Mostrando entradas con la etiqueta amargura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amargura. Mostrar todas las entradas

Lo que se siente serte infiel




He de escribir este ensayo en tinta roja porque no hay mejor color para plasmar entre páginas lo que se siente serte infiel. Palabras bañadas en sangre de un corazón que me pertenece sin ser mío. Pero dime ¿Cómo se apaga un incendio apasionante que ya ha quemado todo el bosque de cordura que tenía en mi corazón? ¿Cómo evitas el repentino florecimiento de una flor que yacía en un invierno eterno? Porque si presumes tu fuerza es porque nunca has intentado mover de su camino a un río bravío. Dicen que hasta la pasión más efervescente se apaga con una lágrima honesta, pero yo digo que en estos juegos hasta los llantos más sinceros manchan las pasiones de mentiras y los amores de secretos. Por eso tengo que decirte, mi amor, que me he metido en una red de engaños interminables y te he sido infiel hasta con los rayos de sol que acarician mi piel por las mañanas. Te he engañado con guiños polvosos, sonrisas viejas y caricias baratas. Te he escarnecido con sonrojos esponjados, frases trilladas y atuendos oxidados. Sin embargo en mi grandioso plan de divertirme un poco te he perdido y mi corazón ya no puede reconocerte. Deje de amarte de la noche a la mañana por haberme rendido al juego de sombras al que las mentiras me han aprehendido. Y ahora me doy cuenta que escuchar tu nombre ya no eriza mi piel, ni me estremezco con tus mimos; mis ojos ya no brillan al encontrarse con los tuyos y mi alma ya no suspira con tus besos. Mi corazón simplemente te ha olvidado porque te ha sido infiel con los deseos escondidos en las grietas que tú le ocasionaste. Ahora que la noche cae, sólo me queda la melancolía cargada de trucos para pasiones futuras que se pierden en el abismo de una esperanza sobre un idilio de verano infinito. Pero hasta el negro de la noche se mancha con las gotas de rubí que va resbalando mi pluma, esperando que así la cordura perdida vuelva, de poco en poco, para calmar el ardor de mis pasiones con una dulce canción de primavera que me recuerde... a ti. 

Si otra vez me enamoro, no será de una mujer...


   Si otra vez me enamoro no será de una mujer. Una vez caí en la trampa de uno de esos demonios disfrazados de ángeles y tengo que confesar que fue la tortura más dulce.  Verán, yo me enamoré de noche, respirando aires de venganza en mis pulmones después de una tormentosa pugna de pasiones. Yo me enamoré de noche. Es importante aclararlo, porque las alimañas que salen a la luz del día no son las mismas venenosas criaturas que se ocultan en las sombras de la noche. Las bestias que atosigan la nocturna son más complejas, más bellas, más seductoras...más letales. Son puras y por lo tanto llamativas para los débiles cangrejos del atardecer como yo. Por eso no me sorprende que cayera en sus garras sin mucha dificultad. Era media noche y en uno de los cruces de calles frente a la iglesia de San Lorenzo las luces de los faroles parpadeaban, todas menos una: la que reflejaba su sombra. Una silueta que trazaba en el tibio adoquín curvas peligrosas en donde mi mirada, con asombro, se perdió hasta llegar a la punta de sus pies. Estaba descalza y jugaba con la falda de su holgado vestido mientras se acomodaba para sentarse en la esquina. Yo quise ignorarla, una mujer nunca me había llamado la atención de esa manera antes, no iba a permitir que mis melancólicos pensamientos ahogaran la poca cordura que me quedaba. Sin embargo cuando me disponía a dar media vuelta y pisotear mi humilde existencia hasta mi cama,  su voz me detuvo. ¡Dios qué voz! Parecía un suspiro cuidadosamente diseñado con  el sonido de un dramático violín y una mimosa guitarra. Me preguntó por qué me iba; yo, no pude responderle con palabras. Giré para acercarme a ella y me topé con su alma posada en una mirada azulada que brillaba bañada en una luz de plata. Sonrió y sus mejillas se esponjaron coquetamente; yo, no pude corresponderle con la mía. Se levantó delicadamente y casi flotando se acercó a mi cantando; yo, no pude moverme con la misma gracia. Pasó sus dedos por mi cabello y me susurró al oído mil poemas para después acariciarme el rostro con un millón de cuentos; yo, no pude besarla. Y de pronto me quedé con el corazón abierto haciendo eco con sus latidos en la calle, completamente sola. La bella dama había desaparecido en la obscuridad del firmamento y me había abandonado. Pero yo nunca la olvidé, la busco todas las noches entre las llamas de una vela o la esperanza de un deseo, entre versos y prosas, entre relatos y experiencias. La busco y cada vez que la encuentro brillando redonda entre el mar de estrellas le guiño el ojo para que no se olvide de nuestro secreto. Sí, yo me enamoré de noche. Caí apasionadamente en los pies de la mujer de todos los bohemios, la diosa de todas las musas y ahora me veo castigada en el limbo del arte en búsqueda de sus dulces caricias. Por eso si otra vez me enamoro no será de una mujer...no será de nuevo de mi luna hermosa.

Besos En Gavetas

 

Rosas Rotas

 

       He llenado los cajones de los recuerdos con besos esperando que su cariño sustituyera el vacío en ellos. Metí en gavetas caricias que rompen el silencio con suspiros de romance. Atiborré mis bolsillos de melancolías de un pasado lóbrego y finalmente cubrí con mentiras a mi corazón desalmado. Y ahora sin espacio en donde meter las emociones más sencillas como las que suelen causar un regocijo inesperado, recaigo en el conformismo de una vida vacía. Pero entre tanto desastre y tanta tristeza, hubo aun un rincón lo suficientemente grande para acoger a la esperanza y la duda que reviven lentamente en mi una curiosidad salvaje que se alimenta de la aventura. Adrenalina de pasiones que recorre mis venas hambrientas por piezas para el rompecabezas incompleto en mi corazón. Y esa dosis por más pequeña que sea me ha levantado la cabeza, me ha hecho dejar los guiños guardados en frascos y romper los tabús en el tocador para poder mirar el alma de quienes valen la pena. Ahora las lágrimas que solían colgar en la habitación parecen romperse con dudas fisgonas y una actitud nueva de disfrutar del amor y sacar los besos de las gavetas.

Korakunda

Hoy escuche un ¡Crack! no se que fue, no se como fue, solo recuerdo que me hice para atrás. Acto de huir, ¿Huir de qué? de una situación inevitable e inocente, de la explosión del núcleo de mi cuerpo, de mi corazón. Se había partido en diminutos fragmentos que reflejaban como espejo todas mis memorias guardadas. La ruptura hizo que la jaula de la esperanza se abriera y saliera corriendo por toda la habitación, hubiera querido tener energía para atraparla pero el dolor me dominaba. El impacto no fue lo suficientemente duro como para transformar al órgano a un papel inservible y para mí eso hubiera estado mejor…por que lo dejo vivo, pero roto, con sus partes perdidas en los rincones. Tuve miedo, tal vez los recuerdos se habían escapado como la esperanza. Intento recordar que fue lo que lo despedazo sin piedad y la memoria no llega, mi mayor temor se vuelve realidad, el choque fue tan fuerte que me he bloqueado. Tarde o temprano llega a mi una pizca del recuerdo…fueron las palabras, el contexto, el tiempo, la manera, todo. No solo fue eso, creo que lo que desbarato al corazón fue la verdad…la esencia honesta en todos los factores, lo real. Fue la misma mano que sacudió al corazón la que también me bajo de la luna en un empellón y creo que caí muy mal de vuelta a la tierra, pues lo que quedaba de mi yacía en el suelo. Solo necesito un buen pegamento y tiempo para recolectar todos los pedacitos de corazón que se me cayeron hoy. Aun que me da pavor que un día de estos se peguen con hielo en vez de pegamento…y entonces mi cuerpo se vuelva lo suficientemente frio para congelarme y me quede tan ciega que no pueda ver la primavera y solo el invierno.



A los dos amantes que por razones desconocidas en este momento...no se dieron.