que hicieron eco hasta en el oído más sordo. Pronto te acorralé en un callejón apretado y me acerqué con decisión y una sonrisa que reconoció tu belleza invitándote un par de copas en un bar muy cerca y con un regocijo esponjado aceptaste titubeando. La conversación fluyo como canto de cuna para el sol que fue a dormirse y después trajo a luna que con sus luceros nos invitó a bailar en tu departamento. Y con el ritmo de tus caderas me acobijaste los ojos para soñar que tu eras una flor desvestida y tus labios eran del color carmín que bañaban todos mis atardeceres. Pero una vez abierta mi mirada, tu sonreíste y me besaste en la mejilla agradeciendo la velada diciendo que si era tarde tu sofá me esperaba. Y aun que el reloj decía sólo media noche y mi piso estaba a dos calles, a regañadientes murmuré lo peligroso que era mi travesía de vuelta y que la oferta sonaba de maravilla. Finalmente mientras me dabas una almohada y un cobertor viejo mi mente se arrodillaba diciendo gracias a la suerte que tuve en verte y las agallas que me diste de seguirte que luego me dieron la oportunidad de robarte un beso.

Lo que no se perdona




¿Tienen miedo a la muerte? ¿Si hoy murieran, qué estarían dispuestos a dar por un instante más de vida, qué otorgarían por un corazón imperecedero? Bueno, si la fobia al eterno sueño los atormenta quizá coincidan con Bluma, hija del carpintero Ancel Achen. Los Achen eran una familia pequeña de artesanos que se enfocaban en la orfebrería alemana con madera. Su humilde cabaña parecía ser reina de la colina colocada justo antes de que el bosque comenzara en las afueras del pueblo y hasta el tope del alcor donde el más gélido viento acariciaba los pastizales anunciando un destino sombrío. La tragedia comenzó en cuanto la peste asoló la aldea y llevó fútil el alma de la madre de Bluma. Siendo ella una jovencita de 18 años y su padre un hombre maduro de 54, tuvo que adjudicarse el titulo de ama de casa y proteger a su padre. Sin embargo la enfermedad pronto consumió a la joven por igual y en una noche sin luceros la muerte toco su puerta. Una bestia esquelética que jorobada medía 3 metros como mínimo y su caminar hacia un sonido marchito con el golpetear de sus deformes articulaciones entró a la choza con el único propósito de cobrar la deuda con la que todos nacemos. Pero Bluma no podía sostener su fallecimiento tan fácilmente pues de ella dependía la salud y el bienestar de su padre, así que suplicó a aquel ángel mortuorio que la dejará vivir. Después de muchas apelaciones, la muerte se inclinó hacia la joven y le tomo el rostro diciéndole que le propondría un trato. Si no iba a morir tendría que vivir con un propósito único que le mantuviera el cuerpo funcionando, y ese seria ser la artesana de la muerte. Verán, se dice por ahí que este esqueleto andante a falta de ojos pues era ciego ya que realmente no necesitaba ver para juzgar el destino que todos los mortales tienen, sin embargo se le dificultaba saber quién era el desafortunado sin poder reconocer su rostro por lo tanto le pidió a Bluma una tarea que la atormentaría para siempre a cambio de mantenerla viva. Ella debía de observar a la persona destinada a morir y construir un muñeco de madera con sus facciones y dárselo a la muerte para que con el tacto pudiese saber con más precisión a quién debía de visitar. El amor por su padre y el miedo al deceso la obligó a aceptar el contrato sin reflexionar que el vivir puede ser un castigo con el tiempo. Así fue como Bluma vivió y se regocijo de poder respirar y seguir en este mundo día con día. Pero todos nacemos y morimos, es una ley de la cual Bluma no podía seguir reclamando y tuvo que aceptar al cabo de unos meses el fallecimiento de su padre, quien había sucumbido a la misma dolencia que una vez agobio a su hija. Sin nadie más a quien cuidar, la joven se acostumbró a la soledad en la cabaña y reconoció su lúgubre trabajo que prometió cumplir por toda la eternidad. Las estaciones dieron la vuelta por el bosque muchas veces y Bluma siguió igual, ni una arruga, ni una cana, ni un solo dolor en la espalda, seguía siendo la misma joven pálida de cabellos anaranjados. Pero ahora tenía algo diferente, su mirada cristalina se veía apagada, sus pasos silenciosos causaban ecos que murmuraban un temblor en el cuello de quien la viera y su dulce choza ahora parecía una casa fúnebre. Los muñecos de madera de dulces rostros, alegres sonrisas y bellos ajuares yacían en repisas que llenaban más de una pared en la morada. A veces por las tardes si uno prestaba atención podía observar a la joven que tranquila esculpía con una pequeña pala las preciosas figuras. Ella las envidiaba, envidiaba sus sonrisas, sus finos vestidos y trajes, el amor que sentían, las fiestas a las que acudían o en otras palabras… su libertad. Bluma dejó de salir, se volvío en la bruja de las leyendas de los niños del pueblo y en los rumores fantasmagóricos de los adultos para asustar y prevenir a aquel que se atreviera a romper las reglas. A ella no le importó, se hizo la sorda y se escondía en su choza meciéndose en una vieja silla todas las noches hasta que ese frío y rechinante sonido del movimiento de vertebras puntiagudas tambaleándose para mezclarse con el sonído de las tormentas resonaba en su puerta. Asi era la rutina eterna de Bluma Achen, hasta que una mañana, los chismes y los mitos llegarón a su fin con la reaparición de la joven en el pueblo. Todos la vimos pasar, fuimos testigos de su juventud y de su triste mirada al comprar pinturas de cálidos colores en el mercado. Su silueta se perdió en el camino hacia la colina y solo se volvió a trazar con el reflejo de la luz de una vela que retrataba a la muchacha en su mesa de trabajo elaborando otra de sus figuras. Toda la noche se la pasó escarbando la madera y pintando detalle por detalle la figura de una mujer. Por la madrugada cuando la enorme y grotesca bestia la visito, Bluma le entregó sonriente su figura, su obra maestra y apretó la escuálida mano del angel para que no la dejara caer…

La mañana siguiente me apresuré a hacer mi trabajo de dejarle las botellas de la leche fresca en su portal, me sentí confiado en tocar la puerta esperando que ella la abriera y pudiese verla con su mirada perdida y sus cabellos anaranjados, únicamente para confirmar que no fue una alucinación masiva la que había experimentado el día anterior. Sin embargo nadie respondió, me asomé por la ventana y entre las millones de figuritas yacía el cuerpo de la joven que sonriente sostenía una figura de una mujer pálida de labios rojos con un vestido azul que resaltaba su brillante mirada y lucía con distinción una larga cabellera anaranjada…era sin duda Bluma Achen.

En fin, curioso relato este ¿no?, el amor y el miedo de una joven en manos de un vendaval del destino sólo pudo ser solucionado con vivir en lo que se convirtió en la tortura eterna de un corazón que latía sin razón y solamente trajo paz hasta el cesar de su palpitación. Y que aun lechero humilde dejo de moraleja que si vivir es levantarse y andar por andar, prefiero la muerte; y si la muerte es el destino astral que nos aguarda a todos, más vale sonreír un poco cada mañana para no arrepentirse como la hija del carpintero que no dominó la muerte, ni percibió el vivir.

Las Hebras de mi Bufanda

 

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       Suaves y coloridas se abrazan las hebras de mi estambre para formar una bufanda. Parecen contar una historia cada vez que con mis dedos las empujo hacia abajo enfilándolas con las otras.  Sí, seguro están relatando algo, se percibe en el aire cada murmuro que sueltan. La amarilla entre sus hilos lleva la esperanza de una mirada sollozante. Le sigue la violeta que con su hilaza curiosea en lo más profundo del corazón en busca  de aprobación. La roja  se deja llevar por los sueños y parece romperse cada vez que un silencio amenaza la habitación. Luego va la marrón, que brinca de alegría para dar promesa a las otras. Sin embargo todas colaboran, se dejan dar vueltas, empujones, pellizcos y apretadas para un mismo propósito. El deseo de ser tuyas y que enlazadas puedan brindarte lo más cercano a una caricia mía, que con su calor simulen lo más parecido posible a la calidez que le regalas a mi alma, que con la historia de amor que llevan en sus fibras logren evitar cualquier estorbo en tu sonrisa. Ojalá y ellas sean las que calmen tu codicioso afán de dejarte llevar por los hilos más obscuros para hacerte ver que ser libre es un beneficio que muchas veces se confunde con egoísmo. Quizás y sean de magia china para encantar con un hechizo de buena suerte aquel camino tan rocoso en el te has metido. Tal vez por pura casualidad los besos ocultos en ellas te recuerden a mí cada invierno en que necesites compañía. Pero ambos sabemos que ni las hebras más finas podrán convencerte de dar con conciencia y sin solicitud a un corazón que da todo y nada recibe. Jamás podrán ser tan perfectas como para enmudecer las palabras que hieren y resuenan en mi alma. Nunca serán tan lindas para asegurarme que soy más y valgo la espera. Pues por más cariño, dedicación y tiempo que les ponga, no se podrán igualar al verdadero amor y apreció que te tengo. Pero yo espero que sean lo suficiente para que las cuides  y puedan decir sin palabras lo agradable que es tener tu voz y verte todas las noches en mis sueños.

¡Feliz Navidad!, mis mejores deseos a todos.

                                                                                     J.E

No vemos la misma luna

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Me pregunto cómo serán las noches por allá, ¿Será cierto que la misma luna ilumina los sueños de todos?, tal vez tú también te sientas solo y tal vez la gente también baile con muy buena compañía. Le preguntaré a las estrellas si alguna de ellas ha recibido un deseo soñador tuyo, uno de esos que suspiro de vez en cuando con los ojos cerrados cuando te paseas en mis pensamientos. Acaso tú también piensas en mí cuando alguna luz invernal con su cálido color trae alguna ilusión que hace que baile en tu imaginación por un rato, me pregunto si en aquel mundo utópico bailaras conmigo o te limitaras a dejarme brincar por cada rincón de tu cerebro evitándote un raciocinio justo. Y la pregunta de oro se pierda en el amanecer ¿Cómo es que puedes extrañar algo que nunca ha estado? ¿Quién ha hecho la travesura de poner amor a lo que se siente sin tocar, a confiar sin saber, a saber sin ver y a ver sin los ojos? Ni idea. Pero ambos sabemos que el amor no tiene razón, ni tiene reglas y quizá ni nos tiene a nosotros o más bien…no tiene nada preparado para ambos. Esas cosas se arreglan con comprar tiempo, con paciencia pero más que nada con sueños. Mediocre es el que sueña y en el laurel de la ilusión se queda, feliz es el que pelea por aquellas caricias que se esfuman cuando las velas se apagan. ¿Pelearas por mi? ¿Lucharas para que el invierno nunca vuelva a ser frio y el verano nunca vuelva a pasar desapercibido? O te irás por debajo de la mesa junto con todo lo que soy yo. Te amo y no espero que me lo repitas, espero que quieras decirlo y tengas esa frustración de explotar sin comunicarle al manto estelar tus anhelos. No necesito escucharlo, el vacio se ha acostumbrado al molde de mi cuerpo pero escucharlo alguna vez sería un placer indescriptible, pero únicamente si sale del alma y si prometes con eso que no me dejaras otra primavera sola nunca y no dejaras que mis lagrimas se las lleve el viento otoñal jamás. Pero aquí lo que importa es que tan grande puede ser la importancia de la distancia y del egocentrismo para romper barreras tan delicadas y tan difíciles de encontrar. Si vamos a hablar de barreras, tendríamos que tomar en cuenta la fuerza sobre comunal que tienes sobre cualquiera en romper toda pared de hielo que cubría lo que era yo para llegar a lo que realmente escondo y plantar un poco de luz al sombrío corazón roto. Por eso y más no hay escalón tan grande como para alejarme tanto de las dulces sinfonías de la noche que me recuerdan cada segundo que siempre estás aquí.

Atardecer

 

101_3429Si alguna vez estas triste, si alguna vez te sientes solo, si alguna vez quieres salir de aquella jaula que te aprisiona sin querer, observa el atardecer. Enserio, te lo juro, observalo un rato, analiza los colores del alba que son el aura de nuestro planeta. Juega con los tonos azulados, violetas y amarillos que el cielo te regala para asi poder entender que lo que la vida otorga lo da por que es de ella. Explora hasta encontrar una rama que será tu pincel de emociones, guíñale al tiempo y traza los edificios que señalan la tierra que te pertenece. La vergüenza no existe cuando el sol se despide, ponte a bailar con el cantar de las aves y los violines rechinantes de los saltamontes para que el viento te murmure lo delicada que es la vida y lo simple que es su felicidad. Pretende no tener edad y diviértete con la niñez inesperada que brinca entre las rocas y se refleja en tu mirada. Pues yo nunca me senté en un atardecer a memorizar los colores, hablar con los secretos y soñar despierta hasta el día de hoy en que por fin me di cuenta que si hay algo que rompe distancias son los astros, pues si vemos los mismos, vale la pena esperar para dar la carta al sol y recibir el recado con la luna.

Matando el silencio.

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Ella camina sin rumbo taconeando la vida. El silencio es tan claro que cuenta sus pasos y al llegar a los 20 se pierde su cuenta en el silencio. Aquel silencio que intenta matar a diario, aquel silencio que le hace soñar para ser feliz. Pero a la soñadora le han robado los sueños, le han dejado vacía el alma y ahora intenta bailar. Pero parece que en todo esta él, aquel culpable de su agonía, ¿Lo recuerdas? ese invierno que dejo de ser frio por la calidez de un amante. Un hombre que la sedujo sin querer tener nada, y ella que cayo sin tener quien la atrapara. El tiempo pasó, más rápido que ahora, y en ella creció lo que antes no estaba y en él empezó el fin de la dama. Se dice que para matar se necesita un arma que desgarre el musculo y penetre algún órgano hasta desangrar la esperanza, pero para matarla a ella solo era una palabra. Y escrito en la pared, el destino le advirtió al joven que la lengua es poderosa pues lo que se dice no se borra. Pero no sirvió de nada pues lo dicho, dicho esta, le dijo a ella que no era nada. Y la mujer que había dado lo que todos le habían quitado ahora observaba como gotas de rubí se escurrían en el suelo gritando que su corazón había muerto. Y las piezas de cristal del delicado cariño que tenía por él, se esfumaban con el viento ante la angustia de sus ojos. Ahora en su soledad le ruega al calor de las velas que estas quemen los segundos para que el día se vaya y la noche dure poco, implora al taconear de su calzado que con sus pasos puedan matar el silencio que la estrangula, suplica al viento que se lleve sus sueños y reza a la luna que le extirpe del pecho este constante dolor que crea charcos en sus ojos. Pero si pudiésemos conseguir lo que queremos con tan solo pedirlo, la vida seria rosa, y en cambio aquí se aceptan las torturas de que amar es como plantar una rosa y que cuando se pudre solo quedan sus espinas. Sin embargo uno intenta pegar los pétalos para que florezca, pero si uno lo hace, únicamente termina desgarrándose la piel una y otra vez y las heridas se hacen más profundas. Y se acepta la tortura de la decisión de esperar a plantar otra semilla para que se pudra o mandar al infierno todo jardín de edén que los cuentos prometen. Por eso la soñadora solo sueña, por que le mataron los sueños, sueña por que en los libros solo encuentra mentiras y en su eterno amor por su asesino encuentra paz. Así seguirá hablando con la soledad, matando el silencio con su caminar y soñando por aquel invierno que dejo de ser frió por el calor de su amante.

Eros

 

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Hoy me voy a levantar despacito, abriré de poco en poco los ojos para que la vista no me vaya a engañar con un espejismo en la cama. Voy a jugar a ser el mar y envolverte con mis brazos. Tendré la excusa de doctora preocupada por el estado de tu corazón  para poder inclinarme a escuchar sus latidos,  pues me pregunto si seguirán el ritmo de alguna canción mía. Tal vez por hoy, que el  tiempo se detuvo, el sol jugará a ser Renoir y con sus tenues rayos pintarnos bien juntitos. Me voy a dar la tarea de examinarte con la mirada y recorrer con los ojos cada línea que forma tu rostro para poder seducir a mis manos para posarse en tus mejillas y reírme a solas de que no seas una viva ilusión que soñé anoche. Sin embargo, en medio de la ironía te mueves un poco y murmuras algo que solo tu y algún otro turista del país de los sueños podría entender. Ahora espero me perdones el crimen de asesinar tu sueño con un pequeño beso matutino que quizá te haga despertarte despacito y abrir los ojos de poco a poco solo para ver que el tiempo se ha detenido y aquí estoy yo a tu lado.

Dibujo el cielo con los dedos

 

 

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Son las 6 de la tarde y el cuello me mata. Entró a mi habitación y me dedico a juntar 3 tiras de mi cabello y deshacer mis rizos con la palma de mi mano. Me sostengo el pelo en la trenza que me entretuve haciendo mientras me miraba con cansancio en el espejo. Lo parpados pesados se caían cada vez que el pelo se me resbalaba de la mano. Pareciera que no hubiera nadie en la casa, el cuarto totalmente silencioso, no cobró vida hasta el sonar de los violines. La música que brincaba fuera de la bocina para rebotar con los muebles y volar tras la habitación hizo vibrar los problemas a un lado. De repente mis manos comenzaron a temblar y sintiendo un cosquilleo en mi rostro se atravesó una sonrisa seguida de una que otra risa tímida mientras cerraba mis ojos. La frialdad de los acontecimientos del alba se palidecía de terror con el calor de la melodía que abrazaba mi cuerpo . Tan solo un paso fue bastó para transformar la estancia en un lienzo  oscuro  donde mis manos resaltaban alegremente. No necesité abrir los ojos para saber que en el rostro de la noche coloqué pecas centellantes y las llamé estrellas. Mientras dando una que otra pirueta  moví  con la yema de los dedos un color grisáceo cerca de la cama  para esparcir los tonos y crear un agrio algodón de azúcar que al cubrir las estrellas se quiso llamar nube. Pero como el boceto se veía aun tan lóbrego me acomodé en el suelo para tocar ligeramente un cuenco de agua y así con las ondas que le provocaban mis dedos crear un cristal tan puro y manejable solamente por estas traviesas manos.  Después,  imitando entre risas y sonrojos solitarios, los movimientos delicados del viento otoñal inventé una pálida bola gigante a la cual como toque conclusivo  agregué un resplandecer delicado parpadeando mientras la  miraraba y finalmente la empuje para que flotara y se escondiera entré el misterioso fresco que pintaba sin razón. La esfera adoptó el espacio y le murmuro el mismo viento el nombre de Luna. Sin embargo del techo empezó a granizar y las gotas de agua borraron del mapa todas mis creaciones, dejándome recostada en la pieza adormecida. Ahora mientras abro mis ojos una vez más recuerdo…se me ha olvidado estudiar para arte.

Si yo fuera tan pequeña

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El tiempo me ha dado enanismo y resulto caer en la mentira de ser pequeña en un mundo de gigantes. Quienes antes me miraban ahora me confunden con un hada por el tamaño de mi cuerpo comparado con el tuyo. Yo tengo una teoría más lógica de mi estado físico, mi corazón se ha encogido  por la la falta de esperanza y el confundimiento, esto no es más que una reacción de mi cuerpo para acoplarse al hecho de que mi corazón es frágil y se esconde entre paredes para nunca ser encontrado. Pero de ti espera algo, te convertiste en la razón de sus jugarretas y espera de ti que me hagas caso ahora que soy pequeña. Guárdame debajo de tu almohada, prometo que no hare ruido, y si me das una sonrisa me encargare de ahuyentar todas tus pesadillas. Escóndeme en tu bolsillo para cuando necesites compañía, pues me ingeniare una moneda como asiento de primera para platicar un rato. Resguárdame en una taza y no andes de mirón ya que si me das un pañuelo viejo te sorprenderé con un vestido ingenioso y de gran distinción. Si tus penas vas a ahogar, ahógame con una gota de vino y olvidémonos de todo.   Cuando estés ocupado déjame en aquel alhajero viejo para que baile con la dulce melodía que irradia al girar su llavecita. Planta un girasol para que cuando llueva con sus pétalos me disponga de un paraguas. Y regalo dos suspiros al aire, uno para mi corazón roto y otro para curarme de esta enfermedad, pues si yo fuera tan pequeña tu serías del tamaño que yo quisiera ser para que no me guardaras en polvosas gavetas si no en tu corazón.

Limite



Existe un límite. Un límite de fallas, un límite de intentos, un límite de tiempo. Ya lo intente todo, más bien todo lo menos obvio y sabes a que me refiero, me refiero a ti. Son días en los que yo no puedo pensar en si tú me amas o no, porque eso ya lo hizo muchas veces y me duele pensar en las teorías y en la lógica de los porcentajes negativos a mi favor ante mi ciego enamoramiento; a pesar de que siga queriendo soñar contigo, hay un límite. Ese límite me lo cree yo por que ya se lo que pasara, porque es obvio que no voltearas, tal vez es porque no soy directa o porque me cuesta admitir que te amo solamente a ti. Pero tú te llevas el publico con todo y palmas al ignorarme, pero empiezo a descifrar mi cruel mentira, tal vez es tu ignorancia por mi poca asertividad, es que simplemente me cuesta pedirte que salgas cuando mi historial no me favorece. Y hay muchas cicatrices en mi corazón como para dejarte ir o como para dejarme intentar. Si dices que no, mi corazón se caerá muerto y sus heridas se abrirán, si dices que si tal vez se cure un poco o esa noche deje de llorar al menos tú tienes la llave de hacerlo cambiar. Siento que si es una prueba que alguien me puso aquí..no sé si pueda aun pasarla siendo tan insegura. Hay un límite y quiero que lo rompas.

Te busco


Dejaste plantada la esperanza que alguna vez tu amor inocente me dio, aquella que fue motivo de exilio en mi corazón. Ahora ya sin hablarte tu recuerdo profana en mi mente como luna en crepúsculo que busca esconder las malas memorias. Te busco, al menos una pisca de lo que eras, de cuando no me odiabas y yo no te quería, ese retrato de amistad que nos rodeada de alegría, mas no sé si quiero encontrarte. Tal vez sea mejor seguir, pero entonces como controlo el sabor a tentación y ansiedad que me dejan las canciones y los recuerdos que mencionan tú nombre subrepticio. A veces no sé si mi corazón te espera y no me ha notificado, pues será que cada vez que otro se atraviesa me da miedo acogerlo. En fin, te busco, te siento, pero no se si te quiero encontrar.

Dolor


Me duele tener que dejarte. Rendirme no era parte de mis opciones pues te necesitaba, necesitaba oír tu voz, verte pasar para vivir. Pero mi mente me advierte en tu caminar, en tu mirada, en cada intento del alma que la apuesta de mi corazón hacia el vendaval del destino, de tus manos como lo traten, es muy grande. Aun que mi corazón morboso se deje en esta suicida apuesta mi mente no me dejara continuar mi juego conformista con el alma, pues ahora se da cuenta que la estadística no se inclina hacia mi en la balanza.
Me duele tener que dejarte, me es muy complicado, pues cada vez que te miro a los ojos me vuelves a enamorar, es ese hechizo impuro que tienes como instinto el que me da euforia y agonía.
Me duele tener que dejarte, por que no quiero, no lo deseo, por que...te amo pero mi perseverancia no da mas y aun que siga latiendo el corazón, ya no te podré mirar.

A un corazon enamorado


El mundo se ha detenido, los relojes ya no se mueven, las personas ya no pasan, yo ya no respiro, sin embargo sigo viva y ahí alado de mi estas tu. Tan fresco, tan vivo, tan cerca de mi y aun que no respire, siento en mi corazón un ligero golpe que va creciendo al compás de tu caminata celestial. Un latido en señal de que mi corazón esta vivo y no a muerto con las ásperas historias pasadas de un necio amor.

Las noches son mas cálidas, aun que siga sola, de alguna manera las estrellas se ven mejor del lado de mi venta y con la generosa luz de luna caigo dormida en un sueño en donde el mundo se detiene, los relojes nos e mueven, las personas no pasan y ahí estas tu.