Los gusanos en mi cerebro

Ya los había visto una vez en un sueño. Tragones gordos y rosados, otros verdes y azules, sin duda bastante asquerosos. Nunca pensé en verlos con mis propios ojos ya despierta, los gusanos, aquellos de mis sueños que se estaban comiendo mi cerebro ahora están regados por todas partes. Apenas los vi sentí ese macabro terror que alguna vez en un pasado hizo temblar todo mi esqueleto. Pero mi mente lo había borrado para no sufrir, aplicó una técnica de defensa a base de mentiras para esconder la melancólica memoria. Sin embargo…déjenme decirles que no estoy nada loca cuando les digo que no hay manera de librarse de estos minúsculos y grotescos animales, no la hay, si uno los aplasta vienen otros a atacar, si uno los cuida te muerden por la espalda. Y que quede claro que tampoco es de buen augurio reconocerlos y acostumbrarse pues te aseguro que ellos también son aprovechados y rendirse a la perdición sólo les abrirá la puerta a tus más profundos pesares. No cabe duda que en ese pasado perdido hubo algo que he de recordar, alguna memoria absurda pero suculenta que hizo que estos gusanos tuvieran un hambre insaciable dentro de mis añoranzas. Esos golosos se comieron todo de mí, la paciencia, el humor, la seguridad y la confianza, pero todo ha sido mi culpa, yo los he dejado pasar. Y en vez de comprarme un buen pesticida, decidí esconder a la peste en una capa de inocencia para evitarlos. Sí, por supuesto, claro que fue la inocencia lo que mi cuerpo me dio como una defensa maldita que con los años me bañó de ignorancia y me otorgó una putrefacta paranoia, sazonada con pesadillas y acompañada de una ceguera que dejo una imagen de mi en el espejo muy diferente a la que antes veía...no obstante esas alimañas algún día tendrán su merecido, la tierra se los volverá a tragar y servirán de fertilizante sus sucios desconsuelos para un dulce prado en mi vida.

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