Es media noche y decido volver a tenderte una trampa
secreta disfrazada en un inocente deseo de compañía para poder llevarte a la
cama. A diferencia de las otras mil veces en que mis propuestas has ignorado,
esta noche hay luna llena, y se te nota cansada. Sí, te ves agotada de cargar
un enorme peso sobre tus hombros que, a sorpresa de los demás, no se debe a tu
fanatismo por el trabajo. Me temo que la saturada carga que te importuna es
sólo identificable por quienes también la han padecido…gente como yo. No necesité
invitarte más de dos cervezas para encontrar esas grietas de soledad en tu
dulce perfume o esos suspiros vacíos en medio de tu risa. Y a ti no te hizo
falta más que la combinación de tu elegante vestido con tu sedosa voz para llenar
mis fantasías toda la semana. Por eso este domingo, enloquecido e insolente, escondo en mis palabras una invitación que sé
que no podrás negar. Te invito a ser mía. Con eso te propongo enterrar esos
prejuicios que te persiguen y esa moral que te encadena para sólo relajarte y
dejar salir tus perversiones más íntimas; pues ambos sabemos que ese velo de
inocencia que vistes en tu sonrisa es sólo una máscara de los deseos carnales
que escondes en tu mirada. Así que deja de poner excusas y hacerte del rogar
que hasta tú sabes que el mundo te ha fallado y te ha empujado hasta este
bosque en donde sólo te queda rendirte a la boca del lobo, mi coqueta caperuza.
Sin embargo ahora al prender una vela y fumarme un
cigarro me siento a esperar que los
tonos grises de la madrugada se vuelvan cálidos con las notas de tu violín
fugitivo; ese de amargo sabor que resuena en tu caminar. Y al verte desnuda
durmiendo a mi lado me doy cuenta de que no estas hecha para esto. Es decir, aunque
el trabajo no te siente mal y tu boca me diga que me aproveche, tus ojos te
delatan con un suspiro que grita que me amarías incluso si mis manos estuvieran
alrededor de tu cuello. Es cierto, la diferencia entre tú y yo no recae en las
diferentes danzas nocturnas que practicamos; si no en que yo soy la sombra de
un fauno que divertido espera por comerse a las ninfas y en cambio tú eres un
ángel que daría sus alas por morir a lado de su querido demonio.


