Lo que no se perdona




¿Tienen miedo a la muerte? ¿Si hoy murieran, qué estarían dispuestos a dar por un instante más de vida, qué otorgarían por un corazón imperecedero? Bueno, si la fobia al eterno sueño los atormenta quizá coincidan con Bluma, hija del carpintero Ancel Achen. Los Achen eran una familia pequeña de artesanos que se enfocaban en la orfebrería alemana con madera. Su humilde cabaña parecía ser reina de la colina colocada justo antes de que el bosque comenzara en las afueras del pueblo y hasta el tope del alcor donde el más gélido viento acariciaba los pastizales anunciando un destino sombrío. La tragedia comenzó en cuanto la peste asoló la aldea y llevó fútil el alma de la madre de Bluma. Siendo ella una jovencita de 18 años y su padre un hombre maduro de 54, tuvo que adjudicarse el titulo de ama de casa y proteger a su padre. Sin embargo la enfermedad pronto consumió a la joven por igual y en una noche sin luceros la muerte toco su puerta. Una bestia esquelética que jorobada medía 3 metros como mínimo y su caminar hacia un sonido marchito con el golpetear de sus deformes articulaciones entró a la choza con el único propósito de cobrar la deuda con la que todos nacemos. Pero Bluma no podía sostener su fallecimiento tan fácilmente pues de ella dependía la salud y el bienestar de su padre, así que suplicó a aquel ángel mortuorio que la dejará vivir. Después de muchas apelaciones, la muerte se inclinó hacia la joven y le tomo el rostro diciéndole que le propondría un trato. Si no iba a morir tendría que vivir con un propósito único que le mantuviera el cuerpo funcionando, y ese seria ser la artesana de la muerte. Verán, se dice por ahí que este esqueleto andante a falta de ojos pues era ciego ya que realmente no necesitaba ver para juzgar el destino que todos los mortales tienen, sin embargo se le dificultaba saber quién era el desafortunado sin poder reconocer su rostro por lo tanto le pidió a Bluma una tarea que la atormentaría para siempre a cambio de mantenerla viva. Ella debía de observar a la persona destinada a morir y construir un muñeco de madera con sus facciones y dárselo a la muerte para que con el tacto pudiese saber con más precisión a quién debía de visitar. El amor por su padre y el miedo al deceso la obligó a aceptar el contrato sin reflexionar que el vivir puede ser un castigo con el tiempo. Así fue como Bluma vivió y se regocijo de poder respirar y seguir en este mundo día con día. Pero todos nacemos y morimos, es una ley de la cual Bluma no podía seguir reclamando y tuvo que aceptar al cabo de unos meses el fallecimiento de su padre, quien había sucumbido a la misma dolencia que una vez agobio a su hija. Sin nadie más a quien cuidar, la joven se acostumbró a la soledad en la cabaña y reconoció su lúgubre trabajo que prometió cumplir por toda la eternidad. Las estaciones dieron la vuelta por el bosque muchas veces y Bluma siguió igual, ni una arruga, ni una cana, ni un solo dolor en la espalda, seguía siendo la misma joven pálida de cabellos anaranjados. Pero ahora tenía algo diferente, su mirada cristalina se veía apagada, sus pasos silenciosos causaban ecos que murmuraban un temblor en el cuello de quien la viera y su dulce choza ahora parecía una casa fúnebre. Los muñecos de madera de dulces rostros, alegres sonrisas y bellos ajuares yacían en repisas que llenaban más de una pared en la morada. A veces por las tardes si uno prestaba atención podía observar a la joven que tranquila esculpía con una pequeña pala las preciosas figuras. Ella las envidiaba, envidiaba sus sonrisas, sus finos vestidos y trajes, el amor que sentían, las fiestas a las que acudían o en otras palabras… su libertad. Bluma dejó de salir, se volvío en la bruja de las leyendas de los niños del pueblo y en los rumores fantasmagóricos de los adultos para asustar y prevenir a aquel que se atreviera a romper las reglas. A ella no le importó, se hizo la sorda y se escondía en su choza meciéndose en una vieja silla todas las noches hasta que ese frío y rechinante sonido del movimiento de vertebras puntiagudas tambaleándose para mezclarse con el sonído de las tormentas resonaba en su puerta. Asi era la rutina eterna de Bluma Achen, hasta que una mañana, los chismes y los mitos llegarón a su fin con la reaparición de la joven en el pueblo. Todos la vimos pasar, fuimos testigos de su juventud y de su triste mirada al comprar pinturas de cálidos colores en el mercado. Su silueta se perdió en el camino hacia la colina y solo se volvió a trazar con el reflejo de la luz de una vela que retrataba a la muchacha en su mesa de trabajo elaborando otra de sus figuras. Toda la noche se la pasó escarbando la madera y pintando detalle por detalle la figura de una mujer. Por la madrugada cuando la enorme y grotesca bestia la visito, Bluma le entregó sonriente su figura, su obra maestra y apretó la escuálida mano del angel para que no la dejara caer…

La mañana siguiente me apresuré a hacer mi trabajo de dejarle las botellas de la leche fresca en su portal, me sentí confiado en tocar la puerta esperando que ella la abriera y pudiese verla con su mirada perdida y sus cabellos anaranjados, únicamente para confirmar que no fue una alucinación masiva la que había experimentado el día anterior. Sin embargo nadie respondió, me asomé por la ventana y entre las millones de figuritas yacía el cuerpo de la joven que sonriente sostenía una figura de una mujer pálida de labios rojos con un vestido azul que resaltaba su brillante mirada y lucía con distinción una larga cabellera anaranjada…era sin duda Bluma Achen.

En fin, curioso relato este ¿no?, el amor y el miedo de una joven en manos de un vendaval del destino sólo pudo ser solucionado con vivir en lo que se convirtió en la tortura eterna de un corazón que latía sin razón y solamente trajo paz hasta el cesar de su palpitación. Y que aun lechero humilde dejo de moraleja que si vivir es levantarse y andar por andar, prefiero la muerte; y si la muerte es el destino astral que nos aguarda a todos, más vale sonreír un poco cada mañana para no arrepentirse como la hija del carpintero que no dominó la muerte, ni percibió el vivir.

Mulata

 

El taconear de sus zapatos sedujo a las luces a calmar su fulgor un rato y paso a paso inauguro las primeras notas del tambor. Cerrando sus ojos se entregó a la música y a las miradas de todo extranjero no acostumbrado al ritmo de su cadera y sonrió cuando la sinfonía volvió a ella. El par de almendras de sus ojos susurraron la vivacidad gitana a todo oído atento y sus vueltas parecieron desenredar hasta el más terco nudo en los hilares de problemas que guardaba en mi boleto de retorno. Su delicada cintura marco una maldición que se escurrió por la falda de su vestido hasta toparse con los firmes pisoteos que contribuían de percusión en la danza. El rojo destellante de su ajuar trazaba con cada movimiento las curvas únicas de guajira de las cuales no había advertencia en ningún tríptico turístico. Las millones de razones vanidosas por venir desaparecieron y ahora aparentaba ser su danza la única explicación de seguirle la sombra. Sucumbiendo a la tentación me aventuro a imitarle las pisadas y dejar que sus tenues caricias quemen inconscientemente mi piel y robarle un beso en la mejilla. Sin embargo me quedo sentado y terminó de un trago el cognac de baja calidad y aplaudo en el momento en que se despide con un guiño travieso gritando en silencio “El amor es un juego”. Válgame Dios, ¡Sálvame de esta mulata!

La Catrina y Los Trenes

 

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Todavía recuerdo con exactitud aquel 31 de diciembre en que impaciente me apresuré a la estación para tomar el primer tren por la mañana. Para mi sorpresa mi tren aun no llegaba y buscando lugar donde esperar me encontré a la Catrina sentada en un banco de pino verde justo al frente de los rieles de la puerta 7. Seguramente esperaba a alguien, buscaba algo o quizás su tren también venía tarde, de todas maneras inocentemente le serví de compañía sentándome a su lado. No le había dirigido la palabra y su huesudo rostro mostraba ya una sonrisa débil. Chasqueando los dedos adivinó sin pensar demasiado que mi tren no había llegado aun, pues seguramente nadie se ofrecía de acompañante para una dama como ella sin una excusa célebre.

- No te preocupes joven, aquí los trenes siempre llegan. Apenas tocan la estación y se van tan rápido como pueden, no muchos logran subir incluso con el boleto comprado. Corren y saltan, tiran ajuares pesados y pertenencias extravagantes con tal de poder alcanzar algún vagón del tren, como si una vez adentro ya tuvieran por seguro que este llegará a la siguiente estación.- mencionó imitando con sus largos dedos el correr y desesperación de la gente.

- ¿Pero cómo, acaso el tren no tiene obligaciones? Reglas de llegar al lugar prometido y esperar a quienes ya tienen su lugar ahí dentro- repliqué.

- No precisamente, se ve que no sabes mucho de estas maquinas. Yo que he quitado el dolor y ansiedad de mucha gente, puedo decirte que entre las penas más comunes de todas las almas el éxito se confunde mucho con la seguridad. Es decir, la gente ha olvidado que las posibilidades existen en todas las vías, que hay trenes que prometen todo y hay trenes que prometen nada, sin embargo ser dueño de un boleto no significa ser dueño del viaje y su destino. ¿Entiendes?

- ¿Quiere decir qué…yo no llegaré a la estación que deseo?

- No exactamente. Lo que quiero decir es que aquel papel que tienes no es recibo del destino. Hay suertudos que llegan a lugares grandes, lejos, justo los que querían mientras otros se llevan sorpresas y terminan en un lugar inesperado, eso es lo genial de este medio de transporte…uno nunca sabe. Pareciese que todos esos boletos son solo más que juguetes para tranquilizar a los viajeros de la aventura que es subirse ahí. Hubo una vez en que yo podía subir, veras no siempre fui un saco de huesos para cobrar deudas con las que nacemos, una vez yo pude subir a un tren de estos. Curiosamente en esta misma puerta, los vagones de primera clase con el mejor servicio y una tranquila comodidad. Casi todos los viajes son muy largos y la gente ahí crea su mundo, trabajan, hablan, comen, rezan, bailan, etc. En pocas palabras viven esperando a que el tren llegue y si pasa mucho tiempo el destino vale muy poco, solo quieren que exista uno al final del día. Quienes aprovechan el encierro en la maquinaria encuentran compañía que tal vez decida bajarse junto a ellos y otros se topan con quienes prefieren alejarse, pero no importa la situación el tren sigue andando y perdiéndose en los paisajes. Yo cuando subí pensé que por estar en primera clase tendría la mejor vista de todas, después me di cuenta que no importaba el vagón en el tren, todos teníamos el mismo panorama. En conclusión te voy a dar un consejo muchacho, no te la pases pensando en la dirección de las vías del tren todo el momento, todos los trenes llevan a algún lado y poco podemos controlar de su velocidad y sus carriles, porque el día que bajes a la estación y te topes conmigo más vale que no quepa arrepentimiento en las valijas que llevas en tu alma. Y ahora que el silbato suena a lo lejos, me despido de ti y suerte te deseo en tu viaje para que en el danzón que te garantiza tu boleto encuentres algo más que solo una estación para alcanzar.

Las Hebras de mi Bufanda

 

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       Suaves y coloridas se abrazan las hebras de mi estambre para formar una bufanda. Parecen contar una historia cada vez que con mis dedos las empujo hacia abajo enfilándolas con las otras.  Sí, seguro están relatando algo, se percibe en el aire cada murmuro que sueltan. La amarilla entre sus hilos lleva la esperanza de una mirada sollozante. Le sigue la violeta que con su hilaza curiosea en lo más profundo del corazón en busca  de aprobación. La roja  se deja llevar por los sueños y parece romperse cada vez que un silencio amenaza la habitación. Luego va la marrón, que brinca de alegría para dar promesa a las otras. Sin embargo todas colaboran, se dejan dar vueltas, empujones, pellizcos y apretadas para un mismo propósito. El deseo de ser tuyas y que enlazadas puedan brindarte lo más cercano a una caricia mía, que con su calor simulen lo más parecido posible a la calidez que le regalas a mi alma, que con la historia de amor que llevan en sus fibras logren evitar cualquier estorbo en tu sonrisa. Ojalá y ellas sean las que calmen tu codicioso afán de dejarte llevar por los hilos más obscuros para hacerte ver que ser libre es un beneficio que muchas veces se confunde con egoísmo. Quizás y sean de magia china para encantar con un hechizo de buena suerte aquel camino tan rocoso en el te has metido. Tal vez por pura casualidad los besos ocultos en ellas te recuerden a mí cada invierno en que necesites compañía. Pero ambos sabemos que ni las hebras más finas podrán convencerte de dar con conciencia y sin solicitud a un corazón que da todo y nada recibe. Jamás podrán ser tan perfectas como para enmudecer las palabras que hieren y resuenan en mi alma. Nunca serán tan lindas para asegurarme que soy más y valgo la espera. Pues por más cariño, dedicación y tiempo que les ponga, no se podrán igualar al verdadero amor y apreció que te tengo. Pero yo espero que sean lo suficiente para que las cuides  y puedan decir sin palabras lo agradable que es tener tu voz y verte todas las noches en mis sueños.

¡Feliz Navidad!, mis mejores deseos a todos.

                                                                                     J.E

Nostalgia por Ana Lucía Villegas (Ganadora del tercer lugar)

nostalgia analucia

Siempre hay alguien dentro de nosotros por Ileana Sada Velázquez (Ganadora del tercer lugar)

ileana

El verdadero hombre de luz y energía por Kavalier Himmel (ganador del segundo lugar)

 

Existencia asombrosa que recubre mis adentros,

el escalón de frialdad se cruza

cuando conoces tu porvenir.

Quien más que tú para dirigir tu destino,

enfrentar con valor el imbatible carruaje de la vida,

tirado por sus imponentes bestias del tiempo.

Ya que quien pelea a pecho con el mar sucumbe,

quien aprende a navegar se asocia con el de velo azul.

Lo mismo será con el fuego y el viento,

ya que a la tierra le pagaras con tu jaula de carbono,

de la que se alimentaran los suelos.

Más allá de tus pertenencias solo llevaras recuerdos

y la dicha de haber vivido,

como un ente verdaderamente pensante

de este vasto y bello laberinto, llamado universo…KH