Dibujo el cielo con los dedos

 

 

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Son las 6 de la tarde y el cuello me mata. Entró a mi habitación y me dedico a juntar 3 tiras de mi cabello y deshacer mis rizos con la palma de mi mano. Me sostengo el pelo en la trenza que me entretuve haciendo mientras me miraba con cansancio en el espejo. Lo parpados pesados se caían cada vez que el pelo se me resbalaba de la mano. Pareciera que no hubiera nadie en la casa, el cuarto totalmente silencioso, no cobró vida hasta el sonar de los violines. La música que brincaba fuera de la bocina para rebotar con los muebles y volar tras la habitación hizo vibrar los problemas a un lado. De repente mis manos comenzaron a temblar y sintiendo un cosquilleo en mi rostro se atravesó una sonrisa seguida de una que otra risa tímida mientras cerraba mis ojos. La frialdad de los acontecimientos del alba se palidecía de terror con el calor de la melodía que abrazaba mi cuerpo . Tan solo un paso fue bastó para transformar la estancia en un lienzo  oscuro  donde mis manos resaltaban alegremente. No necesité abrir los ojos para saber que en el rostro de la noche coloqué pecas centellantes y las llamé estrellas. Mientras dando una que otra pirueta  moví  con la yema de los dedos un color grisáceo cerca de la cama  para esparcir los tonos y crear un agrio algodón de azúcar que al cubrir las estrellas se quiso llamar nube. Pero como el boceto se veía aun tan lóbrego me acomodé en el suelo para tocar ligeramente un cuenco de agua y así con las ondas que le provocaban mis dedos crear un cristal tan puro y manejable solamente por estas traviesas manos.  Después,  imitando entre risas y sonrojos solitarios, los movimientos delicados del viento otoñal inventé una pálida bola gigante a la cual como toque conclusivo  agregué un resplandecer delicado parpadeando mientras la  miraraba y finalmente la empuje para que flotara y se escondiera entré el misterioso fresco que pintaba sin razón. La esfera adoptó el espacio y le murmuro el mismo viento el nombre de Luna. Sin embargo del techo empezó a granizar y las gotas de agua borraron del mapa todas mis creaciones, dejándome recostada en la pieza adormecida. Ahora mientras abro mis ojos una vez más recuerdo…se me ha olvidado estudiar para arte.

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