El Veneno

 

 

IMG_2712

          Esa tarde en el mercado te había visto, pues te habías desecho de tus alas de ángel y tu cola de diablo para llenar un vestido ajustado y rojizo que te disfrazaba de mujer distraída oliendo las flores. Y cómo olvidar ese perfume que fue el veneno que marcó los ríos de delirio en mi cordura que mojaron las ganas de seguirte la sombra. Esa silueta iluminada únicamente por el más cálido fuego de las pasiones más efervescentes que resguardabas en tus guiños. Y te seguí hasta la plaza mayor para perderte por un ratito y después seguirte el rastro por el raspar de tus tacones que hicieron eco hasta en el oído más sordo. Pronto te acorralé en un callejón apretado y me acerqué con decisión y una sonrisa que reconoció tu belleza invitándote un par de copas en un bar muy cerca y con un regocijo esponjado aceptaste titubeando. La conversación fluyo como canto de cuna para el sol que fue a dormirse y después trajo a luna que con sus luceros nos invitó a bailar en tu departamento. Y con el ritmo de tus caderas me acobijaste los ojos para soñar que tu eras una flor desvestida y tus labios eran del color carmín que bañaban todos mis atardeceres. Pero una vez abierta mi mirada, tu sonreíste y me besaste en la mejilla agradeciendo la velada diciendo que si era tarde tu sofá me esperaba. Y aun que el reloj decía sólo media noche y mi piso estaba a dos calles, a regañadientes murmuré lo peligroso que era mi travesía de vuelta y que la oferta sonaba de maravilla. Finalmente mientras me dabas una almohada y un cobertor viejo mi mente se arrodillaba diciendo gracias a la suerte que tuve en verte y las agallas que me diste de seguirte que luego me dieron la oportunidad de robarte un beso.

No hay comentarios: