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El Veneno

 

 

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          Esa tarde en el mercado te había visto, pues te habías desecho de tus alas de ángel y tu cola de diablo para llenar un vestido ajustado y rojizo que te disfrazaba de mujer distraída oliendo las flores. Y cómo olvidar ese perfume que fue el veneno que marcó los ríos de delirio en mi cordura que mojaron las ganas de seguirte la sombra. Esa silueta iluminada únicamente por el más cálido fuego de las pasiones más efervescentes que resguardabas en tus guiños. Y te seguí hasta la plaza mayor para perderte por un ratito y después seguirte el rastro por el raspar de tus tacones que hicieron eco hasta en el oído más sordo. Pronto te acorralé en un callejón apretado y me acerqué con decisión y una sonrisa que reconoció tu belleza invitándote un par de copas en un bar muy cerca y con un regocijo esponjado aceptaste titubeando. La conversación fluyo como canto de cuna para el sol que fue a dormirse y después trajo a luna que con sus luceros nos invitó a bailar en tu departamento. Y con el ritmo de tus caderas me acobijaste los ojos para soñar que tu eras una flor desvestida y tus labios eran del color carmín que bañaban todos mis atardeceres. Pero una vez abierta mi mirada, tu sonreíste y me besaste en la mejilla agradeciendo la velada diciendo que si era tarde tu sofá me esperaba. Y aun que el reloj decía sólo media noche y mi piso estaba a dos calles, a regañadientes murmuré lo peligroso que era mi travesía de vuelta y que la oferta sonaba de maravilla. Finalmente mientras me dabas una almohada y un cobertor viejo mi mente se arrodillaba diciendo gracias a la suerte que tuve en verte y las agallas que me diste de seguirte que luego me dieron la oportunidad de robarte un beso.

Korakunda

Hoy escuche un ¡Crack! no se que fue, no se como fue, solo recuerdo que me hice para atrás. Acto de huir, ¿Huir de qué? de una situación inevitable e inocente, de la explosión del núcleo de mi cuerpo, de mi corazón. Se había partido en diminutos fragmentos que reflejaban como espejo todas mis memorias guardadas. La ruptura hizo que la jaula de la esperanza se abriera y saliera corriendo por toda la habitación, hubiera querido tener energía para atraparla pero el dolor me dominaba. El impacto no fue lo suficientemente duro como para transformar al órgano a un papel inservible y para mí eso hubiera estado mejor…por que lo dejo vivo, pero roto, con sus partes perdidas en los rincones. Tuve miedo, tal vez los recuerdos se habían escapado como la esperanza. Intento recordar que fue lo que lo despedazo sin piedad y la memoria no llega, mi mayor temor se vuelve realidad, el choque fue tan fuerte que me he bloqueado. Tarde o temprano llega a mi una pizca del recuerdo…fueron las palabras, el contexto, el tiempo, la manera, todo. No solo fue eso, creo que lo que desbarato al corazón fue la verdad…la esencia honesta en todos los factores, lo real. Fue la misma mano que sacudió al corazón la que también me bajo de la luna en un empellón y creo que caí muy mal de vuelta a la tierra, pues lo que quedaba de mi yacía en el suelo. Solo necesito un buen pegamento y tiempo para recolectar todos los pedacitos de corazón que se me cayeron hoy. Aun que me da pavor que un día de estos se peguen con hielo en vez de pegamento…y entonces mi cuerpo se vuelva lo suficientemente frio para congelarme y me quede tan ciega que no pueda ver la primavera y solo el invierno.



A los dos amantes que por razones desconocidas en este momento...no se dieron.