La prima ballerina

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El fulgor de las luces ilumina sus consistentes pasos que parecen con su taconeo ensordecer a la audiencia murmurando una historia con cada giro. Sus ojos se roban con insinuación a todos los presentes anunciando en silencio que ella es la prima ballerina. Lleva ya tanto tiempo poniéndose aquel vestido rojo seductor de miradas perdidas, que ya lo ha tomado de uniforme. Su cintura, trazada con la pluma más fina, le abre paso en el escenario mientras sus pies parecen hablar un lenguaje que aun siendo indescifrable todos intentan comprenderlo con tal avidez que no paran de seguirle la sombra. Ella sonríe, no necesita coreografía alguna para darse cuenta que bailar es un pecado que la iglesia ha permitido para sacudir las penas y matarlas al compás del saxofón. Pero…qué pasa cuando la música pierde su armonía, cuando la monotonía arruina el propósito de su baile, cuando la noche cae y el sonrojo en sus mejillas es sólo maquillaje. Es cuando ella disfruta más su propio espectáculo pues es cuando ella lo necesita; se vuelve dependiente de los vistazos curiosos, de los amantes que le recuerdan que la danza es musa para sus corazonadas y de los tambores que mueven su cadera sin voluntad. El carmín en sus labios se vuelve más rojo y su pelo cual ondas en el viento se dibuja acorde a un guiño escondido. Pero su parte favorita es aquella en que los aplausos se vuelven la máscara perfecta de la soledad que la asecha, ese instante en que ella ruega que la música empiece de nuevo para poder engañar a la realidad un rato y sacar de fiesta a los sueños y esperanzas que esconde en su camerino.

2 comentarios:

Aida dijo...

Que triste se ve que es su vida.
Sin otro pensar más que el baile que la distrae por un momento.

Tete.

Juliet Earth dijo...

exactamente, una prima ballerina en apuros.