La cajita dorada

 

Alguna vez en este mundo hubo una noche de pena. Una noche que la gente guarda en sus suspiros y olvida en las canciones de cuna, una noche donde solamente se dieron lamentos y lagrimas, la noche en que todo mundo se odio y el amor se perdió. De pronto nace de un milagro, la caja dorada, un descubrimiento en lo más profundo de todos los bosques, una especie de caja pequeña únicamente para albergar a una persona por el tiempo que esta quisiera utilizarla como hogar. Si lo pensamos críticamente, podríamos decir que este cofre es una estupidez, pues quien entra ahí se pierde de los cantos de las aves todas las mañanas, se olvida de los colores del atardecer y pierde todo contacto con lo que alguna vez conoció. Sin embargo, la vida no es para verla con lógica si no para verla con los ojos de quien la tiene, solo así podremos observar que la caja es nada más que el utensilio más eficaz para resguardar un corazón del vendaval del destino. Pero que quede en claro que este ataúd de corazones no es un castigo, ni encierra a nadie. Es decir, quien decide usarla es bienvenido dentro y puede salir cuando este guste. Por supuesto no hay que olvidar que a la vida le encantan los trucos y las vueltas, por lo tanto a creado esta caja dorada con algún polvo invisible que se mete por los intestinos y se entierra muy dentro del cerebro volviendo el escondite una adicción para el ermitaño. ¡Se los aseguro! es toda una droga esta cajita con sus doradas paredes, uno se va acostumbrando a su olor, a la escasez de espacio, al poco brillo que se filtra por sus esquinas, uno se va acostumbrando a olvidar. Porque el olvido es la más dolorosa y segadora medicina para no matar al corazón con las memorias y los accidentes de un pasado lóbrego  y sin salida. Y déjenme decirles que hace calor una vez dentro, un calor de mil infiernos que te hace sudar amargura, hasta uno la saborea una vez que lleva tiempo ahí metido, la saborea por las miradas de quien se asoma por curiosidad. Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo. Pero no, ese no es el problema, una vez que llevas conociendo esta madriguera se va haciendo uno espacio, un hoyo profundo hacia abajo, si quiera para estirar las piernas, hasta llegar a un momento en donde el pánico se apodera de tu frívola existencia y de una vez por todas Dios te ilumina los sesos con la idea de “quiero salir”. ¡BAH! tontos, volteas de lado en lado y te das cuenta que cavaste tu propia entrada al inframundo y ya no ves la luz con facilidad. Ahí es donde nos encontramos, mi querido lector, o mas bien donde estoy yo. ¡Apresúrate, con más prisa, arrójame una soga! ayúdame a salir, pero no veas mi corazón en el alba pues de tanto frío el será el único que no podrá salir.

5 comentarios:

Aida dijo...

Siempre habrá alguién que te rescate aventándote una cuerda para poder salir de esta cajita que tú comentas.

Te quiere Tete.

Anónimo dijo...

Uno muere pero sigue viviendo, o en otras palabras, uno ya no es pero su corazón late aunque roto este. Y si vivir es caminar por que uno abre los ojos en la mañana, entonces esta caja si te mantiene vivo, frio pero vivo....

En que momento me escondí en mi cajita,... no me di cuenta...!!!

Juliet Earth dijo...

Todos alguna vez estamos en una cajita, pero siempre nos escondemos ahí dentro por nuestra voluntad. me sorprende anónimo que te hayas dado cuenta, hay veces en que uno vive en estas cajitas por años hasta que llega un punto donde alguien lo saca

Gorutra dijo...

el ser destrozado y volviendo frio como instinto de supervivensia, evitando ser lastimado una ves mas... verdadero sufrimiento

Juliet Earth dijo...

Exactamente Gorutra, muchas gracias.