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En un mundo de sordos


Tu la misma, ellos cambian. Ellos los mismos, tu cambias. Es acaso que la rutina se a vuelto en tu contra de un momento a otro, que la balanza ya no cae de tu lado. Tú te quejas de ellos que no te escuchan y ellos que tú no los recuerdas, egoísta. Pero como esperas que te escuchen ellos, si es un mundo de sordos y tú eres ciega y en un mundo de sordos no esperes respuesta. Como esperan ellos que tu los veas, si eres ciega y en un mundo de sordos una ciega es mas ciega por no ser escuchada.
Un día el sol brilla y los problemas entre sordos y ciega se pierden en la colina o en la cena. Pero no falta acaso que venga esa suerte y te atropelle tus logros, te quite la paz, la amistad y la cordura, perdiste la guerra, pues ese día la ciega se siente sorda y los sordos se sienten ciegos. El santuario se vuelva en la ducha y la almohada.
Y en este monopolio de sordos y ciegos, nadie gana, mas nadie pierde. Al final el que pueda conversar con un sordo y ver las estrellas con una ciega, será el único que en un mundo de sordos se escuchara y el único que la ciega, tu, escoja como compañero de películas mudas.